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ROBERTO MANSILLA BLANCO: Rosneft y los dilemas rusos

Rosneft y los dilemas rusos

Por ROBERTO MANSILLA BLANCO – Corresponsal en España

La multinacional rusa Rosneft anunció fin de operaciones en Venezuela. Lo hizo poco después de que Washington pusiera precio a la cabeza de Maduro. En sentido geopolítico, ¿está Moscú abandonando a Maduro a su suerte? ¿O es una táctica dilatoria ante lo que está por venir en Venezuela?

En el Kremlin deben estar midiendo con precisión qué es lo que está por suceder en Venezuela. Una clave es la guerra de precios vía OPEP entre Rusia y Arabia Saudita, que ha llevado a una caída sustancial del precio del crudo venezolano a menos de US$ 20 el barril. Otra clave es la coyuntura actual en Venezuela, particularmente ante la presión de Washington contra el régimen de Nicolás Maduro.

Así, en Moscú comienzan a calcular con otras expectativas cuál será el futuro del régimen de Maduro y cómo quedan los intereses rusos en el país.

El pasado 28 de marzo, la multinacional energética rusa Rosneft anunciaba, de forma inesperada, un acuerdo con una empresa de propiedad “100% del Gobierno de Rusia” para vender sus participaciones y poner fin a su colaboración en todos los proyectos de Venezuela. La noticia fue publicada inmediatamente por la agencia de noticias Sputnik, perteneciente al Estado ruso.

No obstante, en esta operación no se mencionan de manera particular las dos concesiones de gas costa afuera que le fueron otorgadas a Rosneft  en 2017, siendo estas Patao y Mejillones. Tampoco se informó de la transacción de esta venta de activos de Rosneft a la otra empresa estatal rusa.

Fuentes financieras consideran que las acciones de Rosneft en la Bolsa de Moscú le dan una capitalización de mercado de unos US$40.600 millones, lo que podría valorar la transacción en US$3.900 millones.

La suspensión de actividades de Rosneft en Venezuela incluye sus participaciones en Petromonagas, Petroperijá, Boquerón, Petromiranda y Petrovictoria. Como resultado de la aplicación del acuerdo y la venta de los activos, Rosneft recibirá en el balance de una de sus sucursales un paquete del 9,6% de sus propias acciones. No obstante, no se sabe a qué empresa “100%” propiedad del Estado ruso, fueron vendidas sus participaciones en Venezuela. También debe tomarse en cuenta que la composición accionaria de la multinacional: Rosneft pertenece en algo más de 50% al gobierno ruso, pero 20% de sus acciones son de British Petroleum (BP) y 19% del fondo soberano de Qatar QIA.

La caza de Trump 

La decisión de Rosneft viene dos días después de que el Departamento de Estado de EE.UU anunciara recompensas de hasta US$ 15 millones por información que lleve al arresto o procesamiento de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros altos cargos del régimen, por narcotráfico, lavado de dinero y asociación con organizaciones terroristas.     La acusación fue realizada por el Fiscal General William Barr, así como por el Fiscal General Brian Benczkowski, de la División Criminal del Departamento de Justicia, quien será el que lleve a cabo esta acusación en EE.UU. Benczkowski es conocido por haber llevado el caso del “zar de la droga”, Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Para Moscú, el escenario en Venezuela cambió radicalmente. Pero siempre queda el recurso de la relativización sobre las razones que llevaron a esta operación. El embajador de Rusia en Venezuela, Serguéi Mélik-Bagdasárov, explicó que el anuncio realizado por Rosneft supone únicamente un traspaso de activos al Gobierno ruso y no un abandono de su apoyo a Maduro. Pero más que los activos petroleros y los beneficios económicos, detrás de la súbita decisión de Rosneft parecen prevalecer factores más bien geopolíticos.

A finales de febrero, EE.UU colocó a Rosneft en su punto de mira, aplicando sanciones a la petrolera rusa y a su filial TNK Trading International S.A por operaciones con petróleo de Venezuela. El gobierno ruso denunció esta maniobra, toda vez advirtió que las nuevas sanciones estadounidenses contra Rosneft agudizarán la crisis en las relaciones entre Moscú y Washington.

El anuncio de Rosneft de salir de Venezuela tiene un impacto geopolítico de gran envergadura en el pulso que libran Rusia y EE.UU precisamente en Venezuela. Y eso toca obviamente al Kremlin. El máximo dirigente de Rosneft, Igor Sechin, es un estrecho miembro del círculo de poder del presidente ruso Vladimir Putin. Rosneft también ha estado bajo investigación en EE.UU por su compra de acciones de Citgo, la filial de PDVSA en el mercado estadounidense. Por lo tanto, la operación de cese de actividades en Venezuela muy seguramente fue orquestada desde el Kremlin, tomando en cuenta la reciente decisión de Washington de iniciar la caza de Maduro y altos cargos de su régimen.

Esto también se enfoca en la situación financiera venezolana. Según diversas fuentes, el régimen de Maduro siempre honró sus compromisos de deuda con Rusia. En 2019, la deuda venezolana con Rosneft llegaba a US$ 1.800 millones, pero esas acreencias ya fueron saldadas. Se estima que el país destinaba un promedio de 119.000 barriles diarios a la cancelación de esa deuda.

Rosneft ha tenido un rol activo en el manejo del crudo venezolano, al punto de convertirse en su principal operador internacional en el marco de las sanciones contra el régimen de Maduro. Por ello, su inesperada salida de Venezuela y la transacción de sus acciones a otra empresa rusa puede ser una táctica efectiva para evadir las sanciones estadounidenses. Por eso, la táctica rusa con la salida de Rosneft de Venezuela buscaría persuadir a Washington para levantar las sanciones en su contra. Debe tomarse en cuenta que, durante el primer trimestre de 2020, ante el recrudecimiento de las sanciones, Rosneft no pudo sacar crudo venezolano y, en igual forma, se restringió el ingreso de cargas de combustibles y otros derivados.

El coronavirus abre puertas en Europa 

El embudo en que se ha convertido la crisis venezolana, ahora agudizada por el avance de la pandemia del coronavirus, también pareciera persuadir a Moscú a reestructurar sus prioridades geopolíticas.     En el Kremlin observan como algo muy real que, tras la caza de EE.UU a Maduro y altos cargos de su régimen recompensas mediante, la posibilidad de una operación en Venezuela tipo “Panamá 1989” no es tan descabellada. Y ello obliga a recomponer piezas en la siempre arenosa geopolítica global.

Europa surge así como una pieza clave. El deterioro en las relaciones transatlánticas entre EE.UU y Europa, el Brexit y la pandemia del coronavirus y sus avances en Italia y España, abre una nueva ventana de oportunidades para el Kremlin.

Esta semana, Rusia envió a Italia un total de 14 aviones de la Fuerza Aérea con expertos militares y sanitarios para combatir el coronavirus. Anteriormente, China también había enviado expertos y material sanitario para combatir la pandemia.

La cooperación rusa en Italia puede suponer un punto de inflexión que obligue a Rusia, hasta ahora menos afectada por el coronavirus, a abrir una nueva etapa en sus relaciones con Europa. Ello puede llevar a una debilitada y dividida Unión Europea a atender con mayor interés un cambio en sus relaciones con Rusia más favorable a los intereses del Kremlin, en particular poner fin a las sanciones iniciadas con la crisis de Crimea de 2014.

A pesar de la cuarentena y las restricciones actuales de viaje, existen otros factores de peso. Europa consume casi un 40% del gas natural y el petróleo proveniente de Rusia. La oligarquía y las clases medias rusas suelen observar a Europa como un destino turístico y de negocios. Si bien esto se verá ralentizado con la crisis económica post-coronavirus, una vez se logre neutralizar y normalizar la situación, Rusia espera observar una nueva postura por parte de Europa, que la aleje de los imperativos estratégicos atlantistas vía EE.UU y la OTAN.

El deterioro de relaciones entre EE.UU y Europa debido al coronavirus, mucho más visible con la decisión de Trump de suspender los vuelos con Europa, es un ejemplo sintomático de lo que Rusia, y también China, están manejando con respecto a Europa: progresivamente, alejarla del ámbito de interés atlantista con Washington para acercarla al eje euroasiático ruso-chino. Esto abre otra perspectiva con respecto a Venezuela, en la cual el Kremlin comienza a convencerse de que Washington tiene las cartas echadas en torno al futuro del régimen de Maduro. Y esto muy probablemente persuadió a la inesperada decisión de Rosneft de suspender sus operaciones en Venezuela.

Rusia seguirá apoyando oficialmente a Maduro. Pero este apoyo ya será más ceremonial que efectivo. Rosneft era el salvavidas financiero del régimen de Maduro. Su salida de Venezuela abre más interrogantes que certezas. Pero desde el exterior sigue siendo un misterio qué es lo que se cuece en los salones del Kremlin.

 

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