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ALFREDO MICHELENA: La importancia de posicionarse con Israel

La importancia de posicionarse con Israel

Por ALFREDO MICHELENA

Venezuela es un epicentro de confrontación entre potencias, por lo que es imposible no tomar partido. El régimen usurpador lo hace por Rusia, China, Cuba, Irán e incluso Corea del Norte. El gobierno interino de Guaidó lo hace con EE.UU. y sus aliados, en particular con Israel.

Desde hace muchos años hemos expuesto la aceleración y profundización de una confrontación geopolítica entre potencias. Uno de los epicentros de ese choque es Venezuela. Algunos se niegan a calificar esto como una segunda Guerra Fría. Afirman que lo característico de ese episodio histórico fue el enfrentamiento entre el capitalismo y el comunismo. Argumentan también que esa dicotomía se habría desvanecido con la desaparición de la Unión Soviética. Otro apunte es el acelerado proceso de desarrollo capitalista de China a pesar del Partido Comunista en el poder. Pero lo cierto es que están involucrados los mismos actores de la Guerra Fría. Se les suman otros de menor peso como Irán, Turquía y Cuba.

Multipolares

La visión cosmopolita de las relaciones internacionales que reinó, fundamentalmente, luego de la Guerra Fría, se basó en deconstruir las relaciones del poder mundial. La meta era buscar relaciones multipolares. La creación del Movimiento de los No-Alineados (NOAL) fue clave en esto. Fue creado antes de la caída de la Unión Soviética. Al ocurrir eso, este grupo que buscaba equidistancia de los dos poderes nucleares del siglo XX, progresivamente pasó a ser controlado por países que ven en EE.UU. el enemigo a derrotar. Basta recordar que sus cuatro últimos presidentes fueron los iraníes Mahmoud Ahmadinejad y Hassan Rouhani, luego Nicolás Maduro y ahora Ilham Aliyev, primer mandatario de Azerbaiyán.

Desde el comienzo, Hugo Chávez jugó a los “no-alineados”, además de a China, Rusia e Irán, entre otros países no democráticos. Más que incluirse en un grupo de países afines, era formalizar relaciones estratégicas con estas potencias, a fin de asegurar su permanencia en el poder. La cobija que lo arropaba era el discurso antiimperialista. Léase, antinorteamericano.

Cruzando la raya roja

Chávez manejó estas relaciones con mucha filigrana. Nunca pasó la raya roja que lo convertiría en amenaza para EE.UU. Jugó al filo de la navaja, incluso permitiendo la presencia en territorio venezolano de las FARC y de Hezbolah, pero hasta ahí.

Maduro, sin embargo, por torpeza o necesidad, ha cruzado la raya roja. Ha provocado al gigante americano. Ejemplo de esto es la relación con Corea del Norte. Chávez, en más de una ocasión, anunció visita a Pyongyang, pero nunca concretó. Maduro fue más allá. Primero, recibió al embajador concurrente de ese país luego de la muerte de Chávez. Después, pidió que abriera embajada en Venezuela. Ya Pyongyang le había anunciado que asistiría al régimen en cualquier confrontación militar con EE.UU. En 2018, el presidente de la Asamblea Popular de Corea del Norte visitó por primera vez a Venezuela.

Así, en septiembre de 2019, Diosdado Cabello visitó Pyongyang. Regresó diciendo -en conversación pública con Maduro- que habían acuerdos de cooperación militar y tecnológica. Esto prendió las alarmas en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El panel de expertos que da seguimiento a las sanciones contra Corea del Norte envió par de cartas al régimen de Maduro para que explicara tales acuerdos. Maduro no ha dado respuesta. Pero, como dijo Elliott Abrams, “una violación de sanciones de la ONU es una cuestión muy seria”. De comprobarse, las sanciones serían más severas e incluirían más países.

Esta semana, por otra parte, se ha conocido la intención del gobierno interino de Juan Guaidó de abrir una embajada en Israel. Hasta allí ningún problema. El zafarrancho se arma cuando se afirma que esa embajada estaría ubicada en Jerusalén. Sólo Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Vanuatu y Nauru reconocen a Jerusalén como capital de Israel por el conflicto histórico con el mundo árabe. Para el resto del mundo, la capital oficial israelí es Tel Aviv.

La reconstitución de las relaciones entre el gobierno interino de Guaidó e Israel, es un tema prioritario en este marco de enfrentamiento geopolítico mundial del que estamos hablando.

Israel es la fuerza política y militar clave que está confrontando la expansión de Irán en la región. Podría ser de mucha utilidad para combatir la presencia no solo de los iraníes en Venezuela sino de su “proxy” Hezbolá, además de otros grupos terroristas islámicos. Por otra parte, el Mossad sería de gran utilidad en esta confrontación no sólo en lo internacional, sino en lo doméstico.

La constitución de un grupo Pro-Israel marca un hito en la dirección correcta. Ha causado cierta polémica porque se alude al establecimiento de una embajada en Jerusalén, aunque por ahora sería virtual.

Una necesaria alineación

En todo caso, una embajada en Jerusalén resaltaría la posición del gobierno interino en una alineación geopolítica necesaria. Es un momento en el cual las confrontaciones entre potencias no facilitan la búsqueda de una visión cosmopolita de las relaciones internacionales.

El mensaje de alineamiento con EE.UU. e Israel en el Medio Oriente sería muy claro. Y muy diferente del asumido por los gobiernos democráticos en el pasado, donde se promovía la multipolaridad y la no alineación -aunque en realidad siempre se estuvo mucho más cerca de EE.UU. y Europa que de la Unión Soviética. Caso aparte es la participación venezolana en la OPEP, cuyos miembros son en su mayoría países árabes.

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