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Informe Político: Nos equivocamos con la democracia

El Índice Global de la Democracia del 2020, publicado por la Unidad de Investigación de The Economist.

¿Qué es Occidente? Occidente es, en esencia, su gran obra, la democracia liberal. A grosso modo, un sistema electoral con múltiples partidos, la separación de poderes, el imperio de la ley y el respeto a los derechos humanos.

Ben Rhodes, ex asesor de Obama, cuenta en su libro «The world as it is», lo que atormentaba al ex presidente el día en que dejaba la Casa Blanca. «¿Y si nos equivocamos?”, se preguntó. ¿En qué? En dar por sentado que la democracia liberal había llegado para quedarse. En creer que los valores de una sociedad abierta convencerían por sí mismos a sus enemigos. En que el capitalismo no sólo traería progreso económico sino también social y político. Cayó el comunismo originario en China y se desmoronó la Unión Soviética, pero eso no se tradujo en democracia.

Ya es casi una tradición que, año a año, el índice democrático de The Economist nos pinte un mundo menos libre. Este año, sólo 23 países son considerados como “democracias plenas”. El que debería estar a la vanguardia en estos temas, Estados Unidos, es una «democracia deficiente». Lo mismo ocurre con Francia, otro estandarte.

El covid-19 no es la única pandemia que nos azota. El agotamiento de la democracia ha minado el mapamundi de puntos populistas. Diestros y zurdos. El populismo no discrimina, y eso lo hace aún más peligroso. Bruselas y Washington deben entender eso. Si realmente quieren parar en seco a China y a Rusia, los principales promotores de esta desestabilización, entonces deben unirse por encima de todo. No más escuchar cantos de sirena cada vez que se abre la billetera china. No más creer que los rusos son europeos y, por tanto, occidentales. Los rusos son rusos, y ya.

El retorno de Estados Unidos al multilateralismo será vital para esto. Frenar el expansionismo chino y la desestabilización rusa pasa por poner orden en casa. Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bielorrusia son, según el índice de The Economist, los regímenes autoritarios en Occidente. No es coincidencia que  justamente esos países se comporten prácticamente como satélites de Moscú y de Beijing. Desmontar esas dictaduras no será tarea de un solo día, pero no es imposible con una visión pragmática del asunto.

Los regímenes de La Habana y de Minsk son los más difíciles de echar abajo, por longevidad el primero y por interés demasiado sensible para Rusia el segundo. Sin embargo, hay un camino en los otros dos, sobre todo en el caso de Venezuela por lo ya recorrido. En este sentido, debemos tener en cuenta que lo único que no deja dormir a la élite chavista son las sanciones individuales. Por eso, mientras más coordinada entre Washington y Bruselas sea esa estrategia, más efectiva será. La posibilidad de levantarlas es la única forma de sentarlos a negociar la transición a la democracia, ese nuevo mundo en el cual deben tener garantizada su posición.

Con Venezuela neutralizada, será más fácil desactivar al castrismo en Cuba y al orteguismo en Nicaragua.

Nos equivocamos, pero todavía estamos a tiempo de salvar la democracia liberal.