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ALFREDO MICHELENA: Lo que dijo y no dijo Bolton

Lo que dijo y no dijo Bolton

 

Por ALFREDO MICHELENA

John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional del gobierno de Trump, ha causado un revuelo con su libro -aún no publicado, pero que todo el mundo parece tener y haber leído-, The room where it happened: A white house memoir. Y en particular su capítulo “Venezuela Libre”.

¿Venezuela una amenaza?

Este capítulo describe las acciones y percepciones del alto gobierno trumpista sobre Venezuela, durante el par de años que el autor estuvo en su cargo. Cuando en abril de 2018 Bolton llega a su cargo, el tema Venezuela no “encabezaba sus prioridades”, nos dice. Fue Trump quien, sobre la base de la penetración de China y Rusia le dijo que no quería que EE.UU. fuera un espectador. Entonces Venezuela surge como una oportunidad de enfrentar las “amenazas externas en el hemisferio occidental” y revivir la vieja doctrina Monroe que Obama había enterrado.

Desde el comienzo afirma que “El régimen autocrático de Maduro era una amenaza debido a su conexión con Cuba y a las aperturas que le permitía a Rusia, China e Irán” y que Venezuela por sí sola también lo era. Así como que quien promovía la salida militar era el propio presidente estadounidense.

 

Sanciones vs. intervención

El texto deja claro que quien detiene a Trump y su salida de fuerza es Bolton, argumentándole que esa vía contaría con el rechazo del Congreso norteamericano y que se podía “…lograr el mismo objetivo trabajando con los oponentes de Maduro”. Lo que Bolton no señala, pues su objetivo en el libro es más denunciar los problemas del presidente y su entorno, es que tanto la Unión Europea como los países latinoamericanos reunidos en el Grupo de Lima tampoco apoyaban esta opción militar.

Pero resulta que aun siguiendo el camino no violento, aunque a todas luces interventor en varios grados, las diferencias de criterio al interior de la cúpula de la administración Trump para estos asuntos también jugaron su papel en ralentizar la toma de decisiones en relación a Venezuela. Y aunque Bolton señala a Mnuchin, secretario del Tesoro, como poco colaborador, al menos al principio, el mayor saboteo venía de la inercia de la burocracia, en este caso del Departamento de Estado. Incluso señala que la secretaria adjunta de Asuntos del Hemisferio Occidental, Kim “… Breier y su oficina intentaban subvertir nuestra política básica”. Y su política era la imposición de sanciones de una manera contundente (“shock and awe”) y no gradual como terminó siendo. A este respecto, señala que Mike Pompeo no sabía qué hacer con esa resistencia burocrática. Y se pregunta “¿Quién sabía lo que la burocracia les decía a otros gobiernos, a la fuerte presencia del think tank/lobby latinoamericano de izquierda en Washington y a los medios de comunicación”?  Por cierto, también Bolton se queja de que desde el Pentágono tampoco respondían los requerimientos de Trump sobre Venezuela.

 

Falta de coherencia

Lo interesante de este recuento es que deja muy claro que “la formación de políticas públicas”, en especial en ambientes democráticos, no es producto de un grupo de técnicos sentados en una mesa definiendo objetivos y metas, sino de las tensiones y negociaciones producto de los diferentes intereses y posiciones frente al asunto en cuestión.  Es un buen recordatorio para los que hablan de la falta de coherencia en la toma de decisiones. Los estudiosos de estos temas y los que han participado en estos procesos concuerdan en que esa requerida racionalidad y coherencia es más un desiderátum que una realidad fáctica.

Las pifias

El libro le da seguimiento a acciones muy concretas como el intento de pasar ayuda humanitaria desde Colombia y Brasil el 23 de febrero de 2019, y el pronunciamiento militar del 30 de abril. En ellos se denota que el objetivo en ambos casos era quebrar el bloque en el poder, en especial a los militares. En el primer caso se pensaba que al ver el ingreso de la ayuda internacional frente a un pueblo con falta de comida y medicinas, habría un quiebre en la Fuerzas Armadas; en el segundo, que la corrida de algunos personeros lo provocaría.

Los involucrados en lo del 30 de abril, nos dice el libro, eran Maikel Moreno, presidente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y  Vladimir  Padrino, ministro de Defensa. Ese día la información que manejaba Pompeo es que “Padrino había ido a reunirse con Guaidó para decirle que se fuera”. Como se supo eso no pasó. Tampoco el TSJ declaró a la Asamblea Constituyente ilegítima, como se esperaba. Bolton concluye que la seguridad del complot había sido violada, y en esto el papel de los cubanos fue clave. Lo que provocó que los comprometidos se echaran para atrás -si es que no era un teatro montado por el régimen y los cubanos. Bolton lo intuye. Además, agrega como razones del fracaso “la desconfianza mutua; algunos errores tácticos de la inexperta Oposición; la ausencia de cualquier asesor estadounidense sobre el terreno; y la fría y cínica presión de los cubanos y los rusos.

Los silencios

Lo que más sorprende en este capítulo es que EE.UU. parece estar moviéndose sin suficiente información de terreno, es decir sin inteligencia. Tampoco pareciera existir un equipo de análisis y seguimiento integrado –sala situacional-, o una hoja de ruta que prevea diferentes escenarios, además sabiendo de la crucial influencia rusa y china. Allí el autor habla poco de las políticas hacia estas potencias en relación a Venezuela. Quizás no se mencionan por prudencia, para no revelar más allá de lo que todo el mundo sabe por la prensa. Por otro lado, hay que entender que Bolton trata de refutar la afirmación de Trump culpándolo de las pifias en Venezuela y presenta más el caso de lo que él hace y lo que los demás no lo dejan hacer, para justificar lo sucedido. Aunque sobre el 30 de abril, sentencia: “…no se equivoquen: esta rebelión estuvo muy cerca de tener éxito”.

La clave

Bolton concluye diciendo: “Lo que ahora se interpone principalmente en el camino de liberar a Venezuela es la presencia cubana, apoyada críticamente por los recursos financieros rusos. Si las redes militares y de inteligencia de Cuba abandonaran el país, el régimen de Maduro estaría en serios problemas, probablemente terminales”.  Así pone sobre la mesa lo que debería ser el elemento clave de esta lucha: desarticular la relación Cuba-Venezuela y en especial las “redes militares y de inteligencia de Cuba”.

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