ColumnistasInternacionales
Destacados

No me importa nada: Coronacrónica de la tragedia española

No me importa nada

Por ALBERTO D. PRIETO

Cada día mueren alrededor de 200 personas en España por el coronavirus.
…esperen, lean de nuevo, hagan el favor: doscientas personas. Doscientas, algo arriba, algo abajo. Cada día.
Doscientas familias devastadas. Doscientas camas de las que sacar un cadáver. Doscientos auxiliares y celadores que limpien la estancia y cambien las sábanas de la UCI. Doscientas enfermeras que rellenen el certificado: “Hora de la muerte…” A lo mejor les ayuda cerrar los ojos y rememorar la escena equivalente de su serie de médicos favorita. Doscientos médicos que se van jodidos a casa. O al catre un par de horas, que hay que doblar turno. Porque faltan sanitarios, porque los doscientos muertos al día significan presión hospitalaria. Y en los ambulatorios, porque esos doscientos muertos son el 1% que acaba así el ciclo de un contagio que les asaltó, al menos, hace un mes.
Pero tranquilos, nos dicen las autoridades, que “los centros no están colapsados, que tenemos mejor capacidad de respuesta que en la primera ola del Covid, que hemos aprendido de marzo y abril, que sabemos cómo doblegar la curva”. La curva. Que sube y baja. Y que antes se estabiliza. Los números. Que llegan cada día con un mensaje al móvil del reportero: “Buenas tardes. Os enviamos el enlace a la página web del Ministerio de Sanidad donde se publica la actualización detallada de los datos de Covid-19…”. Y la noticia, que corremos a publicar antes que la competencia, para pillar lectores, en un ejercicio rápido y combinado de destrezas editoriales: velocidad y creatividad. ¿Qué título ponerle al dato diario? ¿Qué epitafio le labramos a toda lápida a los doscientos muertos de hoy?
Y ya está. Ya se han muerto, porque los hemos publicado. La curva sube, o baja, o se estabiliza, pero los doscientos de hoy se han ido sin nombre. Y en silencio. Porque están intubados, porque se ahogaban. Porque están solos, porque son contagiosos. Porque nadie les coge la mano en su último adiós… como en marzo, como en abril. Y sí, hemos aprendido de entonces. A reprocharnos los datos entre administraciones, a señalar al Gobierno por la curva que nos avergüenza en la comparativa ante el mundo, a culpar a la presidenta regional por priorizar el dinero circulante a la salud pública.
He aprendido a vivir con el virus. A que me sirva de ariete y a que los doscientos muertos de hoy no me importen nada. O las lágrimas de sus familiares. O la frustración de los médicos. O la agonía, la soledad y el silencio, en sus últimas horas, de los que morirán mañana.
Alberto D. Prieto es corresponsal político de EL ESPAÑOL.
Tags
Mostrar más

Artículos relacionados

Close
Close