La prioridad de la agenda

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Por CÉSAR PÉREZ VIVAS

La semana anterior me referí en esta columna a la forma como deberíamos, según mi modesto punto de vista, hacer efectivo el mandato de la consulta popular. No hay duda de que el final de la usurpación de Nicolás Maduro y su camarilla constituye el eje transversal de la manifestación de voluntad expresada el pasado diciembre. Con sus aciertos y errores, ha sido ese el objetivo fundamental de la lucha de toda la sociedad democrática, que honestamente trabaja por el rescate del Estado de derecho.

Salir de Maduro y su entorno es la prioridad política de toda persona de bien. En mi entrega de la semana pasada expresé que hay dos formas para hacerlo: la vía de la fuerza o el camino de la política. Dejé claramente sentado que los ciudadanos y sus organizaciones solo disponemos de la última para rescatar la democracia. Comprendo a quienes consideran que por este camino no se logrará el objetivo. A quienes así piensan le respetamos sus convicciones. Solo les decimos que ellas no tienen porque impedir el ejercicio de la política, y además deberían ofrecer su concurso a las iniciativas que surjan del cuerpo societario y que logren tomar forma, hasta convertirse en manifestaciones claras e inequívocas de la voluntad mayoritaria de nuestro pueblo: cerrar este doloroso capítulo de nuestra historia llamado LA REVOLUCIÓN.

Se ha formulado un planteamiento ortodoxamente democrático: celebrar elecciones libres presidenciales y parlamentarias, que permitan elegir autoridades legítimas. Maduro ha reiterado una y otra vez su negativa a este planteamiento. Busca ganar tiempo con falsos diálogos, mientras incrementa el hostigamiento y la represión contra los actores de la oposición política. Entre tanto sigue adelantando su agenda. Sigue maniobrando para copar toda la estructura del Estado.

Ante ese cuadro nos mostramos lentos y descoordinados para responder de forma unitaria y efectiva. El grave silencio de la conducción política desconcierta y desmoviliza a nuestra ciudadanía.        

A ese clima ayuda el cerco informativo, impuesto por la brutal censura que la camarilla roja tiene establecida, así como la tragedia económica y social del país, que limita severamente la movilidad ciudadana, agudizada por el estado policial impuesto, con ocasión de la pandemia.

Teniendo claro que la prioridad es la salida de Maduro, entonces debemos centrar nuestra acción política en preparar el único instrumento disponible en la Constitución para colocar en manos del pueblo la decisión de mantenerlo o sacarlo del poder. Ese instrumento es el Referéndum Revocatorio establecido en el artículo 72 de la vigente Constitución de la República. Considero que la oposición verdadera (para diferenciarla de la simulada y cooperante) debe incorporar a su agenda esta herramienta.

Un apreciado amigo, jurista y maestro, me recomendaba plantear su incorporación en un eventual  acuerdo  para que se celebre previamente a las elecciones presidenciales y parlamentarias propuestas.

Luego, meditando sobre la naturaleza de la camarilla, conociendo su talante antidemocrático y fraudulento, llegué a la conclusión de que la dictadura no cederá nada, a menos que se le arranque por una gran presión interna de la sociedad organizada y movilizada, con la ayuda global de la Comunidad Internacional.

Otros amigos han reflexionado sobre el riesgo de generar una expectativa, que luego por la decisión de la cúpula roja de no abandonar el poder, “ni por las buenas, ni por las malas” como lo señaló el propio Maduro, se convierta en nueva frustración de nuestro pueblo.

A estos amigos les he señalado que la responsabilidad del liderazgo es definir una agenda; marcar una ruta hablándole con claridad a la ciudadanía. Nadie a estas alturas, luego de veinte años de una inmoral hegemonía, se puede llamar a engaños con los personajes de la barbarie. Apelar a la herramienta del Referéndum Revocatorio no significa que estamos recurriendo a un instrumento constitucional en un estado de derecho. Somos conscientes de la naturaleza delictiva de buena parte de esos personajes. El RR no es una autopista despejada hacia el cambio político. Ya el régimen, con ocasión de la tentativa de activación del 2016, lo convirtió en una difícil cancha de obstáculos dictando un reglamento que complejiza y dilata su implementación.

No obstante es un instrumento que puede ir progresivamente acuerpando, activando y movilizando a toda la sociedad democrática venezolana. Iniciar desde ya una tarea educativa sobre su naturaleza, su posibilidad de implementación en una dictadura como la que padecemos, nos permite a los dirigentes de la oposición política conectar con la sociedad, creando conciencia respecto de su potencialidad, sin desestimar  la vocación tramposa del régimen, para acerar el espíritu de lucha y estar en condiciones de lanzar con determinación una acción contundente.

Otro amigo, de la Cátedra de Derecho Constitucional de la UCV, ante mi invitación a trabajar en la implementación de las tareas para activarlo, me ofreció su opinión de que esa era una iniciativa a considerar el próximo 2022, cuando se cumple el tercer año del periodo constitucional. Le expresé que ese argumento era valedero en la cátedra de la universidad. Una interpretación gramatical o teleológica de la norma nos llevaría a esa conclusión. Pero le recordé que aquí no funciona el Derecho Constitucional formal, que aquí estamos en el Derecho Revolucionario. Es decir la interpretación de las normas constitucionales no se adelanta a partir de la lógica jurídica, sino del interés político o económico de la cúpula roja.

Le recordé que ellos adelantaron la elección presidencial en el 2018. Un proceso que ha debido efectuarse en diciembre de ese año, fue celebrado el 20 de mayo de 2018. El tercer año de dicha elección está próximo a cumplirse. De modo que no debemos esperar a enero del 2022. Debemos actuar ya, tomando esta fecha como la primera a despejar para marcar la activación del citado instrumento constitucional. Al final aceptó mi razonamiento.

Se trata de aprovechar dicha herramienta para organizar, unificar, movilizar y relanzar la lucha de la sociedad por el rescate de la democracia. Esta propuesta la podemos ir desarrollando, sin que otros mecanismos dejen de trabajarse. Llegada la hora, la misma se convertirá en una opción para encausar toda la fuerza de la sociedad venezolana que desea fervientemente, la salida del poder de Nicolás Maduro y su corrompida e ineficaz camarilla.

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