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Flor Isava, la amazona venezolana que cambió el mundo del deporte

La venezolana Flor Isava Fonseca, primera mujer junto a la finlandesa Pirjo Haggman, en integrar la asamblea del Comité Olímpico Internacional (COI), falleció el sábado 25 pasado en Caracas, a los 99 años.

“Lamentamos profundamente la partida física de Flor Isava, quien en vida escribió su nombre en la historia siendo la primera mujer en pertenecer al COI. Deja en el deporte un gran legado. Paz a su alma y fortaleza para sus seres queridos ¡Vuela Alto!”, dijo en Twitter el ministro de Deporte del régimen de Nicolás Maduro, Pedro Infante. Por su parte, el Comité Olímpico Venezolano (COV) destacó, también en Twitter, que Flor Isava “dejó una huella imborrable en la historia deportiva” no solo de su país, sino también latinoamericana.

“Es difícil pensar en una persona que haya cambiado el deporte en Venezuela para ajustarlo a los más altos estándares mundiales tanto como lo hizo Flor Isava Fonseca, la eterna dama del olimpismo”, añadió el COV.

Una intelectual prestada al deporte

Flor Isava nació en Caracas el 20 de mayo de 1921 en el seno de una familia acomodada. Su padre fue Rafael Isava Núñez, maturinés que fue una figura activa en los altos niveles de la política durante los gobiernos de López Contreras y Medina, y Dolores Fonseca, hija de uno de los médicos más importantes de la época. Casó en primera nupcias con Luis Núñez Arismend, con quien tuvo tres hijos: Astrid, Anabella y Fernando, éste último fallecido. Luego casaría con Domingo Lucca y Alfredo Laferriere.

Estudió piano, ballet, pintura y literatura en Francia y Bélgica. La Segunda Guerra Mundial la llevó a Inglaterra, donde trabajó con la Cruz Roja. Pero el deporte siempre fue una de sus actividades predilectas, aunque, entrevistada sobre su acción social y el contenido de sus exposiciones públicas dijera: “Soy una intelectual prestada al deporte, sólo que el deporte no me devolvió”.

 En la práctica del deporte comenzó por la equitación, donde obtuvo un subcampeonato en Juegos Panamericanos y sucesivamente los campeonatos y subcampeonatos nacionales de equitación, natación, tennis y golf. En 1947 fundó la Federación Venezolana de Deportes Ecuestres y poco después creó la Copa Confraternidad Amazonas, con lo que llevó el salto ecuestre a toda la región.

En 1965 se integra a la Junta Directiva del Comité Olímpico Venezolano, y cuatro años después, a los 48 años, comienza a practicar también golf, un deporte con el que llegaría a ser subcampeona nacional de dobles femeninos y dobles mixtos.

Como amazona, Isava Fonseca tuvo una brillante carrera deportiva, pero un accidente la alejó de la competición. Al COI llegó de la mano del dirigente español Juan Antonio Samaranch, quien un año después de acceder a la presidencia del Comité en 1980 puso fin a la anomalía de contar con una asamblea exclusivamente masculina y dio entrada a dos mujeres: Isava Fonseca y la finlandesa Pirjo Haggman. Häggman se vio obligada a renunciar en 1999, tras al escándalo de Salt Lake City, cuando se descubrió que su esposo había trabajado como consultor de la candidatura de la ciudad para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002, en cuya elección participó ella.

La venezolana también fue la primera mujer en acceder a la Comisión Ejecutiva del COI, en la que permaneció entre 1990 y 1994, y la primera que optó a una vicepresidencia, en 1994, en este caso sin éxito. “Falta aún mucho tiempo para que los señores del COI acepten a una mujer en ese puesto. Pero estoy satisfecha por haber cumplido el deber de abrir ese frente para las mujeres”, dijo entonces.

En las últimas décadas de su fructífera existencia Flor Isava manejó, con discreción y eficacia, una fundación por ella creada para la práctica del deporte en penales y barrios. Se sabe que de esta etapa final, vivida en su casa (Shangri La) de Caracas, realizó una obra literaria, conocida por amigos suyos pero que jamás llegó a publicar.

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