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GERSON REVANALES: La Conferencia Episcopal no debe olvidar el pecado original

La Conferencia Episcopal no debe olvidar el pecado original

 ***El reciente documento de la CEV tiene muchas razones para llamar a votar; sin embargo, no la razón para avalar un proceso electoral nacido con el pecado original del ventajismo oficial.

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Balcón del Ciudadano – GERSON REVANALES

Esta semana la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV) fijó su posición sobre el proceso electoral que se nos avecina. En su esencia tiene muchas razones para exhortar al país a cumplir con una obligación y deber de todo ciudadano de manifestarse cívicamente. Ya hace más de 67 años, Monseñor Rafael Ignacio Arias Blanco -XI arzobispo de Caracas conforme a la doctrina de la iglesia- el primero de mayo de 1957 emitió una crítica y dura pastoral contra la temible dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, debido a la difícil situación que vivía el país, nada comparable como la que se ha venido viviendo desde hace 21 años.

Su Carta Pastoral fue leída en todas las iglesias y fue considerada un grito de libertad, del cual nadie se atrevía a hablar. La respuesta de la dictadura fue una llamada telefónica citándolo al despacho del ministro del Interior, el temible Pedro Estrada, para manifestarle su total desacuerdo con esa Pastoral, que se entendía como un documento con fines claramente políticos, en confabulación con los partidos opositores.

Como se señaló en líneas anteriores, su pastoral respondía a la doctrina católica. La Iglesia tiene el derecho y el deber de intervenir en los problemas de sus fieles; la Iglesia tiene derecho, un derecho al cual no puede renunciar, a intervenir y contribuir en la solución de los problemas sociales. Según León XIII en su Encíclica “Graves de Communi” los problemas deben resolverse de conformidad con las leyes de la moral y de la religión. Posteriormente, el Papa Pío XI, en su Encíclica “Quadragesimo Anno” recogía esta doctrina en las siguientes frases: “Tanto el orden social como el económico están sujetos a Nuestro Supremo juicio”. Su sucesor Pío XII en 1947 reitera el espíritu de la anterior encíclica, al afirmar: “la Historia es testigo de la gran solicitud con que la Iglesia ha tratado siempre los problemas sociales”. No porque ella tenga la responsabilidad de regular directamente la vida económica, sino porque el orden económico social no puede ser desligado de la moral. Según las citadas encíclicas, la Iglesia no solo tiene el derecho, sino que tiene la obligación de hacer oír su voz para que todos, patronos y obreros, gobierno y pueblo, sean orientados.

En el caso venezolano, el Papa y sus representantes han manifestado reiteradamente su preocupación por la situación del país; lo cual justifica la posición que asume la CEV esta semana; sin embargo, en ese deber de la iglesia, no solo de la católica, si no de todas las iglesias, la ley celestial al igual que la terrenal, tiene sus principios fundamentados en la aplicación de la moral y ética de quienes conducen y gobiernan al pueblo de Dios llámese Ala o Jehová.

Por ello, cuando los principios éticos y morales no son satisfactorios ni transparentes como lo han manifestado más de medio centenar de las más reconocidas democracias del mundo, la OEA, el Grupo de Lima y la Unión Europea en vocería de Josep Borrell como del Alto Representante, al concluir que: “no se reúnen las condiciones para un proceso electoral transparente, inclusivo, libre y equitativo”. No hay una razón válida que justifique cumplir con el obligatorio deber constitucional del voto.

Siendo así, luego de tres intentos de negociación y mediación fallidos, incluso con la iglesia de por medio, no entendemos (a pesar de las múltiples razones expuestas por la CEV en sus más reciente declaración) la razón por la cual -existiendo las suficientes dudas razonables para abstenerse- llama a convalidar un proceso; a pesar de las irregularidades reconocidas en su propio documento, al no existir las condiciones mínimas para asistir al “remedo” electoral del 6 de diciembre; que desde el principio nació con el pecado original de la duda y del ventajismo oficial, cuando lo deseable hubiera sido alinearse con las demandas de los actores y observadores internacionales con la solicitud de condiciones mínimas, aunque el régimen no las otorgue, porque sabe que el pueblo perdió la fe en una revolución que le robo la esperanza de vivir la máxima felicidad en socialismo.

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J. Gerson Revanales M

Balcón del Ciudadano. Internacionalista. Post Doctorado RR.II Embajador de Carrera por concurso

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