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ALFREDO MICHELENA: Venezuela ante la titánica tarea de restituir su democracia

Venezuela ante la titánica tarea de restituir su democracia

Por ALFREDO MICHELENA

Lo que tiene que hacer la oposición en Venezuela para avanzar en pro de la restitución de la democracia es un tema muy controversial, en especial si no se tiene en cuenta que nos enfrentamos a un estado delincuencial, el llamado “pranato”, y que la lucha se enmarca en la contienda de las grandes potencias por controlar al mundo.

Partido de cuadros

La verdad es que después de más de dos décadas de luchas para salir de esta tragedia en la cual nosotros mismos, los venezolanos, nos metimos, hay que plantearse de nuevo el famoso “¿qué hacer?”.

Famoso pues es el título de un libro de Lenin que establece la estrategia triunfadora en la toma del poder en la Rusia zarista.  En él, Vladimir Illich Ulianov (Lenin) establece la necesidad de crear un partido de cuadros, tener una visión de largo alcance, pide no confiar en la espontaneidad de las masas y propone un periódico como elemento unificador de la lucha. Un trabajo colectivo y organizado,  para “asaltar al poder” cuando se den las circunstancias y en lo posible tratar de crearlas. En general, el corolario de esto es la creación de las dictaduras comunistas que reinaron – y reinan- en el mundo por decenas de años, con un gobierno estatista, centralizado y tiránico.

Acción Democrática y el Partido Comunista de Venezuela optaron por el modelo leninista de partido para enfrentar la dictadura militar de Pérez Jiménez. Luego se formaron los partidos de masas cuyo objetivo era acceder al poder por la vía electoral y alternarse en él, al menos hasta el arribo del chavismo.

Las luchas democráticas

Durante los primeros tres lustros del siglo, esta lucha por el poder en la Venezuela bajo gobierno chavista, se movió dentro de los marcos denominados democráticos. La idea de la oposición era ir aumentando su caudal electoral, a fin de ganar unas elecciones presidenciales y desalojar al castrochavismo del mando. En realidad esta estrategia fue exitosa al menos en términos de crear una fuerza electoral capaz de derrotar al régimen. Y así sucedió en las elecciones legislativas de 2015 cuando los chavistas fueron derrotados masivamente.

Pero esa derrota fue una señal muy clara para el régimen. Comprendió que la vía electoral, aún con medianas condiciones de independencia, como se venía aceptando, ya no era segura. Entonces procedió a consolidar su control electoral así como quitarle poder a las instancias conquistadas por la oposición. Por esto, la única posibilidad para los demócratas de acceder al poder por la vía electoral sería forzar unos comicios presidenciales -este es un país presidencialista- con las mínimas condiciones electorales, como sucedió en 2015. Sería por lo tanto, derrotarlos por la vía  electoral,  pues se tiene el poder del voto popular. Y así restituir la democracia en el país.

Las estrategias

Para eso se han dado las negociaciones y la presión nacional -e internacional-, como mecanismos de acceder a esas condiciones. Pero eso supondría que el chavismo esté dispuesto a aceptar la alternancia en el poder y pasar a ser oposición.  Esta es la estrategia que en general orienta la lucha doméstica en Venezuela.

El otro escenario sería que la presión de calle y/o internacional provocase la ruptura del bloque en el poder y generase una situación  de “golpe de Estado”, que a su vez nos llevaría a las elecciones. Como sabemos, ambas estrategias se han intentado en el último quinquenio, sin éxito alguno.

La cambiante realidad

Lo que ha faltado en estas aproximaciones, ha sido entender los cambios que han sucedido en Venezuela y en el mundo, que a su vez han transformado el campo de batalla para la reconquista de la democracia en Venezuela. Aquí estuvo la falla de aproximación al “¿qué hacer?”, que proponen muchos analistas y políticos.

Por ejemplo, en reciente artículo de los profesores A. Lowenthal y D. Smilde, titulado “¿Qué tiene que hacer la oposición venezolana para avanzar?, publicado en el New York Times, con el cual uno puede o no estar de acuerdo, se obvian dos puntos que son cruciales. Tan cruciales son, que estos puntos redefinen los términos de la lucha por la conquista del poder en Venezuela. Ellos son: el papel de “Venezuela en la guerra sin cuartel que el mundo libra actualmente”- copiando el título de mi último artículo – y la caracterización del Estado venezolano como un Pranato – tema sobre el cual hemos venido escribiendo hace algunos años-.

El Pranato

Aquí hay que destacar que la oposición debe enfrentar domésticamente a un Estado y a un grupo en el poder muy diferente a los ya conocidos, como el que plantean los mencionados profesores y muchos otros analistas. Actualmente, Venezuela enfrenta a un Pranato. Además de que se debe entender que esta lucha se inscribe en la rivalidad internacional entre las diferentes potencias por el control geopolítico del globo terráqueo.

Lo primero nos trae al campo de batalla antidelictivo. Hemos definido el Pranato como una constelación de grupos delincuenciales políticos, económicos, e incluso sociales y religiosos, así como bandas criminales políticas, religiosas y económicas, sean domésticas o internacionales, que hacen parte de una estructura de poder y que se articulan y son lo que sostiene al régimen madurista. Cada uno de estos grupos tiene una cierta autonomía política y financiera, pero debe articularse con el “Estado central”, es decir debe someterse a Maduro – como lo acaba de hacer el ELN colombiano, por ejemplo.  Esta constelación junto a los militares, que son parte de este tinglado, sostiene al régimen en el poder. Por eso más allá de la denuncia de estos crímenes, ligados fuertemente a la corrupción, se debe participar activamente junto a otros actores nacionales e internacionales, incluyendo fundamentalmente gobiernos, en la lucha contra estos delincuentes.

La “guerra sin restricciones”

El otro campo de lucha es el internacional y allí nos enfrentamos a enemigos muy poderosos, peligrosos y muy bien preparados, quienes una vez que han puesto “una pica en Flandes”, no están dispuestos a retroceder.

Es por esto que una política internacional dirigida sólo a proteger a los venezolanos y a los bienes de la nación en el exterior,  así como mantener la coalición de naciones a favor de la democracia en Venezuela es necesaria pero no es suficiente.

Hay que incorporarse a la lucha contra estas potencias y sus aliados, los cuales requieren que el pranato madurista subsista para ellos conseguir sus objetivos geopolíticos en las Américas. Estamos hablando de China, Rusia, Irán y otros países totalitarios, y por supuesto de Cuba. Son países que enfrentan a EE.UU. y, en general, a Occidente y a su modelo de democracia, Derechos Humanos y libre mercado. Se trata de una “guerra sin restricciones“, lo cual supone que la lucha se da en diversas áreas. Una guerra de titanes que tiene prelación frente a nuestros deseos domésticos. En la cual como dice Maquiavelo, es preferible tomar partido que mantenerse neutral.

Esa lucha es mucho más compleja que organizarse y tener un periódico, y/o avanzar, asegurar posiciones y dialogar para llegar a ciertos acuerdos y avanzar con base a la acumulación de poder. Estamos frente a un estado delincuente, un Pranato enmarcado en una “guerra sin restricciones”, entre potencias. Así de compleja es la lucha por la restitución de la democracia en Venezuela.

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