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JURATE ROSALES: Las plagas de Egipto

Las plagas de Egipto 

 

Por JURATE ROSALES

No me pregunten por qué los precios de los alimentos básicos casi se duplicaron en Caracas entre el 20 de marzo  y el 15 de abril, o sea en menos de un mes.  Lo cierto es que han sido las proteínas las que dejaron de ser accesibles a los pocos compradores que todavía habían podido adquirirlas el mes pasado.

Cito los precios recogidos en Caracas por Efecto Cocuyo, uno de los portales que nunca han engañado. Dos pollos (6 Kg) que  costaban en marzo  Bs. 838.800 pasaron en 15 días a 1.548.000. Un cartón de huevos saltó de 290.000 a 620.000. (Seguimos hablando de  los bolívares que ni sé cómo llamarlos después de las tantas veces en que los han devaluado y los disfrazaban cambiándoles el nombre  que si soberano, que si fuerte, y en fin de cuentas, en la calle siguen llamándolos “bolívar” pese a que en esos bolívares el sueldo mensual es ahora equivalente a  3 dólares, -repito- tres dólares por un mes de trabajo.)

Volvamos a los precios de esta semana. Cabe recordar que el pollo y los huevos eran el último recurso de proteínas animales que le quedaban al venezolano, puesto que el resto estaba completamente fuera de alcance, que ni soñando.

El kilo de queso blanco duro subió 23 % y se ubicó en 428.000 bolívares; el kilo de mortadela aumentó 19 %, vale 249.900 bolívares; un kilo de boloña pimentón está en 355.000  bolívares, 13 % más caro que la semana anterior. El kilo de queso tipo paisa es el producto de charcutería que registró el menor porcentaje de aumento, 11 %.

Un kilo de carne molida cuesta alrededor de 500.000 bolívares, 124 % más de lo que costaba hace un mes que era  220.000 bolívares. Por cierto, en la sección de charcutería, un kilo de jamón de espalda está en 599.900 bolívares, 58 % más de lo que se registró hace dos semanas.

La caraota negra dio un salto fenomenal: 2 Kg que costaban hace 15 días Bs 100.000, cuestan ahora Bs 400.000. Otra fuente de proteínas que pasó a ser inaccesible.

Pienso en los niños que hasta hace poco hurgaban en la basura en busca de algo para comer y que por manadas esperaban los restos que arrojaban los restaurantes en Caracas. Ellos perdieron hasta ese último recurso. Todos los restaurantes están cerrados por la endemia del coronavirus. ¿Qué pasará ahora con estos niños? Ya no se les ve en las calles debido a que por el “corona” está restringida la circulación de la gente.

Hablemos pues, de ese coronavirus, que nos cayó como la décima  plaga de Egipto, después de las que ya padecíamos. En un país donde un alto porcentaje de vendedores ambulantes viven de lo que reúnen durante el día, desde que el empleo ha sido destruido por 20 años del “chavismo”, las llamadas restricciones para combatir la epidemia son imposibles de imponer. Lo que le queda al ciudadano es permanecer en casa y morir de hambre, o desafiar la cuarentena y “rebuscarse” en la calle un sustento. La imposición de no circular parece haber servido a las llamadas “fuerzas del orden”, para disfrazarlas de una indumentaria que debía servir a los médicos de protección del virus  y fue distribuida a los militares. Será para matraquear a cada transeúnte.

El inmenso vacío creado por dos décadas de destrucción de un país que en 1999 había estado entre los más ricos, cultos  y adelantados del subcontinente, nunca antes había mostrado su trágico rostro de destrucción en todos los campos como ahora, cuando la pandemia desnudó su actual incapacidad en todos los aspectos. Lo que en Europa se mide en número de camas de hospital, fallecidos por la epidemia y recuperados del virus, en Venezuela se traduce en un incremento de males que se suman, siendo el último, uno que menos se esperaba, el de las familias que huyeron del hambre y ahora se encontraron conque los países vecinos no pueden brindarles ninguna protección contra la pandemia.

Es un lastimoso, trágico y dantesco regreso a pie a una patria –la suya- que en vez de recibirlos con amparo, los hacinan en supuestas cuarentenas improvisadas en cuarteles fronterizos, sin otro refugio que  el de una continua escasez de alimentos. Ni siquiera la famosa huida de los judíos de Egipto vivió un deambular tan trágico como el de los venezolanos en este terrible año 2020, que todos recordaremos como el último eslabón de la tragedia nacional.

 

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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