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JURATE ROSALES: No me van a creer: Ahora soy optimista por Venezuela

No me van a creer: ahora soy optimista por Venezuela

jurate rosalesPor JURATE ROSALES

Después de leer en la Zeta digital el último artículo del internacionalista Roberto Mansilla, la también experta en relaciones internacionales Elizabeth Burgos me escribió: “Por fin alguien está tomando en cuenta la dimensión geopolítica del conflicto venezolano. Comenzó desde el momento en que Chávez integró a Venezuela en el bloque geopolítico al que pertenece Cuba: ya no es parte del mundo occidental.”

Para los que leerán el artículo de Mansilla, su título es “Trump apunta a Maduro por la vía israelí”. En realidad, por lo que veo hay algo que  empieza a moverse y parece ser un plan de Donald Trump. Desde que él llegó a la presidencia de los Estados Unidos se ha visto en la política internacional de la Casa Blanca una clara visión de lo vernáculo, lo de América para los americanos que nunca había debido de ser abandonada y que sobre todo fue casi borrada por Barack Obama. En mi también vernácula visión de los mandatarios norteamericanos sigo pensando que en eso Obama se equivocó.

Mi opinión es que Venezuela y los venezolanos -viéndolo en perspectiva histórica- han sido víctimas de dos engaños que son  las causas profundas de su actual muy terrible y diría que asombrosamente insólito problema de destrucción total. Sin guerra, sin ningún desastre natural, un país que todo lo tenía ha sufrido una destrucción más profunda que si hubiese sido atacado por un despiadado enemigo.

Una de las causas, a mi juicio, ha sido los pensums escolares ideados por el ideólogo margariteño Luis Beltrán Prieto Figueroa, cuya encomiable labor se ha visto opacada por su empeño político de crear una población ideologizada con el mito bolivariano que incluso a partir de la primaria falseó la percepción de las realidades nacionales. La tendencia, profundamente influenciada por los vientos de un socialismo mal interpretado y que soplaron en la educación venezolana con los muchos años de influencia comunista presente en las universidades venezolanas hasta aproximadamente el final de los años noventa, crearon sucesivas generaciones de venezolanos cultos; pero imbuidos desde la infancia de un sentido de inferioridad frente al vecino del norte. Un venenoso invento, cuidadosamente cultivado por agentes cubanos, que siempre estuvieron al asecho para hacerse con el petróleo venezolano. Fueron años cuando el peligro cubano no estaba percibido como tal en Venezuela y gozaba de una ingenua aceptación. La educación que debía corregir con conocimiento de realidades ese engaño, al revés, fue parte del embuste y en los momentos decisivos no contó con ninguna barrera frente al abismo.

El otro impresionante problema que tuvieron que enfrentar las universidades venezolanas durante todo el período de libertad y democracia (hasta que llegó Chávez e incluso hasta ahora) ha sido una anormal percepción de lo que son y deberían ser para Venezuela los Estados Unidos. Había una fluctuación entre envidia y rechazo, que durante años fue cultivada por agentes del gobierno cubano. Se necesitó toda la tragedia venezolana para borrar los recelos y colocar la relación al pie de confianza y comprensión mutua. Mi esperanza es que algún día el continuo veneno cuidadosamente instilado en toda América Latina deje de destruir lo que debería y podría ser una unidad continental con repartición de producción e iniciativas en beneficio de todos y sobre todo en crecimiento económico.

Veo, en este momento, al presidente norteamericano trabajando y ojalá logre reconstruir una relación con Venezuela que de conseguirse promete beneficiar a ambos –a Estados Unidos al eliminar la avanzada extracontinental que amenaza de sangrar con su infiltración a importantes espacios del subcontinente, y a Venezuela que no debe perder su identidad latinoamericana. Esto es lo que los chinos pueden hacer por el mero caudal de su milmillonaria población. Sería algo como subvertir y cambiar en todos los sitios donde se les abra puerta franca el rostro mismo de la América Latina.

Por el momento, estoy en espera. Quiero confiar en la proverbial capacidad de renacer tras graves problemas que tiene Trump, y rezando por la pronta llegada de la vacuna anti-covid 19, porque supongo que después de ella muchas cosas deberán volver a su cauce, con Venezuela incluida en esa lista. Y también espero, que igual al virus, el suero castrista que desde casi un siglo estuvo filtrando continuamente en Venezuela su veneno, también por primera vez después de todos esos años llegue a su fin.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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