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FRANCISCO POLEO: El petróleo se va al abismo y no hay red ni paracaídas

El petróleo se va al abismo y no hay red ni paracaídas

 

Por FRANCISCO POLEO

Lo impensable: colapsó el precio del petróleo. O… No… No colapsó. Se hundió.

Si usted ha estado como hemos estado todos durante esta cuarentena, pegados de las noticias, seguramente ya lo sabe. Pero, ¿por qué pasó? ¿Qué significa? ¿Cuáles serán las consecuencias para la economía mundial  revolcada por el coronavirus, y especialmente para Venezuela, un país que está en la miseria y que para lo indispensable depende del ingreso que de un día para otro se le esfuma?

Debido a la pandemia del COVID-19 la oferta supera con creces a la demanda en un mundo paralizado por la cuarentena global. Apenas hay aviones en el aire ni automóviles en las calles. Las máquinas industriales están paradas en alto porcentaje. Lo agradece el medio ambiente, lo aborrece el mercado. Entonces, ¿por qué no parar la producción de petróleo como han hecho otras industrias? Porque la industria petrolera no puede parar, debido a una mezcla de imperiosas razones, como la de mantener las cuotas de un mercado cuyos compromisos son sagrados, y evitar los enormes costos de parar y luego reactivar desde cero cada pozo que dejó de trabajar, costos que terminarán siendo mayores que los de vender a pérdida… siempre que sea por poco tiempo.

Veamos la literatura necesaria para entender este barullo. Los contratos petroleros están anclados a una fecha precisa, mes a mes. Cerca de la fecha de expiración de un contrato, el precio suele converger con el precio físico del petróleo, porque los compradores finales de esos contratos no son los especuladores sino entidades como refinerías o aerolíneas. Aunque algunas personas se dediquen a especular con esos contratos, la mayoría está comprando y vendiendo porque realmente necesita esa materia prima. Cada mes, cuando se acerca la fecha de vencimiento de los contratos, se empiezan a comprar los contratos a futuro del próximo mes, y así sucesivamente.

El tipo de petróleo cuyo precio se precipitó al abismo este lunes 20 de abril fue el indicador West Texas Intermediate (WTI), crudo ligero que se extrae en los pozos estadounidenses, sobre todo en Texas, Louisiana y Dakota del Norte. No fueron afectados los indicadores Brent -explotado en el Mar del Norte europeo- y la cesta de la OPEP -Arabia Saudita, Argelia, Angola, Ecuador, Gabón, Irán, Irak, Kuwait, Libia, Nigeria, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Venezuela-, pero lo serán cuando les llegue su expiración mensual, dentro de pocos días.

Los contratos del WTI que se desplomaron más del 100 % este 20 de abril son los correspondientes a mayo, y vencieron este martes a las 2:30 pm, hora del Este de Estados Unidos. Con el mundo paralizado y los tanques de almacenamiento a tope, no hay demanda para ese petróleo ni la habrá hasta que el mundo se reactive, lo cual no ocurrirá de un día para otro. Si la pandemia no cede, lo cual no está previsto hasta quizás julio, la tragedia de los productores de petróleo se extenderá. Tendrán que pagar para deshacerse de los barriles almacenados y de los que están condenados a producir. Este angustioso remate les costará hasta 30 dólares por barril, a lo cual sumarán lo que costó producirlo, y esa será la pérdida por barril. Los árabes, los americanos y Europa del Norte podrán afrontarlo. Tienen una gerencia previsiva, reservas en efectivo y crédito para cualquier emergencia. Pero Venezuela, que apenas tiene para comer y nadie le presta un centavo más, ¿qué podrá hacer?

En junio los contratos estaban pagando 21.04$ al cierre del mercado, lo que permite esperan que  el petróleo puede rebotar hacia los 20$ por barril. Pero eso depende de que el mundo se normalice el mes que viene, mayo. Mientras tanto, no hay dónde guardar tanto petróleo, por lo que una posible hoja de ruta incluye pasar primero por una drástica reducción de la producción y luego el horror: cerrar pozos.

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