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CARDENAL BALTAZAR PORRAS CARDOZO: 75 años de Avec

75 años de Avec

Baltazar Porras
Cardenal Baltazar Porras.

La crónica menor – CARDENAL BALTAZAR PORRAS CARDOZO

El 4 de octubre de 1945, pocos días antes del golpe que derrocó a Medina Angarita, el Padre Carlos Guillermo Plaza, sj., fundó la Asociación Venezolana de Educación Católica, AVEC, impulsada por la celebración continental, meses antes en Bogotá, del primer congreso de educación católica. Eran años difíciles y polémicos. Guzmán Blanco en el siglo XIX, cercenó la labor educativa y la presencia de las congregaciones religiosas en el país. Años más tarde, durante el guzmancismo sin Guzmán y durante las dictaduras andinas, tímidamente comenzaron a llegar, órdenes y congregaciones religiosas para dedicarse a dos campos semiabandonados por los gobiernos de entonces: la salud y la educación.

Poco a poco se fueron abriendo colegios de varones y de niñas que tuvieron gran acogida en la población por la calidad y seriedad de lo que allí se impartía. La herencia positivista y la ideología del estado docente como único regente de la educación generaron roces y desencuentros que se incrementaron después de la muerte del dictador de La Mulera. Surgieron gremios e instituciones en el campo educacional con efervescencia inusitada que postulaba el que la Iglesia también tuviera un organismo que presentara y defendiera su programa educativo.

Fue providencial que apareciera AVEC antes del 18 de octubre, pues el trienio siguiente -45-48-, estuvo plagado de enfrentamientos y polémicas por las diatribas políticas de aquellos años. El famoso y desacertado decreto 321 del año 1946, y al siguiente la constitución del 47 y la ley orgánica de educación nacional del 48, dan fe de ello, y explican los documentos colectivos del episcopado, y las gestiones de la naciente asociación, en la defensa de la educación privada. Uno de los argumentos más socorridos era la acusación del elitismo de la educación católica, en parte cierta, lo que llevó durante los años de la dictadura perezjimenista a la expansión de la educación católica en sectores populares y en el interior del país, y la aparición de proyectos como Fe y Alegría, la capacitación para el trabajo y la atención a la educación informal en los años siguientes.

Tuve la suerte de ser presidente de AVEC-Guárico en mis primeros años sacerdotales, y constatar el entusiasmo y dedicación del Padre Genaro Aguirre, sj., en este campo. No ha sido fácil ni cómodo, pero por los frutos los conoceréis como dice el evangelio, el trabajo tesonero de la AVEC en este campo, lo que se manifiesta en la calidad y en la presencia en sectores poco atendidos por el Estado. Además, y como obispo, doy fe de las aprehensiones del oficialismo para dar a cuentagotas el apoyo a la educación católica para conceder un estatuto jurídico más sólido a la educación privada en general, que debe, año tras año, solicitar unos recursos que no son para beneficio de la institución eclesiástica sino para los alumnos y personal que labora en nuestros centros.

Los tiempos actuales tampoco son cómodos, pero la exigencia evangelizadora de ser iglesia en salida, abierta a todos, pero con preferencia a los de menores recursos, da fe de ello. La organización nacional y estadal, la exigencia de trasparencia en todos los campos, y la convicción de que debemos estar presentes como servidores, no con afanes proselitistas, sino sin despegar los pies de la tierra para no perder el rumbo hacia el cielo. En el año 2000 el entonces arzobispo de Buenos Aires invitaba a reflexionar sobre la esperanza, “pero no sobre una esperanza light, desvitalizada, separada del drama de la existencia humana. Interrogaremos a la esperanza a partir de los problemas más hondos que nos aquejan y que constituyen nuestra lucha cotidiana, en nuestra tarea educativa, en nuestra convivencia y en nuestra misma interioridad”.

A 75 años de distancia, la AVEC agradece las mieles del pasado, saborea los sinsabores del camino, pero con la frente en alto, no tiene otra misión sino ser fiel a Jesús, a su evangelio, y a nuestra gente, medida auténtica del verdadero amor a Dios y al prójimo. Reconozcamos, como nos pide el Papa Francisco en Fratelli tutti, que “Cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una etapa nueva. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas” (n.77).

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