Rafael Poleo / Corto y Profundo
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La monarquía necesaria

La monarquía en España es absolutamente necesaria

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El Rey Emérito Juan Carlos I junto a su hijo, el Rey Felipe VI. Foto: cortesía.

Por RAFAEL POLEO

        Soy adeco pero betancourista y soy betancourista pero adeco, imprecisiones necesarias para precisar lo que uno es. Como tal se me ha de suponer republicano –de república, no del partido de Trump-; pero, más allá del ser ontológico, lo que uno es depende de la circunstancia en que lo sea. Por eso, luego de tomar aire, sostengo que España necesita un rey, y lo ha estado teniendo. Lo cual requiere otra aclaración, la de que las cosas de España las tomo como propias porque mi madre me metió en la cabeza que nosotros no teníamos sino sangre española, de lo cual tengo una duda razonable, por aquello de mi abuela barloventeña y otros detalles que no vienen al caso.

        Los últimos tres reyes españoles han hecho honorablemente su trabajo. Don Juan, el rey que no fue, se le plantó a Franco. “No aceptaría sino una monarquía constitucional”, me dijo así como en 1962 en su casa de Estoril. Lo publiqué y se armó la sampablera. Él admitió habérmelo dicho, aunque como visitante más que como periodista. En realidad, Don Juan estaba feliz con mi indiscreción. Tuvo coxones para separarse de su hijo, Juan Carlos, porque fue una condición puesta por Franco para dejar que éste fuera rey. Y Juan Carlos se anotó un acierto consagrador al darle a los españoles una reina como ha sido Sofía, y una vez rey lo primero que hizo, y lo segundo y lo tercero, fue defender la modernización política de España y atravesársele a la derecha obtusa. Después, Felipe, ese que menos mal paró de crecer, se abrió a la calle casando con la hija del taxista, ha intervenido cuándo y cómo había que hacerlo y podrá tener alguna de las taras borbónicas, menos la del marrueco, que a su padre condujo a otros deslices. (Pregúntenle a un chileno qué es el marrueco).

        Las Españas, que son varias, cada una de ellas un incordio, necesitan un pegamento que la república no da, dicho sea sin entrar en íntimos detalles. Como la Gran…Bretaña, pues: Inglaterra, Escocia, Irlanda de Arriba, Irlanda de Abajo, Gales, todos odiándose entre sí, todo el día hablando mal unos de otros. Menos mal que para eso está el fútbol, nuevo opio de los pueblos, que sin, él, ni España habría y Gran Bretaña menos.

        Quien quiera eliminar al rey, será que quiere eliminar España.

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Rafael Poleo

Director -Editor del diario El Nuevo País. Fundador de la Revista Zeta. Presidente del Grupo Editorial Poleo. Periodista. Analista político.

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