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Un sueño tras el debate de EE.UU.: ¿Y si Maduro acepta carearse con la oposición?

Un sueño tras el debate de EE.UU.: ¿Y si Maduro acepta carearse con la oposición?

 *** ¿Se atrevería Nicolás Maduro a presentarse a un debate ante el país como lo hicieron Trump y Biden, o el cargo no se lo permite?

Balcón del ciudadano – Gerson Revanales

El esperado segundo debate Trump-Biden se desarrolló sin mayores sorpresas. Trump logró mantener la calma frente su acostumbrada actitud arrolladora; Biden, por el contrario, exhibió su imagen insípida y paternal mientras que la conductora del encuentro, una bella periodista interracial llamada Kristen Welker (egresada de Harvard) demostró su profesionalismo. Me gustó. No obstante lo que significaba el match presidencial para el pueblo americano, los votantes (incluidos los venezolanos) no envió un mensaje claro sobre qué esperar por parte de quién resultará vencedor.

Los cinco temas tratados no tuvieron nada novedoso: Trump en sus respuestas fue claro, preciso y contundente. El gobernador de NY fue duramente cuestionado por Trump por convertir la Gran Manzana en un Dead Walking City en el manejo de la pandemia, que fue el primero de los temas. Con respecto a su oposición al “Obama Care” consideró que era una oferta engañosa de los demócratas, en la cual ni ellos mismos creen en ella, ya que Biden (en sus ocho años en la vicepresidencia) poco fue lo que hizo por sacarla adelante. De igual forma se refirió a los ataques demócratas a una orden ejecutiva eliminando las barreras regulatorias innecesarias para la producción farmacéutica y respaldará los procesos de fabricación avanzados que mantendrán bajos los precios de los medicamentos en beneficio del pueblo, permitiendo a las empresas americanas competir en el exterior.

En concreto, Trump dejó claro que las ofertas del partido Demócrata son populistas, electoralistas y demagógicas.

El momento crucial del encuentro fueron los duros señalamientos de Trump respecto de la honestidad de Biden y su familia. Sobre Biden, sus vínculos con los servicios secretos y hackers rusos, iraníes y chinos en las elecciones presidenciales y sobre su hijo y su exitosa carrera en los negocios durante su paso por el 1600 Penn Avenue, Washington, DC, hasta convertirse en un rich man, lo cual sonó a bolichico. Las denuncias de Trump levantaron las suficientes dudas razonables entre quienes pensaban votar por los Demócratas.

La estrategia de ambos candidatos fue clara desde un principio. Mr. Biden se centró en cuestionar las políticas de Trump y proponer simplemente una oferta electoral populista y demagógica, como la de otorgar papeles a 11 millones de indocumentados. Mientras que Trump, como era lógico, se ocupó de defender su gestión. Tan es así que ante dos temas delicados y complicados como el cambio climático y la seguridad energética, sus respuestas fueron contundentes.

Sobre cambio climático recordó que su gobierno y la industria americana habían invertido millones en cumplir con las metas del COP 21 de reducir el recalentamiento global y las emisiones en más del 80 por ciento antes de 2030; mientras que dudaba de que si los demócratas llegaban a gobernar sus amigos, los chinos e indios -los países más contaminantes- cumplirían con estos objetivos.

En cuanto a la seguridad energética, le recordó a Biden que sus políticas en apoyo al fracking y lutitas habían logrado que EE.UU. energéticamente fuera independiente y dejara de depender de otros países que hace poco se tenían como fuentes seguras y confiables. Para Trump esto daba seguridad al pueblo americano en todos los sentidos, por lo que los cuestionamientos de Biden eran una oferta populista y engañosa.

Esta introducción es para revelar un sueño postdebate. Al momento de despertarme había soñado que a alguien se le había ocurrido pedir un debate ¿por qué no? Por qué no exigir un debate entre el presidente de unos y el presidente de otros; entre el legítimo y el ilegítimo; entre Maduro y Guaidó, o mejor entre Maduro y Ramos Allup, si Maduro piensa que este chamo con cuatro esferas es poco para él.

Maduro, muchas veces, ha dicho que está dispuesto a hablar con el mismo diablo entonces por qué no se decide y baja a las catacumbas para debatir con la oposición “satánica”. Por qué no se atreve a discutir ante las cámaras de TV las razones de la presencia cubana, las relaciones con las FARC-ELN; los ataques a la prensa. Por qué los jubilados tenemos que recibir menos de un dólar como pensión. Por qué no salir del Olimpo a debatir como lo hicieron Trump y Biden. O es que acaso con la excusa de que su posición no se lo permite, o como decía el desaparecido “Águila no caza moscas” será que el mosquero o el chiripero a veces causan urticaria o, mejor, sorpresas como tararea Pedro Navaja por los oscuros callejones de la vida.

El ambiente político, social y económico amerita darle explicaciones a ese ciudadano que vive en la penumbra y las penurias. Por ello, para no dividirnos entre izquierda y derecha, un debate entre el representante del populismo y la demagogia con un líder de la democracia, le pudieran limpiar la imagen a un régimen que en más de 20 años solo le ha dado a los defensores de la revolución pan y circo mientras que a los opositores les ha dado sangre por protestar, sudor en las colas y lágrimas ante la impunidad.

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J. Gerson Revanales M

Balcón del Ciudadano. Internacionalista. Post Doctorado RR.II Embajador de Carrera por concurso

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