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JURATE ROSALES: Descartaron a los tibios

Descartaron a los tibios

Por JURATE ROSALES

Venezuela ya no podía esperar más. La absoluta indefensión sanitaria ante una epidemia mundial, la del Corona Virus, si no se evidenció todavía en su mortífera totalidad en esos últimos días de marzo, ya no es sino una cuestión de una o dos semanas. Faltará contar, como en China, Italia, España, Francia y Estados Unidos, el creciente número de víctimas mortales de una enfermedad que, por ahora, todavía no le han encontrado la vacuna. Sin embargo, antes de que la enfermedad por ese virus Covid 19 –que es su nombre científico-, se haya apoderado de Venezuela, el tema del momento acá es el anuncio del fiscal General norteamericano, William Barr, de recompensas millonarias por apresar a una serie de los más altos personeros venezolanos y al propio Nicolás Maduro, acusados de “narcoterrorismo”.  Textualmente la acusación es por “haber participado en una asociación criminal que involucra a una organización terrorista extremadamente violenta, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en un esfuerzo por inundar Estados Unidos de cocaína”. La mayor recompensa es de hasta 15 millones de dólares por información que lleve al arresto de Nicolás  Maduro.

La decisión del gobierno de Donald Trump de encabezar con Maduro la lista de los candidatos a ser apresados, no se limita a una persona. Y la lista sigue. ¿Es este un aviso a todos ellos en un momento crítico para los venezolanos? Al saber de la noticia, me escribió una mujer que entendió inmediatamente la importancia de esa orden, la politóloga venezolana radicada en Francia, Elizabeth Burgos: “Es un golpe maestro contra los dialogueros y la Unión Europea, etc. No se puede dialogar con un wanted”.

Esa palabra wanted que todos recordamos por las películas norteamericanas de vaqueros, donde el ladrón de caballos, o el delincuente es “solicitado” (wanted) por la justicia y donde la justicia de aquel imaginario “lejano oeste” era la de castigar al delincuente, reapareció de pronto, ahora sin película ni vaquero, por la acertada interpretación que le brinda Burgos.  Los “wanted” son ahora la plana mayor del gobierno de Maduro, con él a la cabeza.

La decisión de Trump viene amparada por una larga lista de presuntos delitos fechados a partir de 2016, cada uno con sus cifras y señales. Para las personas acusadas será –o sería – muy cuesta arriba refutar la acusación que, puesta en la forma casi global como la presenta el Fiscal General de los EEUU, será de muy difícil tarea para la defensa ante un tribunal y un jurado. En la lista de los acusados figuran además de Nicolás Maduro, la plana mayor de los más allegados a él, de manera que el golpe que se les asesta es duro.

Dudo que en este caso el gobierno cubano pueda ser de mucha ayuda. Cabe recordar una vez más las diversas reacciones  del gobierno cubano a la hora de defender a sus amigos y operarios cuando éstos se encuentran en dificultades. Baste recordar el juicio del general Arnaldo Ochoa en Cuba, para tener un ejemplo de la absoluta frialdad castrista cuando consideran que quedaron al descubierto y buscan su propia defensa. (Ochoa, el héroe de Angola, fue ejecutado por orden de Fidel Castro cuando éste se dio cuenta de que la acusación del narcotráfico recaía sobre su gobierno y lo iba a perjudicar).

Lo que no hay manera de explicar, ni mucho más de entender, es la ceguera de los ahora acusados, todos ellos altísimos funcionarios venezolanos. Si exceptuamos al propio Maduro, nunca sabremos qué es lo que los obligó a dar marcha atrás  el pasado 30  de abril, cuando fue liberado el prisionero político Leopoldo López por su propio carcelero y se quedó esperando frente al aeropuerto de La Carlota que aparecieran los demás conjurados, que según el canciller norteamericano Mike Pompeo  eran el ministro de la Defensa Vladimir Padrino López y el presidente del Tribunal Supremo, Maikel Moreno. ¿Será que no querían colocar a Leopoldo López con un pie en el estribo para que posteriormente pudiese bregar una eventual presidencia ? De ser cierto lo del 30 de abril, ¿será que no entendían que esa era su última oportunidad de salir “lisos” del berenjenal delictivo que inundaba en ese mismo momento el desastre venezolano? No entiendo por qué no aprovecharon ese día la única oportunidad que el destino les brindaba. Quizás hay cosas que todavía no sabemos.

¿Qué los espera ahora, cuando todos tienen un precio por sus cabezas? ¿Por qué no aprovecharon el momento que era  el mejor indicado para pronunciarse por una Venezuela libre de presencia cubana? Supongo que esas mismas preguntas se plantearán en el futuro los historiadores.

Por ahora, la única respuesta a las interrogantes es que tuvieron su “chance” y esperaron demasiado.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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