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Cardenal Baltazar Porras Cardozo: ¿A qué apostamos?

¿A qué apostamos?

  

La crónica menor – Cardenal Baltazar Porras Cardozo

La pandemia del coronavirus tiene al mundo de cabeza. Vemos espantados lo que ha pasado y sigue pasando en países con alto grado de desarrollo. Ni la tecnología, ni los avances hospitalarios, ni la seguridad social, ni el bienestar de sociedades con grandes recursos, tienen cómo combatir a un “enemigo invisible”, casi intangible, pero real, porque pasa como la guadaña de la muerte llevándose a quien se encuentra en su camino.

Nosotros, desnudos de casi todo, sumidos en una crisis sin precedentes, no estamos ausentes de caer en sus garras. Si hemos sufrido en estos años por las carencias de lo más elemental, cómo es que nos pavoneamos de tener dominada la situación, sin la suficiente información, sin conocimiento de los intríngulis que se manejan desde el poder, queriendo llevar el agua a su propio molino. Pareciera que no somos conscientes de que solos no vamos a buen puerto. Para que no haya sombra de dudas o malentendidos, tomo prestadas las palabras del editorial de hace meses de una revista española de pensamiento cristiano.

“Vivimos de lleno en la era del enfrentamiento. La defensa de las ideas ya no se realiza en el debate público con propuesta y argumentos, sino que el insulto y el descrédito del contrincante son las únicas y mejores armas. El ensayista francés Christian Salmon ahonda en la sociedad hiperconectada e hipermediatizada, en la que la palabra pierde todo su valor porque para “ganar” es necesario el enfrentamiento, imponer la propia verdad, la que convenga en cada momento. Esta situación provoca confusión, porque el camino de la confrontación marca el discurso mediático donde ya no hay argumentos racionales sino simplemente emociones, ideologías, sin que las personas de carne y hueso cuenten para nada.

“Ante esta situación, más que nunca, la Iglesia apuesta por la cultura del encuentro, apuesta por el diálogo desde la verdad, la razón y un marco común de referencia con un único objetivo: el bien común. Sabiendo que la imagen ideal del Papa Francisco es la del poliedro, con muchos lados formando unidad, encontramos en nuestra sociedad actual la necesidad urgente de que las diferencias se complementen, se enriquezcan y se iluminen unas a otras. Hay que salir de la dialéctica de los contrarios. Nuestra perspectiva de pensamiento tiene que superar ese enfrentamiento. Por eso, buscando la esperanza y a través del diálogo, los católicos queremos centrarnos en el bien común, la paz, la justicia y la libertad de todos los ciudadanos.

Estas reflexiones parecen adecuadas para nuestro presente. El coronavirus ha destapado, sin buscarlo, nuestras deficiencias pero también nuestros anhelos de salir de este fango. Si no apostamos todos a la gente, a los más pobres, a la periferia, a los excluidos, vamos a un caos mayor del que nos va a ser más difícil levantarnos. Apostemos a la vida, a la sensatez, a la sonrisa y la esperanza de todos. Es la oportunidad maravillosa que nos brinda esta pandemia. Que así sea.

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