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Venezuela: La sociedad de los bodegones

La sociedad de los bodegones

 ***La política de los bodegones representa un fraude a la ley y es un atentado contra la industria nacional al crear y estimular la producción y el empleo en otros países.

Por J. GERSON REVANALES

El libro La sociedad de los poetas muertos es una adaptación literaria del guión publicado por Tom Schulman en 1989, para un largometraje homónimo, el cual trata sobre unos estudiantes que no entienden la locución latina “carpe diem” que significa “vive el momento”. Dicho concepto perfectamente se ajusta al nuevo modelo comercial que puede llamarse “la sociedad de los bodegones”, para quienes ven en esta franquicia antinacional la panacea de sus necesidades y sueños consumistas, cuando en camisas hawaianas, shorts y docksiders mayameros se retrotraen a los viejos tiempos del “ta barato y dame dos, cuando papá les llevaba de vacaciones a Disney”. Era la Gran Venezuela. Lo que no me cuadra es la contradicción entre el socialismo del siglo XXI, según el cual ser rico es malo y la cultura y gustos por el American way of life.

La necesidad del régimen de abrir una ventana a la escases inducida del aparato productivo a la falta de divisas y ante la imposibilidad de los enchufados y bolichicos, quienes son los únicos que disponen de posibilidades para viajar al exterior, pero no lo pueden hacer por causa de la pandemia. Los bodegones representan una perversión al dar una sensación de virtual abundancia en contra de la economía nacional.

Abrir las puertas a la importación, sin impuestos, con un arancel cero, a través de esa modalidad del puerta a puerta, originalmente para usos personales y familiares para el envió de encomiendas, se ha convertido en un fraude a la ley, al ser utilizado para no pagar impuestos y evadir las legislaciones aduaneras. Es una bofetada al empresariado que con gran esfuerzo había hecho de su trabajo una punta de lanza para responder la demanda nacional, así como penetrar los mercados internacionales. Me pregunto ¿cómo quedan las cadenas productivas de industrias agrícolas como la del chocolate con el cacao de Chuao o de Barlovento, para competir con la demandada nucita, snicker, milkyway importados? ¿Qué futuro tiene la tradicional industria del café; la licorera con los rones, la cerveza y los vinos en una competencia desleal? Y no se diga más arriba con las desaparición de la industria automotriz o metalmecánica en la cual éramos líderes en el mercado andino.

La sociedad de los bodegones, como La sociedad de los poetas muertos, no representa una garantía para el desarrollo. Viven el carpe diem del momento, sin aportar ningún beneficio para el país. Mientras los gobiernos procuran proteger sus industrias nacionales, las políticas económicas del régimen (mucho antes de las sanciones de Trump) han venido acabando y asfixiando a todos los sectores productivos. No se digan las industrias básicas, sino el sector empresarial privado. Desde las flotas pesqueras, hasta la textil y del calzado con el dumping impuesto por los chinos. Y qué decir del cambio en la dieta del venezolano al tener que consumir por necesidad productos con sabor a otras culturas como la persa, árabe, india y asiática.

La protección a la industria nacional es urgente. Hay que volver al llamado consumo venezolano; al “Tun Tun”, al “coman huevo”, al “Avon llama”, como una forma de estimular la producción nacional que hoy está en ruina.

La política de los bodegones no puede ser una alternativa ni una solución a las escasez y falta de ciertos productos. Es necesario reactivar la producción nacional con políticas claras, con el apoyo de la banca oficial y privada al sector productivo: con créditos para la renovación del parque industria, adquisición de nuevas tecnologías, apoyo al exportador, a través de BANCOEX, convertido en un elefante durmiente. Hay que crear un nuevo Instituto de Comercio Exterior adaptado a los nuevos retos del comercio internacional, y sobre todo el establecimiento de una política de promoción y protección de inversiones al margen de complejos comunistas de satanizar la inversión extranjera. En pocas palabras, hay que crear confianza y dar la seguridad jurídica necesaria. Y lo más seguro es que la nefasta política de los bodegones muera como la “sociedad de los poetas muertos”.

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J. Gerson Revanales M

Balcón del Ciudadano. Internacionalista. Post Doctorado RR.II Embajador de Carrera por concurso

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