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ALFREDO MICHELENA: Cómo el castrochavismo infiltró las luchas sociales continentales

Cómo el castrochavismo infiltró las luchas sociales continentales

alfredo michelena

Por ALFREDO MICHELENA 

Este artículo es presentado en dos partes. La primera se refiere al proceso de expansión del castrismo y culmina con la aparición del castrochavismo con el paso de la vía armada a la electoral para la toma del poder. La segunda analiza la más reciente mutación orientada a desestabilizar los gobiernos no afines al castrismo, a través de una estrategia de “anarquismo controlado” a fin de, al menos, proteger las conquistas en Nicaragua y Venezuela.

          Parte I

          Del castrocomunismo al castrochavismo

El castrismo ha transmutado, ha usado varios sombreros, pero al final los dictadores de esa pequeña isla y sus herederos han logrado adaptarse para seguir en el poder. De hecho, han expandido su proyecto de dominación regional.

Desde que Fidel Castro llegó al poder por las armas, se propuso expandir su revolución en la región, y más allá. Algunos, como Joaquín Villalobos, argumentan que la defensa de su revolución fue lo que lo llevó a ese emprendimiento; otros analistas, como el rumano Ion Mihai Pacepa, desertor de muy alto rango de la Securitatea Statului rumana, ponen el acento en Nikita Khrushchev, “quien quería pasar a la historia como el hombre que exportó el comunismo al continente americano”. De allí que hablar de castrocomunismo implica señalar a un movimiento regional; no habría habido castrismo sin el sello y el apoyo del partido comunista soviético (PCUS). Todo esto, en el marco de la Guerra Fría, en la confrontación entre Libre Mercado y la Economía Estatizada.

          OLAS y la lucha armada

Lo cierto es que la primera orientación fidelista fue apoyar y promover la lucha armada. En su caso, le había dado resultado. Así comenzó el apoyo a los movimientos armados en el continente y más allá. Esto se concretó, en términos organizativos,  en la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) fundada en 1967 en Cuba. Fue precedida por la Conferencia Tricontinental en enero de 1966, también en La Habana, donde el Che Guevara  proponía “crear dos, tres,… muchos Vietnam”. Era la promoción de la estrategia de toma del poder por la vía armada y el planteamiento de un movimiento revolucionario articulado mundialmente.

Para los años setenta, OLAS se había prácticamente extinguido; el Ché ya era un mito y su intento revolucionario en Bolivia, un fracaso.

          El castrismo

A pesar de este fracaso organizativo, Fidel Castro se convirtió en el mecenas de los movimientos armados en la región. Cuba no era, ni ha sido, ni será rica, a pesar de que Fidel juró que 10 años después de tomar el poder Cuba sería un país desarrollado. Por ello, el mecenazgo ha sido de corte ideológico: “El santo padre de la (extrema) izquierda”. En dos aspectos, por una parte se victimizó, con aquello del “embargo”, y por otra se levantó como el gran e indoblegable luchador antiimperialista/antinorteamericano. Logró despertar simpatía no sólo la izquierda revolucionaria sino también en la centroizquierda que veía en él el luchador antiimperialista. Esto le permitió someter al pueblo cubano con la anuencia de casi toda la región.

“Durante los sesenta, setenta y ochenta, Cuba mantuvo una intensa política de entrenamiento, armamentización, influencia y control sobre los movimientos insurgentes”, nos dice Villalobos.  Y más que eso: participó activamente en incursiones armadas en varios países, incluyendo Venezuela un par de veces (Machurucuto y Falcón) y en las más masivas como la famosa “Operation Carlota”, cuando se hizo parte en la guerra de Angola (1975-1991) con 150.000 hombres. Así como en las guerras de Centroamérica donde “su papel fue fundamental para unir a los grupos insurgentes y conseguirnos armas en Vietnam, Alemania Oriental y otros países”, nos cuenta Villalobos, quien era conocido como “Comandante Atilio”.

Castrochavismo

Los noventa fueron años de cambio. Especialmente tras el derrumbe de la Unión Soviética, maná de ingresos de un régimen que ha sido un fracaso económico. Fue entonces cuando surge el Foro de San Paulo, creado junto al brasileño Lula da Silva, jefe del partido obrerista más importante de la región. La estrategia cambió hacia la conquista del poder por vías electorales. Fidel no comprendió muy bien la aventura de Salvador Allende, en el Chile de los años setenta.

La nueva estrategia comienza a tomar auge al final de esa década. El castrismo le pone la mano al militar golpista Hugo Chávez, quien conquista el poder en Venezuela y le aporta a la isla un caudal financiero inconmensurable.

La URSS proveyó entre 1960 y 1990 a Cuba con US$ 65.100 millones. Venezuela, en 20 años de chavismo, le ha entregado mucho más que eso. Se estima que sólo en petróleo, subsidió unos US$ 35.000 millones. A esto habría que agregar toda la cooperación no reembolsable, los sobreprecios y comisiones, los pagos por servicios, entre otros el de los médicos (no necesarios). Según el propio Nicolás Maduro, sólo por estos servicios se habían pagado más de US$ 250.000 millones hasta 2016, entre otras fuentes de financiamiento  a fondo perdido.

La alianza del castrismo, como política orientadora, y del chavismo, con los petrodólares de Venezuela, han conformado el castrochavismo que se disfrazó en muchos casos de socialismo del siglo XXI.

Cuba en lo internacional

El castrismo ha jugado roles aparentemente contradictorios a fin de mantener presencia e influencia internacional. Ha creado una extensa red de apoyo. Cuba tiene embajadas por todo el mundo -unas 130- utilizadas no para representar, sino para penetrar políticamente esas sociedades.

La cuba  castrista ha podido presentarse simultáneamente como parte del bloque socialista y militante del No Alineamiento, pero también como nación subdesarrollada insertada en la dinámica norte-sur. Juega muy bien la carta del anti imperialismo pero lo ejerce, en el sentido de controlar la dinámica de otros países a su favor. El Caso Venezuela es prueba de ello.

El Movimiento de los No Alineados (NOAL) fue clave para la reincorporación de Cuba al concierto internacional después de su expulsión de la OEA. Este movimiento decae al desaparecer la Guerra Fría. Sin embargo, se recupera, entre otras cosas, por el papel de Cuba y su rol en la presidencia del organismo a mediados de la década pasada. El NOAL se ha convertido en el grupo más numeroso de Naciones Unidas que defiende posiciones antiimperialistas (antinorteamericanas) y tercermundistas.

          La región

En los primeros tres lustros de este siglo, el castrochavismo dominó el panorama político de la región. Impulsó la llamada “marea rosada” de gobiernos izquierdistas. Y al frente o, mejor dicho, detrás de todo esto, Fidel Castro existía tanto como un proyecto ideológico sino político. La intención era expandir su poder para mantener el financiamiento. Así, muchos países escogieron gobiernos identificados con el socialismo del siglo XXI. Este socialismo en realidad es un populismo tradicional orientado a llegar al poder. Su objetivo es controlar los diferentes poderes de la república y establecer la reelección indefinida, manteniendo una fachada democrática lo más que se pueda.

En Latinoamérica, el castrochavismo logró crear nuevas organizaciones multilaterales como Unasur y la CELAC, llegando esta última a ser presidida por Raúl Castro. Además, puso a Venezuela a financiar a los países aliados con organizaciones como Petrocaribe y ALBA. De todos esos grupos, quedan cenizas. Se intentó debilitar a la OEA, en especial al sistema de Defensa de Derechos Humanos de la organización.

Los Castro lograron, nada más y nada menos, alinear a la administración de Obama con su estrategia. La Casa Blanca estaba cayendo en el juego del Foro de Sao Paulo: reinsertar positivamente a la Cuba castrista en el mundo internacional occidental.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con EE.UU., cabildeado por el Vaticano y Canadá, y la vuelta a la comunidad latinoamericana, le dio a los Castro una excelente carta de presentación ante la Unión Europea. Lograron que Bruselas suspendiera las sanciones impuestas por violación de derechos humanos. De paso, también lograron que EE.UU. y el resto de la comunidad internacional apoyaran la nueva política del Foro de promover la vía electoral vs. la armada. Con esto, realmente favorecieron a uno de sus principales aliados: las FARC colombianas. Lograron que la guerrilla entrara en la política electoral, con privilegios, a través de los acuerdos de paz de La Habana. Y, como trágico corolario, también lograron que se mantuviera el status quo en Venezuela.

 

          Parte II

El castrismo en luchas sociales continentales

El castrismo ha usado varios sombreros. Al final, los dictadores de esa pequeña isla y sus herederos se han adaptado para seguir en el poder y expandir su proyecto de dominación regional.

En la primera parte de este artículo, presentamos las transformaciones del castrismo en castrocomunismo y castrochavismo, el paso de la estrategia de lucha armada a la vía electoral, así como sus avances y retrocesos. En esta segunda parte nos referiremos a su nueva adaptación, en la cual el peso de la lucha por el poder se ha trasvasado hacia las organizaciones sociales.

Anarquía controlada

Hemos entrado en una nueva fase de lucha política. El castrismo, devenido primero en castrocomunismo y luego en  castrochavismo, ha mutado hacia lo que han llamado “la brisa bolivariana” (Diosdado Cabello dixit). O, más sofisticadamente, “revolución molecular disipada” (Felix Guattari).

El francés Guttari, autor del libro “La revolución molecular”, es miembro de la escuela deconstructivista que comenzó con Michel Foucault. Intenta aplicar el concepto de deconstrucción en la política. Por eso, ya no se trata solo de quebrar el poder del capital concentrado en el Estado capitalista. Ahora la lucha es horizontal y se trata de deconstruir el poder en la sociedad capitalista en cada una de sus manifestaciones. En la familia, la escuela, la fábrica, las relaciones sexuales, la burocracia, los partidos políticos y las ONGs. Atacan diversos grupos como los religiosos, culturales e inclusive los “raciales”. En general, donde se den las relaciones de autoridad o dominación.

Se alinean con el populismo, entendido como la reivindicación y manipulación de múltiples discordancias existentes en la sociedad con fines de optar al poder. Esas diferencias, escisiones o divergencias son la base para deconstruir el poder. En la etapa actual, se exacerban estas divergencias para crear desestabilización política.

Es una especie de “anarquismo controlado”. No solo en la lucha por acabar con el poder del Estado, sino por la idea de luchar contra el sometimiento a las reglas y costumbres que orientan el comportamiento social en sus diversas manifestaciones. Sobre todo, hacerlo de forma desorganizada…aparentemente. Detrás de esta espontaneidad, estarían los cuadros castrochavistas promoviendo estas luchas. Ellas en un primer momento aparecen como atomizadas (moleculares) e incluso irracionales, pero sin duda el objetivo es generar desestabilización. Esto facilita el control del Estado en cuestión para que favorezca las posiciones de la Cuba castrista y sus satélites.

El marco internacional

Esto podríamos enmarcarlo en lo que se conoce como la “Guerra sin restricciones”. Este concepto se plantea en el libro de 1999 del mismo nombre, escrito por dos coroneles de la fuerza aérea china (Qiao Liang and Wang Xiangsui). Fue publicado por el Ejército Popular de Liberación, fuerzas armadas del Partido Comunista de China (PCCh). Se trata de una guerra no-violenta pero total, en la que se deben utilizar todos los medios posibles y actuar en todos los campos posibles para debilitar al enemigo. Una vez conocidas sus debilidades, se ataca para desmoralizar y luego desestabilizar. Entonces, se provoca un conflicto y se interviene. Sostienen que no se trata de armas basadas en la “pólvora”, sino en la información; ni de dominar, sino de controlar.

Es el tipo de guerra que libran China y Rusia, con sus aliados (Irán, Turquía, Cuba) contra EE.UU. Latinoamérica no se escapa. En particular, Venezuela, uno de los epicentros de esta confrontación.

           Los nuevos actores

Ya no es la guerrilla, ni los partidos políticos los actores fundamentales en esta nueva etapa. La clave ahora son las agrupaciones que representan, o pueden movilizar, a grupos sociales que se encuentran en una situación de desventaja.

En este sentido, el Foro, en sus últimas reuniones, ha ampliado su convocatoria. Ya no sólo son encuentros de los partidos de izquierda regional. En su reunión de 2019 en Venezuela, participaron, además de los partidos, organizaciones de afrodescendientes, juveniles, mujeres, pueblos indígenas, intelectuales, artistas y movimientos sociales de variada índole. El fin, articular sus luchas.

El carácter político más tradicional ya no lo representa tanto el Foro sino el Grupo de Puebla. Esta es una nueva agrupación de celebridades, expresidentes e intelectuales, y algunos pocos actores de gobiernos como los de México. Argentina y España, fundada en el 2019. No se califican de izquierda sino “progresistas”.

          América Latina arde

A partir de 2016, el tinglado montado por el castrochavismo comienza a desmantelarse. No solo fue la muerte de Chávez en 2013 (o 2012, nadie sabe). La “marea rosada” entró en resaca y casi todos sus gobiernos salieron del poder. Aunque en México y Argentina retomaron cierto poder, solo en Nicaragua y Venezuela se han consolidado.

La contraofensiva castrista se ha conocido como “la primavera sureña”. El sur del continente se calentó con manifestaciones populares. Originalmente, las protestas comenzaron como una reacción a la avalancha migratoria venezolana (2017-2018), en varios países principalmente en Ecuador, Perú y Colombia; pero otras fueron más allá y han producido cambios políticos importantes, como en Bolivia y Chile.

El caso chileno ha causado muchos interrogantes. Este país ha sido considerado el de mayor desarrollo de la región. Ha aumentado no solo su producción y exportaciones, sino que el ingreso per cápita ha llegado a niveles de países europeos, reduciendo sustancialmente la pobreza. Sin embargo, la violencia generada el año pasado ha sido sin precedentes. Se estima que la pérdida patrimonial alcanzaría unos US$3.300 millones y la consecuente desaparición de empleos se mide en cientos de miles.

Todo parece haber comenzado por el aumento del pasaje del sistema público de transporte, frente a lo cual los estudiantes optaron por usar y no pagar, en especial en el metro: los evasores. Pero esto se trastoca en violencia incontrolada donde participaron múltiples sectores y grupos de la sociedad.

Esto es, según el chileno Alexis López Tapia, la concreción de la propuesta de la “revolución molecular disipada”.

La idea es deconstruir el poder en la sociedad por acciones convergentes de pequeños grupos (moléculas) difíciles de capturar, pues se “disipan” y se reconstruyen una vez que han actuado. Se aprovechan de una disonancia social y, a partir de allí, generan una crisis que transformarán en un conflicto que escala y se desborda, aparentemente, de forma irracional. Pero el objetivo es siempre el cambio político, no las reivindicaciones que originaron el asunto.

          La nueva estrategia

Como vimos, se aprovechan incidentes para generar un problema mayúsculo al nivel del discurso, utilizando los medios de comunicación formales y el mundo 2.0 de internet. Se tiene documentado que, por ejemplo, ha habido interferencia en el proceso chileno desde Rusia y Venezuela. Un porcentaje significativo de los tuits que apoyaban las protestas en Chile provenían de Rusia, lo que también se comprobó en Ecuador y Colombia. El régimen de Maduro ha creado un “ejército de trolls” con estos fines. Además, operadores políticos bien entrenados, locales y extranjeros, se colaron con los flujos migratorios venezolanos, jugando papeles de cierta relevancia en este proceso.

Esta maquinaria es activada para generar movilizaciones que se dan cuando, en el mundo 2.0 y los medios de comunicación que controlan, se magnifican algunas divergencias puntuales.

Ahora, lo importante para alcanzar el poder no serían los partidos políticos tradicionales, sino esta constelación (¿molecular?) de grupos y ONGs que se articulan en luchas reivindicativas concretas. La idea es sobrepasar la capacidad de ser controladas por el Estado y llegar a saturar la sociedad que se vuelve ávida de un cambio, sin saber exactamente hacia dónde. En el fondo, no es la reivindicación sino la toma del poder. Al final, la intervención y el control planteada en la “guerra sin restricciones”. Para la Cuba castrista, la debilitación de los gobiernos que considera enemigos es una victoria.

Las tácticas

Uno de los principales manejos de la nueva mutación del castrismo es promover la antipolítica y empoderar a los movimientos sociales. Por eso, como dijimos, en las últimas reuniones del Foro los principales invitados fueron estos grupos. Allí se acordó que estas “organizaciones sociales serían el instrumento; la violencia callejera, el medio; la lucha contra el neoliberalismo y el imperialismo, la bandera; y la defensa de Cuba, Venezuela y Nicaragua, el objetivo”, nos dice Villalobos. Habría que agregar que la lucha por las reivindicaciones ligadas a los diferentes clivajes sociales serían el mecanismo de aglutinación y movilización. Con Cuba controlando el proceso trascorrales, y la mermada Venezuela poniendo los reales y la cara si fuera necesario. Hay que recalcar que todas estas mutaciones comparten tácticas comunes, aunque la relevancia de cada una de ellas varía según el momento.

Cuba y sus protectorados, Nicaragua y Venezuela, han entrado en una etapa de resistencia activa. Van a seguir tratando de desestabilizar el continente, incluyendo a EE.UU., en espera de que la “marea rosada” vuelva. También esperan un cambio en EE.UU. para que baje la presión sobre ellos y sus gobiernos aliados. Perder en Venezuela sería una merma irreparable que podría, como muchos han argumentado, acabar con el proyecto Fidelista.

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