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CARDENAL BALTAZAR PORRAS CARDOZO: Imaginación pastoral

Imaginación pastoral

Baltazar Porras
Cardenal Baltazar Porras.

La crónica menor – CARDENAL BALTAZAR PORRAS CARDOZO

La creatividad ante la adversidad es una de las virtudes que invita a buscar nuevos caminos para que el confinamiento de la pandemia no se convierta en inacción y derrotismo. El Papa Francisco insiste en que una de las lecciones del Covid19 es el reto a avizorar la postpandemia con nuevos ojos: nada será igual, o mejor o peor, y ello depende de la voluntad de cambio de mentalidad. En términos eclesiásticos, la conversión pastoral. El vino nuevo se guarda en odres nuevos porque en los viejos existe el peligro de que se rompan los recipientes y se derrame el líquido.

Tradicionalmente en el mes de septiembre, entre las fiestas de Nuestra Señora de Regla y la Virgen de las Mercedes, el clero de Mérida se reúne en San Javier del Valle para los ejercicios espirituales anuales. Este año las condiciones no lo aconsejan. Los Vicarios Episcopales se reunieron, consultaron y planificaron, hacerlos “virtualmente” vía digital. Nada mejor que aprovechar la preparación de la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández y tener como base de meditación y oración los temas preparados por la Comisión Nacional “Camina con JGHC”.

Para fomentar el sentido comunitario cada zona pastoral, con un número no mayor a cinco sacerdotes, conviven tres días y medio, para orar, estudiar, celebrar, descansar y fomentar más y mejor la fraternidad, la sinodalidad, la corresponsabilidad pastoral. El ministerio de la Iglesia para enseñar y pastorear al rebaño, requiere de una competencia que no se deriva de las afirmaciones autorreferenciales de autoridad y la repetición de antiguas creencias, mandatos bíblicos y fórmulas; por el contrario, el desafío es mostrar cómo tales creencias y mandatos pueden creíblemente vincularse con la experiencia humana, el conocimiento científico y el mundo actual tal como es.

Los temas “camina con JGHC” son asumidos desde la perspectiva presbiteral para afincar la radicalidad bautismal. El sacerdocio ministerial y jerárquico fluye del sacerdocio común como una consecuencia y un servicio. Es lo que el Vaticano II y el magisterio del Papa Francisco retoma en Evangelii Gaudium. Que los sacerdotes mediten y oren para acrecentar el sentido de su ministerio desde el testimonio de un laico como José Gregorio, es buen síntoma pues el sacerdocio común tiene una cierta prioridad, que todavía debe ser apreciada adecuadamente en el pensamiento del liderazgo eclesial y de los fieles en general.

Asumir la realidad lacerante del país con nuevos bríos, tanteando el futuro desde las necesidades y requerimientos de la gente es un imperativo para dar razón del amor a Dios desde el amor al prójimo, en salida, tomando como centro la periferia y los olvidados. Así vamos formando el corazón, para no convertirnos en profesionales que trasmiten una doctrina, sino en discípulos al encuentro con Jesús. En la Biblia el corazón es el centro del hombre, donde entrelazan todas sus dimensiones: el cuerpo y el espíritu, la interioridad de la persona y su apertura al mundo y a los otros, el entendimiento, la voluntad, la afectividad. La fe transforma toda la persona, precisamente porque la fe se abre al amor. Esta interacción de la fe con el amor nos permite comprender el tipo de conocimiento propio de la fe, su fuerza de convicción, su capacidad de iluminar nuestros pasos.

La imaginación pastoral nos lleva al corazón de Dios que es ante todo su misericordia, expresión de su amor desbordante y de su benevolencia. Es lo que necesitamos y requiere nuestro pueblo sumido en una crisis producto de la ceguera de quienes ponen primero el poder que el bienestar de las personas.

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