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ROBERTO MANSILLA BLANCO: Trump frente al mundo en su año reelectoral

Trump frente al mundo en su año reelectoral 

Por ROBERTO MANSILLA BLANCO 

La guerra informativa en un 2020 electoral y las “fake news” están al rojo vivo. Primero fue John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional de Trump. La semana pasada adelantó vía The Washington Post un capítulo revelador sobre Venezuela en su libro de memorias que se prevé próximamente saldrá a la venta en EE.UU. No obstante, algunas fuentes informativas argumentaron presuntas presiones desde la Casa Blanca para que el libro no se publicara.

En un fragmento de ese revelador capítulo que Bolton dedica a Venezuela, en el que relata la posición de Washington tras la proclamación de Guaidó como presidente legítimo el 23 de enero de 2019, Bolton consideró lo siguiente: “Ellos (la oposición venezolana) vieron ese momento como posiblemente su última oportunidad (…) y nosotros habíamos decidido cómo responder. ¿Sentarnos y observar? ¿O actuar? Yo no tenía ninguna duda sobre lo que deberíamos hacer”.

Bolton incluso escribió que había sugerido en octubre de 2018 a Trump que incluyera al régimen de Maduro entre los gobiernos “patrocinadores del terrorismo” y que hiciera lo mismo con Cuba, que fue removida de esa lista por la administración de Obama. No obstante, también confesó que Trump “dudaba que Maduro caería” ya que lo consideraba “muy inteligente y muy duro”. Con todo, el propio Bolton llegó a afirmar en sus memorias que “Trump aún quería una opción militar” en Venezuela, debido a la influencia de “los republicanos de Florida”.

A las revelaciones de Bolton le siguió una entrevista de Trump en el portal Axios, publicada el pasado 22 de junio, en la que se aseguraba que presuntamente Trump estaría dispuesto a reunirse con Maduro y que la decisión de elegir a Guaidó como presidente legítimo no era algo “significativo” para Washington.

Las reacciones para desmentir o “desdramatizar” esta declaración no tardaron en aparecer. Desde el equipo de la presidencia de Guaidó hasta el twitter del propio presidente Trump, así como en una rueda de prensa de su portavoz, Kayleigh McEnany, aseguraron el apoyo de Washington a Guaidó como presidente interino. No obstante, en el Twitter de Trump, si bien se menciona que la única condición con la que estaría dispuesto a reunirse con Maduro es la de “concretar su salida pacífica del poder” (en obvia respuesta a las revelaciones de Bolton en su libro), en ninguna línea de este “tweet” se menciona expresamente a Guaidó, sino más bien a la “recuperación de la libertad y la democracia en Venezuela”. Incluso algunos portales de redes sociales en EE.UU. se apresuraron a confirmar que las declaraciones de Trump en esta entrevista con Axios fueron “malinterpretadas” y además descontextualizadas. Y de allí prosiguieron todo tipo de interpretaciones de lo que dijo o no dijo.

 

El prisma electoral

Con todo, no es casual que el capítulo “liberado” por anticipación del libro de Bolton sea precisamente el de Venezuela. Existe una intencionalidad en el mismo. El 2020 es electoral en EE.UU., con comicios presidenciales en noviembre. El voto venezolano es importante, así como el cubano, y Trump cuenta con esos votos. Bolton se ha alejado radicalmente de Trump e incluso parece hacer campaña por desalojarlo de la Casa Blanca.

Pero también hay interés mediático en EE.UU. por desacreditar a Trump, a lo que ayuda la incontinencia verbal del propio presidente, toda vez algunos sectores mediáticos cuestionan decisiones como la de apoyar de forma irrestricta a Guaidó sin ver avances en Venezuela para poner fin a la que ha calificado como la “tiranía de Maduro”.

Las tentativas de desacreditar a Trump también tienen que ver con las recientes protestas raciales en EE.UU, las cuales han comenzado a menguar. Con todo, se especula con una eventual implicación “chavista” y “castrista” a través del movimiento Black Lives Matter, así como en actos vandálicos en EE.UU aprovechando las protestas.

No obstante, Trump parece retomar el control. Tiene en mente la reelección en la Casa Blanca y el pasado fin de semana ya dio su primer mitin electoral en plena pandemia. A pesar de la caída en su popularidad, no conviene menospreciar su capacidad de margen de maniobra. Trump tiene un electorado fiel y cautivo, pero el “dossier Venezuela” es un asunto delicado que debe manejar con destreza, especialmente hacia la diáspora y el lobby venezolano en EE.UU. que cuenta a su vez del apoyo en el electorado, sobre todo en los estados con diáspora venezolana.

Al menos en teoría, también este es un 2020 electoral en Venezuela. Guaidó, el presidente interino y reconocido como mandatario legítimo de Venezuela por unos 60 países, entre ellos EE.UU. presiona por unas elecciones presidenciales de facto y con garantías para salir de la usurpación. Pero lo hace en un contexto complejo y difícil, toda vez la usurpación del régimen de Maduro avanza en sus mecanismos de ilegalidad y represión.

Maduro calcula con otro esquema, más de iure, en diciembre próximo cuando tocan celebrar nuevas elecciones a la Asamblea Nacional y, por lo tanto, ansía desesperadamente sacar a Guaidó y recuperar el poder legislativo para el “chavismo”, una herramienta para avanzar hacia el poder total en Venezuela. Ya está dando pasos hacia ese fin, nombrando un nuevo CNE viciado de ilegalidad al ser nombrado por el ilegítimo TSJ. Un auténtico “Madurazo”, estilo “Fujimorazo”, toda vez descabeza vía TSJ las direcciones centrales de partidos opositores como AD, Voluntad Popular y Primero Justicia.

 

El Trump impredecible

Ante este panorama, ¿cómo debemos analizar las declaraciones, supuestamente verdaderas o descontextualizadas, de Trump sobre Venezuela? ¿Son definitivas o dejan mayor margen de análisis e interpretación? ¿Hay “fake news” intencionados detrás de estas declaraciones?

Tras casi cuatro años en la Casa Blanca, Trump ha dado muestras corrientes de ser impredecible tanto en sus declaraciones como en su visión de la política exterior, con ciertas dosis de improvisación en algunos aspectos, de falta de constancia y de tendencia a reaccionar “a la carrera”, sin aparentemente analizar con mayor profundidad el alcance de los acontecimientos.

Ejemplos sobran sobre esta actitud: Trump hoy tanto habla bien de Putin, del norcoreano Kim Jong un, del chino Xi Jinping, como mañana arremete férreamente contra todos ellos. También debe analizarse en este sentido las constantes destituciones o deserciones de altos cargos de su administración que contaban con especial incidencia en el caso venezolano, como fueron el ex secretario de Estado Rex Tillerson, el general y ex secretario de Defensa James Mattis y el propio Bolton, estos últimos considerados “halcones” y proclives a una línea más dura contra Maduro. Estas desavenencias con Trump, incluso aireadas públicamente vía Twitter presidencial, afectaron la imagen de la política de Trump sobre Venezuela.

Más allá de Venezuela, la política exterior de Trump ha reflejado estos dilemas estratégicos. Oriente Medio es una prueba de esta condición de imprevisible que tiene Trump. Aparentemente, está tratando de que Washington comience a retirar su atención geopolítica de esa región a favor de Asia-Pacífico, pero, durante su administración, ya ha bombardeado dos veces a Siria desde portaaviones en el Mediterráneo, contra objetivos del régimen de Bashar al Asad. Por cierto, un régimen, el sirio, aliado estrecho de Maduro.

Toda vez, Trump ha estrechado lazos con Israel y Arabia Saudita, rivales del eje euroasiático ruso-chino-turco-iraní establecido en Oriente Próximo tras la intervención rusa en Siria. Precisamente, Arabia Saudita ha recibido ataques de dron supuestamente provenientes de milicias hutíes aliadas de Irán dentro del conflicto en la vecina Yemen.

Por otro lado, la reciente tensión fronteriza entre India y China, que llevó a 20 soldados muertos y a la tensión más grave desde el conflicto sino-indio de 1962, tiene visos de tener algún tipo de ascendencia desde la Casa Blanca. En febrero pasado, Trump selló un estratégico acuerdo con India orientado obviamente a cercar a China y su pretendida ambición hegemónica global.

La ecuación geopolítica de Trump es en este sentido clara: romper definitivamente el eje BRICS, del cual India y China, dos potencias nucleares, han sido importantes piezas. Beijing ha sellado alianzas estratégicas con Pakistán, histórico rival indio, dentro de su proyecto de las Rutas de la Seda.

Pero hay más: Rusia quiere entrar en el terreno intentando recuperar la consistencia de un BRICS que es ya prácticamente cosa del pasado. Este 24 de junio, Putin finalmente realizó por todo lo alto el tradicional desfile de la victoria militar en la II Guerra Mundial, que no pudo hacer el pasado 9 de mayo (hizo una ofrenda testimonial) por la crisis del coronavirus. En la Plaza Roja de Moscú desfilaron una detrás de otras delegaciones militares de la India y China, un hecho aparentemente inédito toda vez Putin en su discurso clamaba por recuperar “el orden mundial” alterado por el coronavirus.

Por ello, Trump ha aprovechado el contexto para atar acuerdos militares con India y Japón, este último histórico rival chino. Australia es el otro país que entra en esta ecuación de Trump, y China también lo sabe: ha castigado a Australia con restricciones a sus exportaciones a China por las críticas australianas sobre la gestión china del coronavirus.

 

Los dilemas venezolanos

En cuanto a Venezuela, Trump ha apostado firmemente por Guaidó, al menos de manera oficial. Pero el contexto actual venezolano es un aparente callejón sin salida que alimenta todo tipo de especulaciones.

Tras año y medio del comienzo de la actual crisis en enero de 2019, Maduro sigue en el poder y ahora con una pandemia del coronavirus en ascenso, que le ha permitido reforzar sus controles vía represión. Mientras, Rusia sigue asistiendo a su régimen e Irán enviando combustible y alimentos a Venezuela.

Por tanto, y a pesar de ciertas escaramuzas de rebelión militar, no se ha verificado un quiebra institucional ni militar significativo que implique una caída del régimen de Maduro. Entretanto, los escándalos internacionales, en especial la detención de su testaferro Álex Saab en Cabo Verde, vuelven a colocar al usurpador Maduro contra las cuerdas.

Trump sabe que Saab es una pieza clave de un rompecabezas que él puede eventualmente recomponer en Venezuela para acabar con Maduro. De allí el interés por su extradición a EE.UU., razón por la que algunas informaciones aseguran haber enviado un equipo militar estadounidense al archipiélago africano. La justicia de Cabo Verde, cuyo gobierno es aliado formal de la OTAN pero que no tiene tratado de extradición con EE.UU., ya rechazó esta semana el habeas corpus a favor de Saab.

En mayo, Trump anunció una misión militar antinarcóticos en el Caribe, que coincidía con la llegada a Venezuela de los primeros buques de combustible iraní. Especulaciones aparte, no hubo acción directa de EE.UU. contra Irán en el Caribe por asistir a Venezuela, salvo medidas posteriores contra barcos y capitanes de barcos que entraron en la lista de vedados por Estados Unidos.

De modo que tendremos cuerda para rato entre lo imprevisible que es Trump y los inevitables “fake news”, a favor o en su contra, en una era cada vez más monopolizada por lo digital. No sabemos si el problema es la interpretación del mensaje por parte del receptor o si lo es por parte del emisor, en este caso Trump, quien aparentemente no se sabe “expresar bien”. O si todo esto son maniobras de distracción, en el sentido de “lo dije pero no lo dije”, en lo que Trump, ex magnate de bienes raíces, es uno de los magos que mejor sabe confundir al adversario en una mesa de negociación.

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