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ALFREDO MICHELENA: El “pranato” madurista vs los “marines”

 El “pranato” madurista vs los “marines”

 

Por ALFREDO MICHELENA

En menos de una semana, la administración Trump ha ejecutado dos acciones contundentes: las acusaciones a Maduro y a otros 14 funcionarios de su gobierno, incluyendo recompensas por su captura; y una operación antinarcóticos sin precedentes en el Caribe en la que se señala al régimen de Maduro como objetivo de la misma. Ellas abren otra arista importante, la policial, en la lucha por la democracia en Venezuela.

El presidente norteamericano Donald Trump, desde el principio, ha querido resolver el problema de Venezuela de una manera rápida, aplicando la fuerza que el país del norte posee.  Está documentado que fue su propio entorno el que una y otra vez se lo impidió, además de que nuestros vecinos latinoamericanos -incluso los europeos- no vieron, ni ven una acción militar unilateral de EE.UU. de manera favorable.

Para algunos, las responsabilidades recaen en el gobierno interino que no llamó a la invasión. ¡Pamplinas! Ni esa decisión depende de Juan Guaidó, ni EE.UU. la necesita. Y para ser más preciso, los responsables estadounidenses del tema lo han dejado muy claro.

En estos casi cuatro años de la administración Trump, la política estadounidense hacia Venezuela ha cambiado radicalmente. Mientras Obama buscaba una “entente”, una forma de convivir con el régimen, Trump se ha propuesto acabar con él.  Solo que limitado por las circunstancias ha tenido que hacerlo de una manera progresiva, sin dejar que fuera agresiva en su esencia.

Así, gradualmente, hemos pasado de las forzadas sanciones individuales puestas por Obama –recordemos cuánto costó para que Obama las impusiera-  a la operación antinarcóticos más grande en el Caribe, con un despliegue nunca visto de poderío militar en alianza y con la participación de 20 países, frente a las costas venezolanas.

EE.UU., el Grupo de Lima, la Unión Europea y muchos otros países (60) han tomado diferentes medidas contra el régimen, que pareciera seguir incólume. Hay muchas críticas a lo hecho, pues para un país que se derrumba solo la solución final le importa.

Por esto, en el anuncio de esta operación antinarcóticos, muchos han visto la posibilidad de una invasión norteamericana y en realidad ella siempre ha sido posible, pues  no existen fuerzas internas ni externas que la puedan detener. Pero eso no está planteado. No habrá “marines” asaltando Miraflores o el Fuerte Tiuna. Eso tendremos que hacerlo nosotros si se presenta el caso.

Para otros, esta es una acción de intimidación, una manera de decirle al “pranato” madurista que el país más poderoso del mundo puede imponerse fácilmente, aunque Maduro y Padrino griten a cada rato que están preparados y dispuestos a enfrentarlo. Sin embargo, a manera de chiste cruel, porque trágicamente lo fue, en un muy reciente “enfrentamiento” de un barco de turismo (considerado hostil por el régimen) con un buque patrulla de Venezuela, este último terminó hundido. ¡Qué nivel de incompetencia!

Como hemos argumentado una y otra vez, apuntar al componente delictivo del régimen es un cambio fundamental, pues ataca  el componente vital: el delincuencial, que se ha apoderado del régimen y lo ha convertido en un “pranato”.  El primer paso de esta aproximación, básicamente policial, fue la acusación penal contra Maduro y la plana mayor del pranato con  su designación como el capo del Cartel de los Soles y las recompensas puestas sobre sus cabezas.

Inmediatamente fue lanzada esta “reforzada” operación antinarcóticos, que tiene como objetivo concreto cortar (o al menos debilitar) las rutas de tráfico de estupefacientes y otras mercancías que se trafican ilegalmente como oro y diamantes, hacia el norte y Europa. Esto, sin duda, tendrá un impacto importante en un país que ahora ni siquiera puede contar con su producción petrolera para mantenerse en pie. Pero habría que ir más allá, golpeando el lavado de dólares, el trasiego de armas y personas, en fin un ataque contra el crimen trasnacional que ha anidado en Venezuela, con el fin de crear las condiciones para una ruptura del bloque en el poder.  Pero esa ruptura debe ser interna y en eso debemos seguir luchando.

El régimen se debilita, pero si nosotros estamos más débiles que él por nuestras divisiones y pequeñeces, el cambio tardará más.

En este contexto es necesario empujar el “marco para una transición” presentado por EE.UU. como hoja de ruta para salir del régimen -ojo, hay que aclarar que esta propuesta es la misma que llevó el gobierno de Guaidó a las negociaciones de Oslo- y que está apoyada por decenas de países.  La lucha sigue. Rendirse no es una opción.

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