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ROBERTO MANSILLA BLANCO: ¿Será España la próxima “crisis griega” de Europa?

¿Será España la próxima “crisis griega” de Europa?

Por ROBERTO MANSILLA BLANCO 

Fantasmas de la crisis griega de 2010 asolan a la España postpandemia de 2020. ¿Está España siguiendo el “ejemplo griego” del rescate europeo de 2010? El país ibérico encara un crítico panorama económico. La pandemia del coronavirus ya está dejándose sentir en la economía española en este estado de “nueva normalidad” con la finalización del estado de alarma el pasado 21 de junio.

Muchos analistas y sectores influyentes de la opinión pública temen un paralelismo de la España actual con la crisis griega de 2010, cuando la Unión Europea debió impulsar un plan de rescate financiero de una economía griega en bancarrota. Y no está aún completamente claro si España tendrá que someterse a un nuevo confinamiento ante los rebrotes de contagio del COVID 19.

Esta posibilidad de rescate europeo ante la crisis económica española condiciona enormemente el devenir político del país. El gobierno de coalición izquierdista de Pedro Sánchez, líder del partido socialista español,  el PSOE,  sabe que sus apoyos políticos y su capacidad para mantener en pie la coalición gubernamental están estrechamente supeditadas a las decisiones económicas que se tracen desde Bruselas.

El radio de gravitación europeo sobre la crítica economía española de 2020 parece tener similitudes con lo vivido por Grecia en 2010. Esto puede incluso traducirse en posibles cambios políticos, si tomamos en cuenta lo que ha sucedido en Grecia.

El drama griego y el sainete español

En 2015, tras cinco años de rescate, Grecia fue a las urnas y le dio el poder al partido izquierdista Syriza, cuyo líder Alexis Tsipras se proclamaba abiertamente contrario al rescate europeo. Para PODEMOS y Pablo Iglesias, Tsipras y en especial su mentor económico Giannis Varoufakis han sido referentes clave, siendo aliados recurrentes en el espacio político europeo.

No obstante, el gobierno de Tsipras cayó en las elecciones de 2019, que devolvieron a la derecha al poder en Grecia. Tsipras se vio imposibilitado de cumplir sus promesas electorales y se sometió a las recetas europeas establecidas en las condiciones del rescate.

Este prisma comparativo tiene alguna similitud en el caso español. Pablo  Iglesias , líder del partido izquierdista y PODEMOS, parece barajar cartas políticas y electorales similares a las de Tsipras en 2015. Si esas medidas económicas europeas para la España de 2020 son tan draconianas como el caso griego de 2010, especialmente en el manejo del presupuesto público, la coalición del PSOE de Sánchez con Unidas PODEMOS (UP) podría saltar por los aires y abocar a España a la posibilidad de una nueva cita electoral.

Un momento clave sobre la consistencia de esta coalición PSOE-UP vendrá tras el verano. En septiembre y octubre, el gobierno de coalición de Sánchez deberá pactar políticamente en el Congreso de los Diputados los nuevos Presupuestos del Estado 2021. Aquí se medirá con exactitud la confianza sobre la gestión de Sánchez, bastante criticada desde el punto de vista sanitario y político por los efectos del coronavirus.

Oficialmente, se reconocen casi 30.000 muertos por el COVID 19 en España, pero diversas fuentes aseguran que son muchos más, aproximadamente otros 10.000 muertos.

La polarización política española, muy visible en un Congreso de los Diputados políticamente fragmentado y atomizado, deja a Sánchez con escasos márgenes de maniobra. Bruselas recela de las recetas económicas de su vicepresidente Pablo Iglesias y de PODEMOS, particularmente el asunto relativo a la renta básica universal. Las cuentas no cuadran para Bruselas en lo relativo a cómo España podrá asumir un gasto público elevado y expansivo en este sentido.

Por tanto, echar atrás las recetas económicas de Iglesias supondría para Sánchez la posibilidad de implosión de su coalición gubernamental, donde PODEMOS intentaría movilizar la calle en protestas que elevarían un clima político de cada vez mayor tensión, principalmente entre los extremos más duros del panorama político español, siendo éstos PODEMOS y sus aliados contra VOX, que está movilizando a un sector fuertemente reaccionario en la sociedad española.

Sánchez ha logrado pactar con el centrista Ciudadanos algunos aspectos clave sobre la regulación y finalización del estado de alarma. Esto ha acercado ciertas posiciones incluso con el opositor Partido Popular. Pero no se debe olvidar que Sánchez ha contado con pactos tácitos con formaciones políticas ideológicamente tan diferentes como el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y los independentistas de Bildu y ERC en País Vasco y Cataluña.

Esos pactos de Sánchez son frágiles y en algunos casos “contra natura” desde la perspectiva política e ideológica, dependientes de concesiones políticas en las cuales la plataforma opositora, principalmente impulsada por el PP, VOX y Ciudadanos, son acérrimamente contrarios.

La urgencia de aprobar los Presupuestos del Estado 2021 en el último trimestre del año podría obligar a Sánchez a girar sus pactos establecidos desde enero en La Moncloa, a fin de garantizar apoyos por parte de Ciudadanos y eventualmente el propio PP como una especie de garantía para la estabilidad estatal. Ello alejaría notoriamente a Sánchez de Iglesias, quien presiona por pactos con el independentista catalán ERC, algo a lo que se oponen férreamente PP y Ciudadanos.

Debe igualmente considerarse que hay calendario electoral a corto plazo. Galicia y País Vasco van a elecciones autonómicas el próximo 12 de julio. En el caso gallego se da por descontada una cuarta mayoría absoluta consecutiva para el PP de Alberto Núñez Feijoo. En el caso vasco, el PNV, socio de Sánchez, es favorito pero deberá medir el pacto PP-Ciudadanos y la presión de Bildu.

En caso de obtener otra mayoría absoluta en Galicia para eñ PP. Su líder local, Feijóo,  podría erigirse como una pieza clave para reformular el PP a nivel español, contrariando así un liderazgo de Pablo Casado que ha sido en ocasiones cuestionado. Del mismo modo, Feijóo se erige como una apuesta de sensatez, algo de lo cual carece la política española en estos momentos. Esto podría igualmente polarizar el campo político desde la derecha española.

Por tanto, para Iglesias y PODEMOS, este escenario de amplitud de pactos de Sánchez para mantenerse en el poder eventualmente desplazaría a los “podemitas” del centro de atención político, un ingrediente más que eventualmente podría condicionar la estabilidad de una coalición precaria y circunstancial.

La preocupante España postpandemia

Los augurios económicos no son precisamente óptimos. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé una contracción del 12,8 % de la economía española para este 2020. En abril, este organismo predijo que esa contracción sería cinco puntos porcentuales menos.

Sobre el desempleo, se manejan cifras entre 22 y 30 % de desocupación de la población económicamente activa, lo cual elevaría el gasto público en materia social en cuanto a asegurar las prestaciones de desempleo.

Por tanto, el impacto económico del COVID 19 ha sido más profundo de lo esperado en España. . Hace dos meses, el Banco de España estimó esta contracción entre un 6 y un 13,6 %. No obstante, se espera una recuperación leve para 2021, cuando el conjunto de la península ibérica, España y Portugal, podrían recuperar la senda del crecimiento con un 6 %.

Debe recordarse que, entre 2011 y 2017, tras el efecto de la crisis griega, Portugal también debió someterse al draconiano programa de rescate de la entonces denominada “troika”, conformada por la UE, el FMI y el Banco Mundial. Hoy, en 2020, la pandemia del COVID 19 podría volver a colocar a Portugal en esa esfera de rescate, con lo cual volvería eventualmente a la “casilla de salida” de 2011.

Ambos países ibéricos son sumamente dependientes del turismo, con el consiguiente peso del sector de servicios, en especial hostelería, y todo el circuito económico relacionado con ella, desde alimentación hasta ocio y recreación. Por tanto, las restricciones de movilización de personas y los inevitables protocolos sanitarios obviamente afectan a estos sectores clave para la economía ibérica.

Esto también se manifiesta en la relación directa entre ambos países. El cierre de fronteras dentro del espacio de la Unión Europea motivado por el coronavirus ha afectado enormemente el flujo de las relaciones económicas a nivel fronterizo entre España y Portugal, del cual dependen muchas regiones fronterizas, en especial Galicia y Extremadura con el Norte y Centro de Portugal.

El próximo 1º de julio se reabrirán totalmente las fronteras, tal y como anunciaron desde Lisboa y Madrid sus respectivos gobiernos. Pero el rebrote de contagios de coronavirus está planeando seriamente sobre la necesidad imperiosa de reapertura de las fronteras para movilizar el flujo comercial, social y cultural a nivel transfronterizo. Ya en Lisboa debieron volver al confinamiento en 19 distritos de la capital. En España observan con preocupación rebrotes en zonas del norte del país, como Huesca. No sería por tanto descartable que Madrid siga ese ejemplo lisboeta de confinamiento específico en determinados sectores urbanos.

En el caso español, existen también otros problemas. Fuentes del Banco de España aseguraron la semana pasada que la deuda del conjunto de las administraciones públicas españolas se disparó en el primer trimestre de 2020 hasta marcar un récord histórico de 1.224.161 millones de euros, lo que equivale al 98,9 % del PIB, 3,4 puntos más que en el último trimestre de 2019. De esta forma, la deuda pública marcó su máximo histórico en el primer trimestre de este año, al elevarse un 3 % en términos trimestrales y un 2,3 % interanual.

En consecuencia, el índice de deuda pública sobre el PIB escaló al 98,9 %, lo que supone 3,3 puntos porcentuales respecto a la ratio de cierre de 2019, cuando consiguió bajar y cumplir con el objetivo del 95,5 % del PIB), y representa el nivel más alto desde el tercer trimestre de 2018.

 

Europa a la expectativa

En medio de este preocupante estado político y económico, el propio Sánchez debió reconocer a mediados de junio, durante una comparecencia ante los medios en La Moncloa, que se verá necesariamente obligado a “hacer recortes” en el presupuesto. Sus palabras obviamente tenían un origen: Bruselas.

La UE impulsa un Fondo de Recuperación económica postpandemia que toca a dos “pesos pesados” como Francia e Italia. Y ello obligaría incluir a España en el paquete.

En este sentido, España se lleva una ayuda europea de 144.446 millones de euros, de los que 77.324 millones son de transferencias directas y 63.122 millones en préstamos a devolver con condiciones aparentemente asumibles. Con ello, Sánchez contará con un paraguas financiero que le permitirá, cuando menos a corto plazo, sostener las finanzas españolas ante el previsible gasto público postpandemia.

El foco está en lo que pide Bruselas a Sánchez como moneda de cambio del rescate. Son algunas medidas que tienen inmediato calado político y electoral, con los casos de retrasar la edad de jubilación, ampliar los periodos de cotización, mantener los puntos esenciales de la reforma laboral y “adelgazar” la Administración pública. Oficialmente, Sánchez parece dar la imagen de que estas medidas no le pasarán factura en caso de alguna convocatoria electoral, pero no es nada seguro que las mismas generen la confianza necesaria sobre la estabilidad de su gobierno de coalición con UP.

En Bruselas desconfían de la “lealtad” de Pablo Iglesias hacia estas recetas del rescate europeo. El problema es precisamente el vicepresidente Iglesias y UP. Su accionar en el gobierno de coalición con Sánchez ha sido poner a prueba  un clima político y social que precisamente registra una tensión in crescendo, buscando acabar con el régimen constitucional imperante desde 1978.

El problema para Iglesias es precisamente su caída en las encuestas e imagen. Se especula con que el líder de PODEMOS intente romper la coalición y retomar la calle para intentar recomponer su imagen y la de su partido. En Bruselas, como en el PP y sectores influyentes del PSOE calculan igualmente que ese será el plan de Iglesias y PODEMOS. Está por ver entonces si el rescate europeo a la España postpandemia acercará a este país al ejemplo griego vivido entre 2010 y 2019.

 

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