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Cuervo ingenuo: Crónica de la desunión política española

Cuervo ingenuo

Por ALBERTO D. PRIETO

En el periódico en el que trabajo, El Español, somos muy aficionados a las encuestas. Y yo, un poco yonki de hacerlas. Me hace gracia ver qué le preguntamos al lector, y tratar de responderlas como si fuese (sólo) un ciudadano.
Es entonces cuando descubro algunas de las claves que explican está España pedorra, que no llega ni a trágica de tan ridículas que son sus cuitas.
Esta semana le estamos preguntando a los lectores sí ha hecho bien Pablo Casado, líder de la oposición, en negarse de plano a negociar los Presupuestos de 2021 y la renovación de varios órganos constitucionales con el presidente, Pedro Sánchez.
Claro, cada españolito de a pie contesta desde su bandera ideológica. Yo, que como periodista tengo algo más de información -de ésa que no se puede publicar- y que manejo algunas de las claves de cómo se deciden las cositas que a todos nos acaban afectando, acabo por desesperarme.
El otro día aprendí que el ave que mejores habilidades gasta para articular y repetir palabras no es el loro, sino el cuervo. A mí siempre me ha gustado su porte aristocrático, pero ahora resulta que el muy pájaro no es más que un repetidor de consignas.
¡Mira! Como la masa de mis compatriotas votantes… y sus líderes.
***
¿Ha hecho bien Casado? “Pues claro”, si odias a las izquierdas. “Ni de broma”, si desprecias a las derechas. Pero ni lo uno ni lo otro. Al líder del PP le pesa la presión de Vox, y de los cuatro millones de followers que se le han escapado en dos años por ese flanco patriotero y conservador de su derecha.
Y, esto ya es cosa mía, le pesa el vértigo que supondría convertirse en el primer líder que arriesga su supervivencia -y quizá la de su propio partido- por el bien del país al que quiere servir. Le paraliza el miedo a adentrarse en el terreno inexplorado del acuerdo a lo grande.
Eso nunca se ha hecho en España. Y además, en el cacareo repetitivo de proponerse como “la casa común del centro derecha” sus estrategas parecen haber olvidado que el primer paso es saber para qué.
Por eso no detecta oportunidades, sólo ve peligros. Y dedica su gestión a no destacar, no vaya a ser que, de sacar la cabeza, ajenos y propios lo coloquen el primero en la fila de voluntarios a probar la eficiencia de la guillotina en el siglo XXI.***Nos podemos plantar en otoño con siete millones de parados, en un país que en sus mejores momentos, tuvo 20 millones de ocupados… con 47 millones de bocas que alimentar. Caen los ingresos fiscales en más de 80.000 millones sólo este año mientras la UE nos concede 140.000 -entre transferencias y préstamos- para los próximos seis ejercicios. El turismo se hunde, y de su mano el 15% del PIB; la confianza del consumidor se despeña, las inversiones se aplazan, la publicidad desaparece aguardando tiempos mejores… y la banca -que parecía lo único seguro en esta crisis- ya comienza a tentarse la ropa: el segundo y el cuarto banco de España anuncian su fusión, para defenderse de los negros augurios.
Porque lo que viene es -con todo lo explicado y lo que se me escapa-, por ejemplo, una morosidad crediticia prevista del 12%, y un desplome de la riqueza del PIB 18% o más en sólo un año.
La pandemia ha provocado que unos se escondan en sus mensajes defensivos y que los otros griten más alto sus soflamas al ataque. Desde los ministerios de Podemos se aceleró el proyecto de poner en marcha el Ingreso Mínimo Vital (IMV). El Gobierno preveía unos 850.000 beneficiarios. Y en tres meses ya van 900.000 solicitudes, a pesar de que el papeleo es ingente y complicado. Pero la precariedad de medios en la Administración ha imposibilitado tramitar más de 100.000 y dar el sí a sólo 85.000.
Otro ejemplo: para no destruir empleo con el confinamiento, el Gobierno diseñó los ERTE, Expedientes de Regulación Temporal de Empleo: más de 3,5 millones de trabajadores fueron enviados a este sistema, financiado con dinero público. Aún quedan 700.000 viviendo en ese limbo. Pero más de 100.000 no han cobrado nada desde marzo.
Y uno más: empezado ya el curso escolar, aún no se sabe si se pagará ni quién lo hará -ni cuánto- la baja forzosa de los padres que deban quedarse en casa para cuidar de sus niños infectados o en cuarentena por un caso en clase…
Y es que no hay con qué pagar ya nada. Sin empleo, no hay cotizaciones. Sin consumo, no hay economía. Y sin economía no hay empleo.
Los 20.000 millones de euros en créditos europeos para financiar los subsidios de quien se quedó sin trabajo ya se han gastado en julio… y eso los fondos no llegan hasta octubre.
Y en medio de esta fiesta de graznidos, seguimos con los Presupuestos del año 2018 requeteprorrogados entre la les a picotazos para ver quién es más culpable.***Con todo esto en la cabeza, yo he votado en la encuesta de mi periódico que todo mal… aunque comprendo a unos y a otros, porque los cobardes son muy previsibles.
Ya paseo mis últimos días de vacaciones por la Europa central -ésa en la que hay más cuervos que palomas y nos vigila con miedo el panorama-, cavilando esta columna y convencido de que la solución no llegará con una grossen koalition a la alemana… mientras no sean alemanes nuestros políticos. ¡O incluso belgas!, que a gorrazos y con una tensión territorial quizá más gorda que la nuestra, siempre acaban por formar un gobiernito eficaz que mezcla valones y flamencos, socialdemócratas y liberales…
Aunque todo esto no es nuevo. No es más que un proceso repetitivo, como las peroratas politiqueros con las que nos guían el voto, atentos a lo que decimos en las encuestas, no nos vayamos a desviar dándonos cuenta del engaño. Y ya no me la curlan.  Entre otras cosas, yo me hice periodista para poder escribir, como Javier Krahe lo cantó hace más de 30 años, que “por Manitú, Cuervo Ingenuo (ya) no fumar la pipa de la paz con tú”.
Y es que si hoy se dieran la mano Sánchez y Casado, no lo harían tanto por el bien de la tribu como por salvar sus propias plumas.
Alberto D. Prieto es corresponsal político de El Español.
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