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ALFREDO MICHELENA: Maduro hacia la dictadura perfecta

Maduro hacia la dictadura perfecta

Por Alfredo Michelena

El régimen de Maduro se enfila a consolidar la “dictadura perfecta”, donde los medios y los actores electorales son manejados por el Estado. Eso lo sabe el mundo democrático y le ha advertido que no reconocerá las próximas elecciones legislativas. Pero ¿eso les importa?

Fue Vargas Llosa quien acuñó aquello de “la dictadura perfecta”, refiriéndose a México.  Casi un siglo eligiendo al mismo partido político. Un partido revolucionario que tuvo el tupé de convertirse en Partido de la Revolución Institucional. Revolución e institucionalización dos conceptos incompatibles. En otras palabras si te institucionalizas no eres una revolución; sin duda por estos lados impera el realismo mágico.

Los avances opositores

La política de la oposición venezolana de ir ganado terreno en el plano político que reinó con sus bemoles  desde 2005, cuando comprobaron que retirarse de las elecciones parlamentarias no cambió sino para peor, tuvo su zenit en 2015 con la conquista del parlamento criollo.

Fue a partir de esa conquista que las cosas comenzaron a cambiar radicalmente en el mundo internacional e incluso nacional. En lo internacional se comenzó a configurar una alianza de países por una Venezuela democrática, en la región alrededor del Grupo de Lima  y luego en Europa con la Unión Europea; a lo que se sumó el triunfo de Donald Trump en 2016. El régimen de Maduro había perdido la iniciativa internacional. Y con la creación de un gobierno interino, a raíz las amañadas elecciones presidenciales de 2018 no reconocidas por casi 60 países , este gobierno interino  avanzó posiciones en el mundo, con embajadas en una veintena de países y acceso a organismos internacionales, al menos en el continente.

Estancamiento

En lo doméstico las luchas callejeras de 2017, que no produjeron cambios significativos al interior del bloque en el poder, movilizaron a una población que al no conseguir el objetivo de “Maduro vete ya” se desilusionaron. Esto sumado al vertiginoso aumento de la pobreza, producto del empeño del régimen de estatizar la economía, derivó en una estampida migratoria que impactó y espantó al continente.

2020 ha sido un año lleno de intentos fallidos, desde el amago de meter ayuda humanitaria por Cúcuta hasta el pronunciamiento militar del 30 de mayo, pasando por la incursión de Macuto y Choroní.

Ahora, las críticas al gobierno de Guaidó se apilan en el monte de los esperpentos. Los analistas correctamente señalan las políticas erradas que se han ejecutado frente a un objetivo compartido que es el derrumbe del pranato, y agregan que éste se sigue fortaleciendo. Explicar porque una política falló es más fácil que proponer una que funcione.  Es la diferencia entre los académicos y los políticos.

El adversario aprende

Por su parte, el pranato madurista  también aprendió que no puede ir a unas elecciones sin el control de los mecanismos electorales ya que sabe que no tiene ni remotamente una mayoría de votos.  Por esto las recientes acciones de nombrar inconstitucionalmente la directiva del CNE y de los partidos más importantes de la oposición, utilizando para ello a  gente favorable al régimen.

Por otra parte, Maduro y su combo han seguido con su política de resistir numantinamente – claro que el hambre y la mengua no la sufren ellos ni su familia –  y han basado su estrategia en dos pilares: demoler al liderazgo de la oposición, y así medrar en su capacidad de organización y movilización,  y asegurar apoyo internacional para resistir el avance internacional de la oposición.  Sobre lo primero baste decir que han pasado por el trapiche a Leopoldo López, Ramos Allup, Julio Borges, Henrique Capriles y a Manuel Rosales, y van por Guaido, para solo nombrar algunos.  Lo segundo lo han logrado vendiendo el alma y el cuerpo de la patria a Rusia, China, Irán, entre otros países con gobiernos no-democráticos y por supuesto a Cuba.

Democracias vs dictaduras

 De poco sirve que la mayoría de los países democráticos estén con Guaidó pues la mayoría de los gobiernos del mundo no son democráticos. Según el ‘Índice de Democracia 2019’ que publica The Economist, solo hay 22 países que son totalmente democráticos,  frente a 54 frágiles, 37 híbridos y 54 regímenes autoritarios.

De nada sirve que gritemos que estamos en dictadura y que se nos están violando los derechos humanos, si gobiernos dictatoriales y violadores de estos derechos son aceptados en, por ejemplo, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Y de nada servirá que la OEA, la Unión Europea, el Grupo de Lima y EE.UU. estén claros que las próximas elecciones parlamentarias están trucadas desde el principio y que digan que sus resultados no serán aceptados por ellos,  si esto no va acompañado de una amenaza creíble y contundente.

Ese resto del mundo, esa mayoría de países no-democráticos que recelan a occidente por querer “imponer sus” derechos humanos y “su” democracia, –  aunque todos han firmado la Carta de Naciones Unidas y los pactos de derechos humanos -, y que mantienen una posición antiimperialista, -léase anti EE.UU.- no tiene problemas en aceptar otro “régimen autoritario”.

El pranato madurista ha asegurado un mecanismo electoral eficiente a sus propósitos de mantenerse en el poder sine die.  No solo nombró la directiva del órgano electoral  y las directivas de los tres partidos políticos más importantes del país con gente que le es favorable, sino por boca de su sempiterno Ministro de Defensa dejó claro que, la “Fuerza Armada no le permitirá que la oposición llegue al poder”.

La dictadura perfecta

Luego de su derrota electoral de 2015, el régimen decidió no tomar más riesgos y se propuso institucionalizar la “revolución bolivariana” creando una “dictadura perfecta”. Tendrá el ropaje democrático – es decir con elecciones, que no eligen  y partidos opositores que no se oponen-  y republicano  con poderes “independientes” – pero sometidos-  que es lo que requiere la formalidad del mundo no-democrático,  para apoyar al pranato sin tapujos. Pero lo más grave es que también ésta “puesta en escena” puede poner a dudar a muchos de los 60 países que ahora apoyan al gobierno interino de Guaidó. Y esa duda nos puede convertir, como ellos quieren, en una “dictadura invisible” como la Cubana, es decir, una dictadura que nadie se atreve a criticar en voz alta y menos tomar acciones para combatirla. Ya probó con las elecciones regionales y presidenciales de 2018, pero ¿para qué dejar las cosas al azar electoral?

Lo que importa

Al régimen se le advirtió que así planteadas estas elecciones legislativas no serían reconocidas, pero ¿es que eso les importa? ¿Les importó que su gobierno no sea reconocido por 60 países ? No, porque el tema clave no es el reconocimiento, sino la amenaza creíble. Lo importante es lo que hará o no hará esa comunidad internacional democrática para sancionar al pranato por esta nueva grosera violación de los derechos políticos en Venezuela. ¿Seguirá la Unión Europea con sus dudas y veleidades? ¿ El Grupo de Lima pasará a realizar acciones contundentes? ¿EE.UU.  se afincará más con sus sanciones personales y económicas, e incluso irá más allá y les mostrará sus dientes  acerados? ¿Se unirá la oposición en una sola estrategia? Y más importante:  ¿los venezolanos se movilizarán para enfrentar al pranato?,  o terminarán aceptando que “al final se impondrá la razón” y  esperando al mesías se adaptarán como los cubanos en la isla.  Ya veremos

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