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Por qué Trump no concede: El futuro del presidente

Por qué Trump no concede: El futuro del presidente

francisco poleo

Por FRANCISCO POLEO

A grandes rasgos, existen dos tipos de liderazgo: el carismático y el inspirador. El primero te hace sentir que es capaz de alcanzar cualquier meta que se proponga. El segundo te convence de que eres capaz de alcanzar cualquier meta que te propongas. En tiempos de populismo, el primero es el que germina con más facilidad. Donald Trump entra en esa primera categoría. Por eso, cuando le dice a sus seguidores que hubo un grandísimo fraude electoral y que él le dará vuelta, le creen a pie juntillas.

Pero, ¿cree Trump que lo robaron? En su personalidad narcisista, lo más probable es que sí, aunque las cortes hayan tenido que ir diciéndole, una y otra vez, y ya van más de veinte veces, que no. Que las presuntas pruebas no son admisibles. Ahora, ¿cree el presidente que podrá darle vuelta a esos resultados? Como siempre, veamos lo que hacen los políticos, no lo que dicen. La transición, realmente, ya está en marcha. La Casa Blanca abrió un apresurado proceso de licitación para proyectos de fracking, el método de explotación de gas y petróleo por fracturación hidráulica que tan poco les gusta a los Demócratas. Otra decisión determinante en este sentido es la apresurada retirada de tropas de Irak. Una administración confiada en que tiene cuatro años más por delante no entra en estas prisas de última hora.

Entonces, ¿por qué patalea tanto Trump? Si sabe que no podrá darle la vuelta a los resultados, ¿por qué no facilita una transición pacífica? No es Estados Unidos una república tercermundista, ni está a punto de convertirse en una. No es Trump un dictadorzuelo, ni está a punto de convertirse en uno. El análisis no es tan plano.

El pasado, el presente y el futuro de Trump

Lo más valioso que tiene Trump es su marca. “Mi visión es mi mejor activo. Sé lo que vende y sé lo que la gente quiere (…) Tengo casinos ostentosos porque la gente espera eso. No voy a construir el lobby del edificio de la IBM en un edificio Trump (…) La gente entiende que la casa en Florida (Mar-a-Lago) es un negocio. Podría vivir felizmente en un apartamento tipo estudio. De verdad. Las casas, los aviones y el yate son sólo inversiones. (…) Son arreglos para el show. El show es ‘Trump’ y tiene las funciones agotadas en todas partes. Me divierto haciéndolo y seguiré divirtiéndome haciéndolo, y creo que la mayoría de las personas lo disfrutan”.

Eso dijo Donald…hace treinta años. En 1990, concedió una entrevista a Playboy, muy seria, en la cual habló sin pelos en la lengua no sólo sobre su visión empresarial sino política. Muchas de las cosas que el Trump presidente hace ya las pensaba el cuarentón de entonces. Tenía identificado a un sector importante de la población que se siente desplazado por la globalización y los mercados abiertos, por ejemplo. Es el mismo mercado electoral que resiente que el mundo occidental está cambiando culturalmente. Son anti-inmigración. Como los políticos burócratas decidieron ignorar a ese grupo, este se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para el populismo de derechas. Cierto empresario niuyorquino, con visión de águila para el mercadeo y muy carismático, no dudó en montarse en esa ola para el mayor show de la marca Trump: la presidencia de los Estados Unidos de América.

Pero esa marca tiene un gran fundamento: el éxito total, perfecto. Por supuesto, tal cosa no existe. La perfección es una quimera, y Trump lo sabe. Varios han sido sus fracasos a lo largo de su carrera profesional: los casinos en Atlantic City, la Universidad Trump, etc. Tan así que, en quiebra y endeudado, logra reflotarse gracias a un programa televisivo, “El Aprendiz”. Eso le permitió embolsillarse 400 millones de dólares y salir adelante. ¿Qué tiene de malo eso? Es una historia de un tipo tenaz, que se cae y se vuelve a levantar…pero no perfecto. Recuerden, el narcisismo. Por eso, Trump no aceptará jamás que perdió las elecciones del 2020. Saldrá de la Casa Blanca dando portazos, vociferando que lo robaron, creando una matriz de opinión que le permita dar su próximo paso. Y no estará sólo. Sí, que perdió por más de seis millones de votos de diferencia y que Biden fue el más votado en la historia, pero el segundo fue Trump. Son casi 80 millones de estadounidenses que creyeron en su mensaje, porque el voto de su contrincante fue más anti-Trump que pro-Biden.

Para conservar al trumpismo, el presidente saliente debe cuidar su marca. Al menos, se asegura ser un factor absolutamente determinante en el Partido Republicano. Al máximo, regresar como candidato en el 2024, él o alguno de sus hijos. También tiene entre ceja y ceja su próxima aventura empresarial, conectada a la política: Trump TV, un canal de noticias que absorba la audiencia más conservadora de Fox News.

Seguiremos oyendo mucho de Trump después del 20 enero del 2021, el día de la ceremonia de traspaso de mando a la que seguramente no se presentará.

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