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CARDENAL BALTAZAR PORRAS CARDOZO: In memoriam, Don Mario Pietroniro

In memoriam, Don Mario Pietroniro

 

La Crónica Menor – CARDENAL BALTAZAR PORRAS CARDOZO

En plena semana santa, en el día de la eucaristía, del amor infinito, jueves santo, nos dejó para ir a la pascua eterna Don Mario Pietroniro Cappiello. El último sobreviviente de los hacedores de la catedral merideña, orgullo de todos y exponente de la fe del pueblo andino. Desde mi llegada a Mérida tuve la dicha de conocer y tratar a Don Mario, custodio vigilante de la catedral pue vivía pendiente de cualquier detalle de la misma. Con su sencillez y sin afán de protagonismos, aprendí mucho de él, pues me explicaba aspectos técnicos y artísticos de su obra pictórica. Las pinturas de Iván Belsky rodeadas de la policromía de Don Mario le dan majestuosidad a la decoración de la catedral emeritense.

El genio del artista es un gusanillo que lo conduce a estar creando permanentemente. Agradezco su amistad sincera y su forma llana de expresar su musa y sus inquietudes artísticas. Amó la catedral metropolitana porque en ella está plasmado parte de su arte, en equipo con aquellos hombres que le dieron forma a este monumento, una de las mejores expresiones del arte religioso de Venezuela. El Espejo, Santa Bárbara de Mérida, Mucurubá, la capilla del Colegio San Luis, San Javier del Valle y la Azulita tienen el sello de su original manera de jugar con los colores en figuras geométricas de gran belleza. Además, en otras edificaciones civiles como las capillas de la funeraria La Inmaculada y la de algunas residencias particulares, guardan lo mejor de su creación. Dios quiera y en el tiempo sepamos conservarlas porque la falta de memoria y el desconocimiento del valor artístico se ha encargado de borrar lo que artistas de buen cuño han hecho en nuestra patria.

Don Mario nació en Santa Croce di Magliano, Provincia de Campobasso-Italia, en 1932. La vocación al arte se hace presente en la península itálica en todos los rincones de su bella geografía. En su pueblo, en la academia de los maestros Matteo y Pietro Mastrangelo aprendió y practicó con acierto la pintura decorativa que lo trajo a Venezuela en 1951. Desde el año siguiente se residencia en la Sierra Nevada merideña, con breves ausencias, pues se radicó en la capital universitaria donde levantó familia y cultivó amistades. En el rico Archivo Arquidiocesano de Mérida reposan infinidad de papeles relativos a la construcción y decoración de la catedral en la Sección 15. Es un arsenal documental todavía virgen para investigaciones de diversas ramas del saber. Papeles varios hacen referencia a Don Mario y podrán ser útiles para quienes indaguen los secretos de los años en que se levantó la catedral.

Descanse en paz, Don Mario. El color y la belleza decorativa del cielo será por toda la eternidad la mejor compañía de quien supo cantar con el pincel la trascendencia hecha cercana en el arte decorativo. Mi oración por él y por su familia que puede sentir con orgullo el trabajo de un inmigrante que supo hacerse de los nuestros y enriquecernos con lo mejor que tenía, el arte. Qepd.

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