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La neoliberal Ley Antibloqueo es un nuevo “fujimorazo” de Maduro

El “Fujimorazo” de Maduro

Mansilla***Huida hacia adelante con la ley “antibloqueo”

Por ROBERTO MANSILLA BLANCO – Corresponsal en España

La “ley antibloqueo” aprobada por la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente es el último cartucho que Maduro lanza para asegurar su poder absoluto en la atribulada Venezuela.

En silencio, por la vía unilateral y a la desesperada. Así es como el régimen usurpador de Nicolás Maduro opera de facto. La última opereta ha sido la denominada “ley antibloqueo” aprobada el pasado 8 de octubre por la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que le otorga al usurpador poderes extraordinarios para aprobar nuevos acuerdos petroleros “con empresas privadas tanto nacionales como  firmas extranjeras”.

La ya bautizada como “ley antibloqueo” tiene a priori un objetivo claro: buscar liquidez financiera y apoyos importantes para mantener la farsa electoral del próximo 6D. No es casual que fuera la ANC el “maestro de ceremonias” de este “Fujimorazo” en miniatura.

¿”Antibloqueo” y “neoliberal”?

Maduro, muy probablemente con la asesoría cubana y la anuencia rusa, lanza un nuevo órdago. Es una especie de nueva “ley habilitante” con poderes excepcionales y extraordinarios para, curiosamente, ofrecer a la desesperada la “gallina de los huevos de oro”: concesiones petroleras a cambio de dinero y apoyos. Y allí Cuba, China y Rusia, entre otros, tienen intereses estratégicos.

De este modo, ¿estamos ante la fase del Maduro “neoliberal”? Desde el propio PSUV y altas esferas del régimen, algunas críticas han aflorado. Una de ellas ha sido la del exvicepresidente Elías Jaua, figura emblemática del chavismo metamorfoseado en “madurismo”. Pero también el histórico Partido Comunista de Venezuela (PCV) ha mostrado su descontento.

Otros críticos han cuestionado que Maduro giró hacia el neoliberalismo traicionando “el legado de Chávez”. Incluso miembros de la ANC se quejaron de que no se les permitió tener acceso al texto.

Unos 400 miembros de la ANC llegaron incluso a considerar que, en los tres años de duración que lleva este cuerpo ilegítimo, prácticamente no se les ha tomado en cuenta su votación y participación y que los temas de la agenda que se discuten allí no son bajo consenso ni previamente informados. Que la ley es obra de Maduro, Diosdado y Hermánn Escarrá y que se ha aprobado sin discusión, en secreto.

La realidad es clara: Maduro no tiene dinero. Y cuando vienen elecciones, aunque sean una farsa, hace falta liquidez en la calle. Y mucho más cuando el país arde por los cuatro costados, con protestas en el interior por falta de gasolina y servicios básicos. Al “madurismo” le hace falta liquidez rápida y contante, aunque la hiperinflación la reduzca a la nada. Y para ello debe hipotecar las riquezas del país.

Pero la ley tiene otros intereses. Maduro y sus aliados exteriores ven imprescindible consolidar a la “boliburguesía madurista” como el nuevo establishment del poder en Venezuela con el que hay que acordar todo tipo de negociaciones, principalmente el usufructo de las riquezas nacionales. Y esta perspectiva aplica, incluso, si el propio régimen de Maduro llegase eventualmente a caer y en Venezuela se propicie una transición de poder.

Desfavorable panorama exterior

Por ello, Maduro sabe muy bien lo que se juega: su supervivencia política y la de su régimen. Algo imprescindible para él en este momento en que el contexto internacional no le favorece.

Maduro sabe que el “plan Borrell” naufragó en la UE. El propio Borrell, interpelado el pasado miércoles ante el Parlamento Europeo en vísperas de la aprobación de la ley “antibloqueo” en la ANC, ha visto como su disparatada misión a Caracas, sin aprobación de Bruselas, le ha dejado muy mal parado: Maduro ya dijo que no aplazará las elecciones del 6D.

Por si fuera poco, hasta un aliado como la Argentina “postkirchnerista” de Alberto Fernández le ha dado súbitamente la espalda. Buenos Aires votó en contra de Maduro en la discusión en la ONU por el informe de violaciones de derechos humanos perpetrados por el régimen “madurista”. Una decisión que está abriendo una grieta en el seno del gobierno de Fernández, en particular por sus miembros “kirchneristas”.

Pero Maduro también sabe que Trump comienza a tener la sartén por el mango en EE.UU. y, aunque las encuestas parecen no favorecerlo, el mandatario ya aparentemente libre de COVID 19 da la impresión de que cabalga firme hacia la reelección en la Casa Blanca.

Por ello, Maduro sabe que el “paraíso socialista” es una falacia en la atormentada Venezuela de 2020. La situación es cada vez más inaguantable. Y por ello hay que dar un vuelco. Un giro audaz, inesperado, pero que parece más bien una huida hacia adelante hacia el poder absoluto, así sea negociando con el “capitalismo salvaje”, con sus aliados rusos y chinos, iraníes, cubanos y árabes.

Y eso el régimen castrista en La Habana lo sabe muy bien. Venezuela es la perla codiciada que no pueden perder. Y mucho más con Trump y el lobby anticastrista merodeando por la Casa Blanca en tiempo de elecciones, tanto en EE.UU. como en Venezuela.

Para La Habana y su evidente poder de control en Venezuela, hay que atar a Maduro en el poder como sea. Incluso con recetas neoliberales. Esa misma receta que el castrismo ya usó en la Cuba del período especial de los años noventa, cuando la ayuda soviética desapareció, antes de que apareciera el “ángel salvador” de Chávez.

La mano de Putin

La ley antibloqueo de Maduro aparece cuando las redes sociales hierven con el video de Luis Parra pillado contando dólares en un baño. Por ello, la ley vía ANC se impone como imprescindible. Precisamente, Luis Parra, que parecía un fantasma efímero del pasado, reaparece justo ahora aunque sea contando billetes.

Parra sigue siendo la pieza que el “madurismo” quiere para presidir una próxima Asamblea Nacional elegida de manera fraudulenta. Sepultar la verdadera y actual Asamblea Nacional que fue elegida desde 2015 con una mayoría abrumadora de  la oposición es el objetivo estratégico de Maduro con Parra al frente, precisamente porque ese poder legislativo ha truncado la operación maestra de toda esta opereta bufa: CITGO en manos de Rosneft, lo que es decir del Kremlin.

Aquí se impone la malévola dinámica geopolítica que siempre anda presente. Y el nombre de Parra está también ligado de alguna forma al maestro de ceremonias que siempre aparece en estas ocasiones: Vladimir Putin.

Hay que observar bien la maniobra del Kremlin: mientras a Maduro le aprueba la ilegítima ANC una neoliberal “ley antibloqueo”, simultáneamente en Minsk, el sátrapa bielorruso Aleksandr Lukashenko hacía gala de parodia propangandística de corte soviético visitando a presos políticos en una escenografía con visos de mandar un mensaje a Occidente: ceder y negociar, aunque sea en ficción.

Por supuesto, no se hizo público qué fue lo que habló Lukashenko con los presos políticos bielorrusos, toda vez la UE oficialmente no le reconoce la fraudulenta reelección de agosto pasado. Y la oposición bielorrusa sigue en la calle, movilizándose ahora a través de diversas estrategias.

Pero es que la “ley antibloqueo” de Maduro también es una oda a la opacidad y al secretismo. Según reseñó la BBC, esta ley tiene “carácter confidencial o de divulgación limitada a cualquier expediente, documento, información, hecho, circunstancia” que Maduro considere pertinente, prohibiendo así el acceso a toda “documentación que haya sido clasificada como confidencial o reservada”.

La ONG venezolana PROVEA consideró que la “ley antibloqueo” aprobaba por la ANC a Maduro “viola la Constitución” venezolana y “fortalece el carácter autoritario” del régimen usurpador. “Es prácticamente privatizar los activos de la República bajo un manto de poca transparencia y mucha discrecionalidad”, señala la ONG.

Demasiado “confidencial”, “discrecional”, “reservado”, opaco, secreto. Como le gusta operar a los grandes centros de poder. Que no es Miraflores, precisamente. Que parecen ser más bien el Kremlin, el Palacio de la Revolución en La Habana, o el de Beijing. Una especie de elección “a la búlgara”, sin consenso y previamente aprobado, como en los mejores tiempos del socialismo en Europa del Este.

La pregunta es: ¿a qué se debe este súbito cambio de estrategias tanto en Maduro como en Lukashenko? ¿No tendrán en esto nada que ver las tácticas geopolíticas de Putin, con la eficaz capacidad operativa del castrismo? ¿Apostar por el “gatopardismo”, el “cambiar para no cambiar nada”? ¿Una operación propagandística para ganar lo más valioso en estos momentos: tiempo para mantener a sus aliados, o peones, en el poder?

El “Fujimorazo” de Maduro parece una operación calculada a la desesperada. Pero la bomba de relojería en la que se ha convertido Venezuela es una incógnita en todos los sentidos. Mucho depende de lo que suceda en el exterior. ¿Próximo capítulo? Las presidenciales estadounidenses, con Trump buscando la reelección. Otra opereta donde todos los intereses entran en juego.

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