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Homilía por el 101 Aniversario de la muerte de José Gregorio Hernández, realizada por el Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo

Homilía en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, 101 aniversario de la muerte del Dr. José Gregorio Hernández. Iglesia de la Candelaria, 29 de junio de 2020, a cargo del Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo.

Queridos hermanos:

No puedo ocultar la emoción que siento al presidir la eucaristía en este recinto sagrado de la Parroquia Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria de Caracas, en la solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, día del Papa, y en el aniversario 101 de la muerte del Dr. José Gregorio Hernández, habiendo sido declarado beato por el Papa Francisco hace apenas diez días.

Con la oración colecta, nos llenamos de alegría porque el Señor concede a su Iglesia el mantenerse fiel a las enseñanzas de quienes nos han precedido en la fe. Pedro y Pablo dieron su vida y ofrendaron su martirio por fidelidad a Jesús, su maestro y guía. José Gregorio entregó su existencia, cumpliendo con el mismo encargo que en Jerusalén le pidieron a Saulo y Bernabé: “que nos acordáramos de los pobres, y esto lo tomó muy a pecho”. Por eso son para nosotros pilares sólidos que consolidan nuestra fe, animan nuestra esperanza y nos hacen más diligentes en el cumplimiento del mandamiento del amor al prójimo.

Hoy, oramos de manera especial por el Papa Francisco. Sobre sus espaldas recae el ministerio de apacentar y consolar a su pueblo, que no es otro que el mundo entero, porque su misión no va dirigida únicamente a los bautizados, sino a la humanidad entera, porque su predicación es para edificar el reino de Dios en la tierra, del cual la Iglesia debe ser, espejo fiel, sacramento visible del amor de Dios al mundo. Nuestra misión es ser discípulos y misioneros, heraldos alegres, transidos por el sudor y el sacrificio de cada día para que construyamos un mundo más equitativo y justo.

Ante los restos mortales, elevados hoy a la gloria, de nuestro queridísimo José Gregorio, vemos en él, el testimonio cercano, posible, auténtico de lo que nosotros anhelamos y podemos ser. En medio de esta pandemia y de la crisis global que padecemos tenemos que ser sembradores de la esperanza que transforma el odio en amor, la división en trabajo común solidario, la desesperanza en fuerza gozosa, porque “el Señor nos seguirá librando de todos los peligros y nos llevará sanos y salvos a su reino celestial”, como le dice Pablo a su querido Timoteo.

Hoy, es ocasión propicia para renovar nuestra vocación de seguidores del Señor Jesús porque Él nos libra de todos nuestros temores como hemos repetido en el salmo responsorial. No podemos cesar de alabarlo a toda hora, ya que cuando acudimos a Él, nos hace caso y nos libra de todas nuestras angustias.

Con gran alegría, anuncio aquí hoy, la elevación de este vetusto templo de La Candelaria a Santuario Diocesano, ya que desde hace tiempo, pero ahora más, será lugar de peregrinación a los pies del sarcófago donde reposan los restos de nuestro médico, santo porque ya goza en plenitud de la compañía de la Trinidad y de María, madre suya y madre nuestra.

Gracias a todo el pueblo venezolano que se ha volcado con entusiasmo, creatividad y fe, a prepararse para hacer de la beatificación de José Gregorio, un momento de gracia que nos acerque a la paz y la convivencia fraterna de los que habitamos esta tierra de gracia. Que así sea.

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