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Trump vs Trump: Por qué el presidente puede estar cerca de hacer maletas

Trump vs Trump: Por qué el presidente está a punto de hacer maletas

francisco poleo

Por FRANCISCO POLEO

Donald Trump pataleará hasta el final. De hecho, probablemente quedará vivo políticamente, él y su dinastía familiar. Seguiremos escuchando del rubio. Lo cierto es que, si los reconteos confirman los resultados, Joe Biden es el próximo inquilino de la Casa Blanca. Por un pelito.

En estas mismas líneas, y en redes sociales, y en cuanta tarima nos dieran, advertimos desde hace tiempo que no habría paliza por parte de nadie. Ni marea roja ni marea azul. Lo primero, y que me perdonen los estadísticos, es que las encuestas rodaron. No es la primera vez. Volvieron a vender la moto de una victoria arrolladora del candidato demócrata y por poco no termina dándose nuevamente la victoria republicana. La contienda fue tan cerrada que, a las 2 pm del 04 de noviembre, todavía no hay ganador oficial.

Trump vs Trump

El mensaje de Trump cala. Hay una mitad del país que se niega a entregar su modus vivendi. Y, sin que este cronista sea conservador, debe aceptar que es grosera la forma en la que el liberalismo impone su visión del mundo. Es indignante cómo se ha dejado a la deriva a quienes no hacen la corte a las élites de las metrópolis. Aunque Joe Biden se haya vendido como el hijo de un pequeño pueblo de Pensilvania, la verdad es que el habitante de las zonas rurales se identifica más con el discurso del irreverente hijo de la Quinta Avenida de Nueva York. Donald, que en su vida ha tenido que sufrir las penurias del “little guy”, simplemente lee mejor el escenario.

Al final, si todo se mantiene, Biden no venció a Trump. Trump venció a Trump. Lo determinante para el presidente ¿saliente? fue perder Arizona, feudo tradicionalmente republicano. Todavía puede ganarlo mediante un reconteo, pero este botín debía haberlo tenido sin esfuerzo. El estado fronterizo no cambiaba de bando desde 1996, y no lo hubiera hecho en 2020 si al niuyorquino no se le hubiera ocurrido cazar una pelea con el legendario John McCain. Como un elefante en una tienda de cristal, Donald llegó a decir que el ex senador no era ningún héroe de guerra por el hecho de que fue capturado durante cinco años y medio por los vietnamitas. Craso error. Quemó los puentes con buena parte del sector más tradicional de su partido y los McCain, caciques en Arizona, hasta hicieron campaña en su contra. 11 votos electorales menos que hubieran cambiado mucho el panorama. Parece que John se vengó desde el más allá.

A las 2:30 am, Trump tomó la palabra desde el Ala Este de la Casa Blanca. Se declaró ganador. Hasta ahí, todo normal. En honor a la verdad, un par de horas antes Biden había hecho lo mismo. Lo grave fue cuando el presidente empezó a cantar fraude cuando todavía el conteo de votos estaba en curso. Como venía anunciando desde hace tiempo, arremetió contra el voto por correo por, súbitamente, favorecer a su rival. Busquemos el contexto. Este tipo de votación, en su mayoría proveniente de los grandes centros urbanos, usualmente favorece a los demócratas, reyes en este tipo de lugares. Lógicamente, este partido hizo muchísimo hincapié en votar de esta manera, apalancándose en la válida excusa de la pandemia. Previendo la inusual catarata de votos en este sentido, los comités electorales pidieron a sus congresos locales autorización para contar los votos con anticipación. En donde mandan los republicanos, el permiso fue denegado. El argumento era que los votos se cuentan el día formal de la elección. La realidad es que seguían la línea del comando de campaña oficialista: deslegitimar este método ampliamente favorable a Biden.

Entonces, llegado el momento de contar los votos por correo, se volteó la tortilla. Trump pudo haber esperado hasta el final de los conteos para pedir, en su derecho, el reconteo, como pide en Wisconsin al momento de escribir estas líneas. Tenemos el precedente de Florida en la elección del 2000, en donde el reconteo y la batalla judicial terminaron decantando la balanza presidencial a favor de George W. Bush. Pero, nuevamente, los frenos largos, lo mismo que le ocurrió a la hora de arremeter innecesariamente contra McCain. De paso, con esa intemperancia, abrió la caja de Pandora y cualquier disturbio que ocurra ahora puede endosársele, cuando era más bien la extrema izquierda la que estaba tomando las calles anteriormente.

Futuro gris

Si Trump termina perdiendo la Casa Blanca, lo determinante será el Senado. El Partido Demócrata sigue controlando la Cámara Alta del Congreso, pero perdió escaños. Si el Partido Republicano retiene la Cámara Alta, el contrapeso será más fácil. A corto plazo, el juego puede trancarse en temas como un nuevo estímulo a la economía, afectando a un mercado bursátil que ya de por sí no ve con buenos ojos una presidencia de Biden por su cohabitación con sectores muy izquierdistas. Sin embargo, los senadores republicanos pueden ser un dique contra la marea progresista de los Sanders, Warren, entre otros, si mantienen la mayoría actual. A largo plazo, será mejor para la economía y, paradójicamente, puede hasta ser una bendición inconfesable para el propio Biden, quien en ese obstáculo encontraría la excusa perfecta para no entregarse a sus ultras.

El Partido Demócrata, a pesar de su victoria, deberá revisarse profundamente. Tenían todo para vencer de forma atronadora, pero la blandura frente a temas bandera de la extrema izquierda casi le termina dando la victoria a Trump. Ahí tenemos el caso de los violentos disturbios vividos durante buena parte del 2020. En realidades como la de Florida, la directiva del partido en ese estado debe tomar decisiones determinantes, sobre todo en el condado de Miami Dade. Quienes están al frente deberían, si tienen algo de vergüenza, poner el cargo a la orden. Desconectados absolutamente de la realidad local, hicieron campaña como si los latinos de la frontera con México fueran los mismos de la península. Los problemas de los mexicanos en absoluto son los mismos que los de los cubanos, colombianos o venezolanos, entre otros. Es un insulto meterlos a todos en un mismo saco. Dos escaños sólidos en la capital del sol fueron a parar en manos de republicanos precisamente por esta terrible estrategia. Sí, Biden ganó, pero lo cierto es que Trump perdió aquí en 2016 por 30% y ahora lo hizo por 7%. De hecho, la estrategia ni siquiera les funcionó en la frontera. En Texas está el condado Starr, el más latino de EE.UU. Su población es 96% latina. En 2016, Clinton ganó con más de 60% de diferencia. En 2020, Biden ganó con sólo 5% de ventaja.

Los latinos tienen problemas mucho más importantes que llamarse a sí mismos “latinx”.

El futuro del Partido Republicano luce menos claro. Dependerá de cuán vivo quede el trumpismo, con su familia o con el propio Donald para el 2024, algo que no se puede descartar. Su mensaje ha calado en el republicanismo. Tocará ver quién le puede hacer sombra al todavía presidente y qué tan bien lo logre hacer Biden en la presidencial, una gran incógnita. Al igual que la élite tradicional demócrata dará la pelea por recuperar su partido de los extremos, la contraparte republicana hará lo mismo. ¿Podrá? Deberá andar con pinzas, porque no le bastará con simplemente rechazar los últimos cuatro años. Deberá demostrarle a la base que la comprende y convencerla de que hay un mejor camino para alcanzar sus legítimos deseos.

La estabilidad de Estados Unidos está en liza, pero aún así no hay país más confiable en el mundo para salir de un atolladero como éste por las fortalezas de sus instituciones.

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