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RAFAEL POLEO: Los buenos presidentes existen

Los buenos presidentes existen

Por RAFAEL POLEO

Este domingo en cuya noche escribo, los adecos han tenido la noble ocurrencia de recordar a Raúl Leoni el día en que, hace ciento quince años, nació ese ilustre ciudadano que entre 1964 y 1969 dio a Venezuela un gobierno respetuoso del ciudadano y la Ley, eficaz en lo administrativo y sabio en lo político.

Superada por Betancourt la turbulencia del primer período democrático, Leoni relanzó el plan para construir el país diseñado por la Revolución de Octubre, anunciado por el presidente Gallegos en su mensaje al Congreso en 1947 e iniciado por la dictadura, tan octubrista como AD, que gobernó hasta 1958.

Dio Leoni rienda suelta a la energía creativa de Leopoldo Sucre Figarella, respuesta adecuada a lo realizado por la administración de Marcos Pérez Jiménez, y, con operadores de la más alta calidad, como Gonzalo Barrios y Reinaldo Leandro Mora, terminó de aplastar la insurrección guerrillera alentada por la Unión Soviética desde Cuba, la cual había llegado a la audacia de desembarcar en la costa venezolana de Machurucuto un contingente militar bajo el mando de quien en Angola se convertiría en una leyenda, el general Ochoa.

Además de estos hechos evidentes, Leoni cumplió una tarea social intangible, creó un precedente de civilidad democrática y defendió la soberanía como no lo ha hecho ningún otro presidente venezolano. Lo intangible fue crear una atmósfera de convivencia nacional al tiempo que aplastaba el movimiento guerrillero convertido en terrorismo urbano. La normalidad del hogar honorable que formó con Carmen América Fernández, tuvo un saludable efecto de demostración en una sociedad de padres irresponsables y madres sacrificadas. El precedente de civilidad fue no apoyar, por razones que no podían ser más sólidas, la candidatura de Luis Beltrán Prieto Figueroa, líder adeco a quien le unía un afecto fraternal, y, superando presiones propias de un país poco acostumbrado a la alternación, entregar el poder a la oposición demócrata-cristiana tras un resultado electoral estrecho y discutible.

Párrafo especial merece su defensa de la soberanía, con la activación, iniciada en el gobierno de Betancourt, de una firme política de reivindicación territorial frente a Colombia y Guyana, que aún hoy pero sobre todo para aquella fecha era decir Estados Unidos y la Gran Bretaña. La ocupación del islote de Anacoco en la zona discutida con Guyana, y la operación análoga ejecutada por Pérez Jiménez en el archipiélago de Los Monjes, son el par único de reivindicaciones territoriales que Venezuela ha culminado en su dolorosa historia de humillantes amputaciones, sin posibilidad de repetición tras la actual postración del país y la desnaturalización de las Fuerzas Armadas Nacionales en las primeras dos décadas del siglo XXI.

Aún de mayor importancia fue la operación para recuperar el territorio Esequibo, episodio que por prudencia de las partes desde hace tiempo apenas se menciona. Razón suficiente para dejar aquí esta nota cuyo objeto, si tiene alguno, será el de recordar a los venezolanos que los buenos gobernantes existen, sólo que no sabemos reconocerlos cuando los vemos.

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Rafael Poleo

Director -Editor del diario El Nuevo País. Fundador de la Revista Zeta. Presidente del Grupo Editorial Poleo. Periodista. Analista político.

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