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CÉSAR PÉREZ VIVAS: El holodomor o democidio venezolano

El holodomor o democidio venezolano

Por CÉSAR PÉREZ VIVAS

La palabra holodomor proviene del idioma ucraniano. Significa hambruna. Se hizo famosa por su utilización para advertir sobre la tragedia a la que fue sometido el pueblo ucraniano por el régimen de Stalin, al confiscarle más de siete millones de toneladas de cereales a los productores de esa república soviética, en el marco del proceso de colectivización de la tierra y  confiscación de la producción,  para sostener y alimentar a la capital de aquel imperio de terror.

El asalto a la producción fue tan brutal que los campesinos se vieron obligados a esconder parte significativa de su producción con el fin de disponer de reservas, con las cuales sobrevivir a aquella orgía de violencia revolucionaria. La situación generada por el régimen comunista soviético produjo severos enfrentamientos entre los productores (llamados los Kuláks) y los agentes de la dictadura estalinista, quienes fusil en mano se apropiaban del ganado, de las herramientas y de las cosechas.

El clima sociopolítico llegó a tal punto que funcionarios del partido comunista local dimitieron frente a tamaño despropósito. Esto obligó al poder central a enviar sus comisarios políticos, sus “protectores”, quienes en nombre del socialismo, de los proletarios y de la revolución confiscaban los bienes y alimentos.

Stalin exigía a sus brigadas de “paz” mano firme contra los ganaderos y agricultores, contra los revolucionarios (los Kuláks) que se negaban a entregar sus tierras y cosechas al estado socialista. Tal conducta la calificaban como “actos de sabotaje y terrorismo”, ya que la “ley de las cinco espigas” había declarado al sector agrícola y a sus tierras como “una propiedad social”.

La negativa de los campesinos a entregar sus tierras y cosechas era considerada como “robo y dilapidación de la propiedad social” y se les aplicaban penas de hasta 10 años de condena en campos de trabajo forzados. La ley de las cinco espigas trajo como consecuencia una masiva migración de los campos a la ciudad y una gran mortandad por hambre a más de siete millones de seres humanos.

La política de Stalin generó aquella brutal migración de seres humanos, y sobre todo la muerte por inanición de siete millones. La de Maduro ha producido una estampida de más de cinco millones de personas y está generando una hambruna sin precedentes en la historia de Venezuela. Ni en los tiempos de la guerra de la independencia, ni en los de la guerra federal nuestra patria había sufrido una hambruna tan severa como la que el régimen del socialismo bolivariano ha producido en pleno siglo XXI.

El holodomor venezolano lo inició Hugo Chávez con su política de asalto y confiscación a las unidades de producción agropecuaria. Cinco millones de hectáreas le fueron robadas a sus propietarios y poseedores; ocho millones de cabezas de ganado fueron sacrificadas sin criterio técnico; otras fueron vendidas a precios viles para ser sacadas de nuestro territorio; las instalaciones de buena parte de dichas haciendas fueron desmanteladas y los equipos y maquinarias igualmente hurtados.

El saqueo y la destrucción de los activos agropecuarios ha sido política de Estado en la revolución bolivariana. Aún guardo en mi memoria los discursos demagógicos del ministro Elías Jua, anunciando la nueva era de “la agricultura socialista así como las fanfarronerías de un grotesco personaje, a la sazón ministro de Agricultura y Tierras,  Juan Carlos  Loyo,  que pistola en el cinto se presentaba en las haciendas para ejecutar las confiscaciones. Loyo se convirtió en el típico personaje del “chavismo delincuencial”, de personaje irrelevante a ministro alabado y entrevistado por José Vicente Rangel en su programa de Televen, donde llegó a decir:

“La Revolución Bolivariana ha logrado una justa redistribución de la tierra, lo cual, era una deuda histórica, ya que la llamada reforma agraria que instauraron gobiernos de la IV República, sólo benefició al latifundio.”

Estos fueron los comisarios políticos, quienes como los de Stalin en Ucrania, asaltaron aquí a nuestros productores y tienen en su haber una cuota de la responsabilidad en la hambruna que hoy sacude a nuestro pueblo.

La otra parte la tienen los que permitieron y ejecutaron el asalto de las finanzas públicas a través de Cadivi, proyectos fantasmagóricos y apropiación indebida, pura y simple de los dineros de la nación, con la total complicidad del “Estado revolucionario”.

Ese saqueo de la riqueza nacional y la destrucción de toda la actividad económica privada llevaron a nuestra nación a la actual situación de hambruna, en la que se encuentran cerca de 16 millones de seres humanos, cuyos ingresos no llegan a cuatro dólares al mes.

Resulta imposible, para cualquier ser en el planeta, acceder a los alimentos fundamentales con un ingreso como el que ha establecido Nicolás Maduro y su camarilla usurpadora. El contingente de personas que pueden acceder por trabajos, remesas o rentas a un ingreso en divisas no llega al diez por ciento de la población. Sabemos que el volumen de recursos financieros en divisas circulando en la agónica economía venezolana es muy pequeño y está concentrado, en cuanto a su volumen, en un número mucho menor.

Esta hambruna está en crecimiento. Cada día más seres humanos tienen menos recursos para comer; más personas mueren por carencia de alimentos y medicinas. Mientras esto pasa a Maduro solo se le ocurre anunciar su disposición a comprar misiles a Irán. Dicha política la comunicó en los siguientes términos:

“Qué buena idea hablar con Irán y ver qué misiles tienen de corto, mediano y largo alcance y si está en nuestras posibilidades, dado las grandes relaciones que tenemos con Irán, comprar baterías misilísticas para reforzar la defensa aérea, antiaérea, terrestre, misilística de Venezuela”, señaló Maduro para después instruir al ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, evaluar dicha posibilidad con Irán.” (https://www.hispantv.com/noticias/venezuela/475201/iran-misiles-maduro)

Esa insensata declaración nos coloca en la auténtica dimensión ética de un régimen que solo está interesado en aferrarse al poder. No le importa para nada el hambre, la muerte y la pobreza que, avasallantes, se abren paso en toda la geografía venezolana.

Luego del demoledor informe de la Consejo de derechos humanos de la ONU declarando a Maduro y a su entorno como responsables de crímenes de lesa humanidad, la hambruna, en pleno desarrollo, asume el carácter de un democidio doloso, ejecutado con premeditación y alevosía por la cúpula roja. La comunidad internacional tendrá, pronto, nuevas preocupaciones cuando se conozca la segunda ola de la brutal migración venezolana. A ella me referiré en mi próxima entrega.

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