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España: Guerra civil, lo que verdaderamente fue lo de ETA

Civil War

prieto

No soy una persona que juzgue a los demás. Me limito a analizar los actos de quien me rodea (o me gobierna). Y en todo caso, cuando asisto a un consejo de guerra (últimamente, demasiado a menudo), me puede la indulgencia y me veo buscando antecedentes del acusado. Atenuantes y eximentes siempre.
He leído estos días que casi nadie en España sabe una mierda de lo que fue ETA. Que los menores de 35 años desconocen en un 70% quién fue Miguel Ángel Blanco y qué significó su secuestro y asesinato con macabra cuenta atrás.
¿Tanto usamos en España lo de pasar página?
Cuando los terroristas cazaron a aquel concejal de un pueblito vizcaíno en julio de 1997, creímos que se acababa el silencio: los bares donde se reunían, chuleando, los partidarios del tiro en la nuca fueron acosados y sus clientes, increpados. Hasta ese día, nadie había levantado la voz, ni siquiera la mirada, al pasar ante sus carteles, ésos que glorificaban a los héroes de la extorsión y la dinamita como quien saca santos bajo palio.
Aquel día, los agentes de intervención de la Ertzaintza, la policía autonómica vasca, se quitaron el pasamontañas con el que embozaban su vergüenza en la calle. Hay que joderse… la prenda se llama también el verdugo, y eso que ellos eran también víctimas. Y ese día -siempre recordaré la imagen- se liberaron, como quien toma aire. Aire libre.
Pero no. Este 21 de octubre se cumplen nueve años del fin oficial de ETA y ahora… el silencio. Nos hemos olvidado. Pareciera que toneladas de tierra sepultan esa historia criminal junto con sus casi 829 asesinados. Será para que no nos llegue el hedor a muerto. A la indignidad de un país que pudre su memoria.
Lo hemos acallado, por el bien de la reconciliación nos dicen. Mientras nos borran una memoria, nos inoculan otra a las varias generaciones que ya nacimos con el dictador listo de papeles. Es lo que tiene la mente en blanco, supongo, que es como una cinta virgen.
Yo siempre veo atenuantes, decía, y claro que veo la intención de prevalecer a los que traen la nueva Ley de Memoria al Congreso, la necesidad de ganar para siempre la batalla del relato. Pero de verdad creo que quienes lo hacen, lo hacen convencidos de que las cosas fueron como nos las quieren enseñar/imponer. También cuando me despertaba una bomba a pocas calles de mi cama, o la radio me desvelaba con que en el camino al trabajo mi mujer había sorteado con fortuna un atentado que otros no habían logrado esquivar, yo trataba de pensar que el hijoputa ése de la txapela y la pistola tenía una madre a la que besaba los domingos.
Antes, la mujer del César tenía que ser casta y parecerlo. Hoy no nos importa lo puta que fuera ni que todos lo supiéramos, basta que no se publique. Y así, con tantas mentes blanqueadas, llegará un día en que nos quieran imponer/contar que lo de ETA fue, por ejemplo, una guerra civil. Y mira, no.

*** Alberto D. Prieto es corresponsal político de EL ESPAÑOL 
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