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JURATE ROSALES: Vivir de ilusiones trae consecuencias

Vivir de ilusiones trae consecuencias 

Por Jurate Rosales 

Estoy tratando de reunir las causas y posibles consecuencias de la actual situación venezolana, que superó en cuanto a destrucción todos los imaginables pronósticos. Asomo las que eran hasta hace poco también poco imaginables soluciones que –quiéranlo o no– necesariamente pasarán por una intervención posiblemente multilateral e internacional, dadas las dimensiones del desastre.  La pregunta que me planteo es cómo y porqué se llegó a tal grado de desamparo y quién o quiénes pueden sacarnos de lo que se ve en este momento un atolladero sin solución.

Ante la pregunta de cómo y porqué llegamos a tal grado de indefensión, mi muy particular teoría es que los venezolanos han sido desde aproximadamente 1959 víctimas de una equivocada mentalidad inducida por el pensum de las escuelas, que les cercenaron en su mayoría la percepción de sus propias realidades. Esto a su vez ha creado y mantiene una errónea mentalidad acerca de lo que hay que hacer y cómo, para aprovechar las inmensas riquezas naturales del país. Lo que privó durante todas esas décadas han sido ilusiones o quimeras de una riqueza de “nunca acabar” y la dilapidaron sin comprender lo que hacían.

Empiezo desde la primera causa inicial del error de percepción que, a mi juicio, se debe a la educación que fue errada desde el mismo momento en que se instauró la democracia desde el período más bendecido en la Historia patria (1959–1999). Explico: desde que empezó en Venezuela la instauración de los pensa escolares de la era democrática, una de las preocupaciones fue la de formar una nación letrada y homogénea. El empeño de crear “patria” fue tarea del Ministerio de Educación y esa tarea fue considerada una prioridad de Estado. Los pensa  fueron redactados   con esa meta, dando prioridad a todo lo que podía realzar el “sentido patrio” y dejando de lado  cualquier  consideración por los hechos reales, tan importantes para luego no equivocarse en la conducción de la nación. La asignatura de “Historia de Venezuela” y posteriormente incluso reemplazada con la incongruente denominación de “sociales” dejó a varias generaciones de venezolanos en la más absoluta ignorancia de realidades tan importantes como la evolución natural de una nación, enfocada sin disfraces demagógicos.

Hugo Chávez, hijo de un director de escuela en la provincia, fue la cúspide en cuanto al resultado de ese tipo de enseñanza y ha sido el campeón de todo lo que ella acarreaba de ilusiones y fantasías, ignorancia de las realidades, desconocimiento de que los números fuesen de banca o ingeniería e incluso de mera administración de los recursos del Estado. Como si esto fuera poco, sobre esta montaña de ilusiones y desconocimiento, a partir de 1999 se montó la absurda parafernalia de los pensa chavistas. En ese mundo donde todo era falseado e imaginado, Chávez fue campeón indiscutible de lo absurdo. No se le puede culpar: es que él ha sido el natural producto de una educación que creó ese desastre.

Hoy son pocos los venezolanos que han logrado escapar en su edad adulta al imaginario creado cuando eran niños por obra y gracia de programas escolares que desafían los conceptos de la realidad y del sentido común, lo cual terminó sellándose con otra ilusión, la de las bonanzas fuesen petroleras u auríferas. En ese mundo de engaños y eternas ilusiones,  estamos ahora –ojalá fuera el último engaño– en la estrambótica versión parlamentaria ideada por Bernabé Gutiérrez, un político cuya súbita ceguera entra precisamente en ese cuadro de eternos autoengaños.

En el momento presente y con la incongruencia del minicombo que parece dirigir el tal Bernabé en otro ensayo más de ilusiones, incluso con el delito penal de usurpación de cargo, me vuelve a llegar a la mente ese karma de los venezolanos incapaces de medir las realidades. Mientras más veo y observo, menos entiendo aquella ceguera que ni siquiera se podría explicar con un eventual afán de lucro, porque todo es ilusorio y de evidente precariedad. Hay que poseer una asombrosa ausencia del sentido de las realidades para lanzarse en una aventura donde está la desproporción entre lo que es Bernabé con sus planes, y nada menos que Trump con los suyos, lo cual ni siquiera se presta para una comparación. Calcular un porvenir en esa ecuación es absurdo.

La ruta de Trump para lo que es Venezuela -que guste o no a los venezolanos y más bien en la situación actual se ve como el salvavidas- parece trazada e incluso es de sospechar que estuviese prevista una solución venezolana en fecha definida acorde con el avance de la campaña electoral estadounidense. Sería muy sorpresivo que no fuese así dentro de los planes de una campaña electoral que se anuncia llena de obstáculos, principalmente creados por la pandemia y su consecuente desespero en la población. Lo cual, a su vez, indica que Trump tendrá que utilizar absolutamente todos los  argumentos posibles a su favor.

El estado de Florida está considerado entre los decisivos por su alto número de los llamados “colegios electorales”, donde la mayoría de los votos no necesariamente coincide con la intrincada cuenta que define “quien ganó”. No me cabe duda de que los eventuales acontecimientos de Venezuela estarán cuidadosamente cronometrados en relación al voto del estado de Florida, que en este momento sufre del recrudecimiento de la pandemia, lo que son malas noticias para Trump. De allí que el tema de Venezuela será particularmente importante en cuanto a su “timing” y su consiguiente impacto en fecha que, no me cabe duda, estará cuidadosamente calculada.

Todo esto parece haber sido ya previsto en agenda y calendario de la campaña presidencial de –no lo olviden- la mayor potencia del globo. Pero hay otro hecho que la ceguera en esa oscuridad en que parece haberse sumido Venezuela ya es incontrovertible. Es que la fórmula de América para los americanos y el apoyo a Guaidó han sido asumidos en Washington por ambos partidos –el republicano y el demócrata– lo que para ambos es ahora un tema electoral. Y en ese juego de gigantes, don Bernabé con sus amigos creo que se ve como el grillo saltarín en la película de Pinocchio. Aunque temo, que ni siquiera tiene el tamaño de un grillo.

Calculo que esos eventos darán una muy dura lección a Venezuela y a los venezolanos, forzándolos a medir los peligros del exceso de riquezas y su pésima administración. Pocas naciones cuentan con tantas ventajas naturales que sólo esperan una dirección capaz e inteligente para hacerlas prosperar. Después de tantos errores, creo que será tiempo de sentar cabeza.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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