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JURATE ROSALES: La comparsa 

La comparsa 

Por Jurate Rosales 

Tal como se presentan las cosas, salvo que ocurra algo inesperado, a Venezuela le está tocando en este momento el rol de comparsa en un vasto espectáculo, donde los protagonistas son los principales líderes democráticos del universo, y los villanos son legión al asecho de robarse el show.

Dejando el teatro, o quizás viendo cómo se desarrolla la trama, lo que más molesta es que la comparsa en vez de conformar una presencia compacta que realce el espectáculo y le diera vigor, se desgrana con cada “comparcito” convencido de que a él le toca ser el principal actor. Lo cual terminará con la paciencia del director del espectáculo y lo obligará a sacar la comparsa del escenario porque no hace sino estorbar.

Muchas veces me he preguntado qué les impide a los venezolanos conformar una oposición disciplinada y unida. Teniendo las mayores reservas del oro negro y también mucho del amarillo, territorio apto para la agricultura, pastizales en abundancia, playas, montaña y tepuis para un excelso turismo, la minería de cualquier tipo, ríos caudalosos para generar electricidad y universidades gratuitas de alto nivel… ¿qué le pasó a ese país que lo tenía todo para vivir en la abundancia?

Acabo de ver unas cifras estremecedoras en la red: (CNN Español) —La pobreza en Venezuela alcanzó el nivel más alto en su historia según expresó el sociólogo, Luis Pedro España, durante la presentación de los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), 2019-2020 que impulsan tres de las universidades más importantes del país: la Católica Andrés Bello (UCAB), Central de Venezuela (UCV) y Simón Bolívar. Explicó que los valores que refleja el estudio realizado entre noviembre de 2019 y marzo de 2020 ubican a esta nación suramericana entre los países más empobrecidos del mundo y con mayor inestabilidad política, superando incluso a Haití y únicamente detrás de Nigeria en materia de pobreza y desigualdad. Por ende, se posiciona como el país más pobre de América Latina sobre la base de este estudio.”

Al respecto, el sociólogo que dirige la encuesta destacó que “Venezuela nunca había tenido estos niveles de pobreza… que hacen que ahora salga del contexto suramericano y que se parezca más a los niveles africanos”.

Los informes no se prestan a dudas. Se trata de un estudio que lleva muchos años presentando sus cifras que nunca tuvieron la menor duda en cuanto a su precisión y veracidad. Y son las que tenemos actualmente en Venezuela, país que siempre había sido conceptuado como un emporio de riqueza.

No vamos a perder tiempo hablando de lo nefasto que ha sido el comunismo y menos su disfraz de “socialismo del siglo XXI”, como lo nombró pomposamente el difunto Hugo Chávez. Menos hablaremos de la claramente instaurada por Cuba en Venezuela presidencia de Nicolás Maduro, exalumno y agente preparado en la «Escuela Ñico López de Formación Política» en La Habana entre 1986 y 1987 (en Zeta se han publicado fotos de cuando estudiaba en esa Escuela). En realidad, a estas alturas de la tragedia venezolana, ya poco importan las causas -lo que apremia, es cómo salir de ellas.

Es cuando aparece la comparsa improvisada por un director de un show que parece una farsa y no lo es, o por lo menos intenta que no lo fuera. Lo interesante del espectáculo es que no tiene público. A nadie le importa lo que está ocurriendo en este escenario ni creo que a la hora de la verdad importará, salvo quizás si aparece, como será probable, el triste destino final de la nueva comparsa reunida por Maduro.

¿Qué es lo que importa? En este momento, a unos seis meses de las elecciones norteamericanas donde se decidirá no menos que la presidencia Ejecutiva de la mayor potencia del Globo como lo son los Estados Unidos, entre los detalles a vigilar será si el destino de Venezuela se verá  incluido en los temas de la campaña. No habrá en eso ningún nombre venezolano, salvo el de Guaidó, pero también lo de él, sólo figurará como un señuelo para definir el camino.

Insisto: ningún nombre de algún líder venezolano tendrá importancia. Desgraciadamente, no estamos en el año 1960 cuando la opinión de un líder con la experiencia de Betancourt era consultada y oída en Washington. No sé cómo se la arreglaron los de la oposición venezolana para no haber definido desde hace años, un nombre, un señuelo claro, una autoridad indiscutible, que pueda representar a la oposición entera. E insisto en la palabra “entera” sin exclusiones que en perspectiva política e histórica sonarán a infantilismos o ceguera.

Muchas veces me he preguntado a qué se debía esa muy obvia debilidad de la oposición venezolana. Tanto así, que los Estados Unidos son los que intentan nolens volens construir una imagen que sirva de señuelo a falta de una que tenga el peso de la unidad y experiencia política. Veo que cada “líder” pescuezea por su cuenta, cuando las condiciones, elecciones de USA mediante, nunca estuvieron tan favorables y tan asombrosamente huérfanas de sentido común por parte de los propios venezolanos.

¿Qué se creían las comparsas escogidas por Maduro para “y que” servirle de puente? ¿No han comprendido qué es lo que les espera apenas para dentro de unos pocos meses? Siempre me ha sorprendido la asombrosa desinformación de muchos políticos venezolanos. La atribuía a una defectuosa enseñanza de la primaria que forjaba para toda la vida un enredo de ilusiones falseadoras del  sentido de las realidades políticas. Nuevamente lo veo explayado justo en el momento en que más hace falta unidad y comprensión e incluso un mero concepto, sí concepto aprendido desde chiquito, de las realidades.

Más todavía las veo necesarias, cuando se trata de las duras realidades políticas que terminan definiendo la felicidad o la miseria de millones de personas en toda la nación.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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