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ROBERTO MANSILLA BLANCO: España 2020 y Venezuela 2000

España 2020 y Venezuela 2000

 

Por ROBERTO MANSILLA BLANCOCorresponsal en España

En la España de hoy existe una polarización social y crispación política cada vez más intensa que recuerda la Venezuela de 2000, con los inicios del régimen chavista.

En este sentido, son cada vez más frecuentes los artículos e información en los medios de comunicación españoles estableciendo paralelismos con el régimen bolivariano, tomando en cuenta la deriva cada vez más arbitraria que está tomando el gobierno de coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

El clima de crispación social se intensifica. Y la gestión del coronavirus es el detonante, con el trasfondo de la crisis económica que está comenzando a causar estragos en España.

En las últimas semanas hemos observado la proliferación de “cacerolazos” desde Madrid hasta diversas ciudades, en balcones y calles. Los “cacerolazos” comenzaron en el elitesco barrio de Salamanca en Madrid para pasar súbitamente a la igualmente elitesca residencia del vicepresidente “podemita” Pablo Iglesias, en la zona de Galapagar, donde mantiene su chalet custodiado por la Guardia Civil. A su vez, Iglesias contestó amenazando públicamente con “escraches” en casa de líderes opositores mientras estigmatizaba las protestas como “clasistas”. A esto hay que sumar la igualmente reiterativa retórica “guerracivilista” de “fachas” (fascistas) y “rojos” (comunistas) que comienza a dominar el debate en algunos medios.

 

La calle como termómetro

Un pulso de calle se vivió hace dos semanas cuando el partido derechista  VOX convocó a una manifestación con carros y motos en Madrid y otras capitales de provincia, pidiendo la dimisión del gobierno. La convocatoria tuvo éxito y mostró la capacidad de VOX de mover la calle contra el gobierno.

Pero esto también llevó a una áspera reacción por parte de sectores “podemitas”, que repartieron circulares en Madrid pidiendo “agredir” al “fascismo que toma la calle”. Las protestas contra el gobierno de coalición han llevado incluso a que militantes “pro-gobierno” agredieran violentamente a manifestantes, intimidando al mejor estilo “círculos bolivarianos”.

Posteriormente, la derogación de la ley laboral vigente desde 2012, la alcanzó el gobierno con el apoyo de partidos radicales independentistas como el vasco Bildu, otrora tapadera política de la desaparecida ETA.

A este contexto hay que sumarle la incertidumbre del panorama económico español. Los capitales e inversionistas están casi en estado de pánico, toda vez la imagen y el riesgo-país español se ven en caída libre. La semana pasada, la multinacional japonesa Nissan anunció su cierre en Cataluña, provocando otro estallido social entre sus trabajadores.

El presidente francés Emmanuel Macron ya instó al regreso de sus activos en el exterior, en especial la multinacional de automoción PSA Citröen Peugeot, que tiene en la ciudad de Vigo, en Galicia, a su principal fábrica en el exterior.

El clima se presume de tensión in crescendo. Acorralados por la gestión del coronavirus, mientras caen los índices de muertos y contagiados y se aceleran las fases de desescalada para volver a la normalidad, el gobierno intenta recomponer las piezas en un tablero socioeconómico crítico. Se nota un crecimiento de percepción en diversos sectores de la sociedad española de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias esconden más bien un proyecto de poder. Por ahora, parece una coalición “por conveniencia”. El COVID 19 los ha unido, al menos circunstancialmente.

Se multiplican las voces con denuncias de engaño y manipulación en un gobierno apoyado por medios “oficiales” y aquellos que, siendo privados, como el canal La Sexta, son manejados por periodistas afectos al “nouveau régime” de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. La coalición “socio-comunista”, como la llaman en algunos medios y sectores, parece encaminarse hacia el populismo. Esta semana, Iglesias anunció la aplicación de una “renta mínima básica” de más de 600 euros para familias afectadas por la crisis. Muchos ven en esa medida un ardid de carácter electorero y clientelar. Por ahora, el gobierno no parece ver salida al mercado laboral y la reactivación del empleo. Incluso, se observan fisuras internas. Iglesias quiere dar el golpe político alejando del centro de decisión del gobierno a la ministra de Economía, Nadia Calviño, quien es la que tiene que responder ante la Unión Europea sobre los planes económicos españoles. Esta preponderancia cabalgante de Iglesias genera malestar en el seno del PSOE.

 

El control de los organismos de seguridad

Los paralelismos con Venezuela siguen siendo notorios ahora con la crisis activada por el gobierno con la Guardia Civil. Y para ello, hay reminiscencias con el chavismo.

En noviembre de 2002, Hugo Chávez ordenó la intervención de la entonces Policía Metropolitana (PM), en ese momento bajo la autoridad del alcalde de Caracas, Alfredo Peña, convertido en acérrimo opositor al chavismo. La situación se degradó a tal punto que, en unas horas, la PM llegó a tener hasta dos directores, cada uno nombrado por Chávez y Peña, en un evidente pulso político que devino, con el paso del tiempo, en el control absoluto del régimen de todos los organismos policiales y de seguridad del país.

El hecho trae a colación la actual situación de tensión que se vive en España entre el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska y la Guardia Civil, tras la destitución del número 2 de ese cuerpo, el coronel Pérez de los Cobos. En algunos medios se habló de “purga” de Marlaska en la Guardia Civil.

Iglesias, quien también tiene bajo su mando al Centro Nacional de Inteligencia (CNI), ya había dado muestras de querer cambiar el régimen de mando de la Guardia Civil, unificando su mando con el de la Policía Nacional. El objetivo sería acabar con la “estructura militar” de la Guardia Civil, y que el mando unificado pase directamente al control del gobierno.

La crisis entre el gobierno y la Guardia Civil ha provocado que la ministra de Defensa, Margarita Robles, negara en entrevista al diario El País la posibilidad de “insubordinación” militar, toda vez mostró su preocupación por el clima de “confrontación y crispación que vive la sociedad” española.

Algunos medios han reflejado la presunta existencia de un clima de malestar en altos mandos de las Fuerzas Armadas españolas por lo que consideran son “ataques frontales” por parte del gobierno. Tanto VOX como el Partido Popular se han reunido en las últimas semanas con asociaciones de militares jubilados y en activo, para mostrarle su respaldo ante lo que consideran como “ataques frontales e injustificados” del gobierno.

Del mismo modo, Iglesias ha desatado su lado más agresivo y desafiante al acusar a VOX de querer perpetrar “un golpe de Estado”, supuestamente instando a las Fuerzas Armadas españolas a la “insubordinación y rebelión”.

También recibió Iglesias fuertes acusaciones a su entorno familiar, toda vez la diputada del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, le espetó que era “hijo de un terrorista”, en referencia a su padre, Javier Iglesias, por haber formado parte del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP).

Creado en París en medio de la clandestinidad y del exilio del franquismo en la década de 1970, el FRAP fue el brazo armado del Partido Comunista Español, marxista-leninista, de corte ideológico anticapitalista y defensor de la “violencia de clases”. El FRAP fue una organización similar a los argentinos Montoneros o el peruano Sendero Luminoso. Los referentes del FRAP fueron Mao Tse-Tung y el dictador totalitario albanés Enver Hoxha. El FRAP obtenía armas y dinero de atracos a mano armada, como hacía el propio Stalin en los años previos a la revolución de 1917.

En perspectiva, el “chavismo ibérico” de Sánchez e Iglesias está instalado en La Moncloa, pero con fuerte descrédito por la gestión de la crisis del coronavirus y delicados equilibrios políticos con fuerzas extremistas e independentistas para mantener una coalición unida, al menos circunstancialmente.

En 2002, tras tres años en el poder, Chávez logró avanzar hacia el control absoluto de las instituciones del Estado y de seguridad nacional. Hoy, en 2020, el gobierno de coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, con casi cinco meses en el poder, avanza con rapidez hacia la reproducción de las mismas tácticas chavistas. A primera vista, pareciera que avanza un chavismo ibérico en acción, que corre hacia el poder total en medio de una crisis que se anuncia incierta.

Quienes lo vivimos en Venezuela, con preocupación reconocemos los síntomas.  Muchos no lo querían ver. Hoy, a algunos no les queda otro remedio que verlo. Y otros ya despertaron y están dispuestos a evitarlo. Veremos si la España de 2020 seguirá el guión de la película de terror que vive Venezuela desde 1999.

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