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«Fiesta mortal», el texto de la coronaboda que expuso al fiscal poeta de Maduro

«Fiesta mortal», el texto de la coronaboda que expuso al fiscal poeta de Maduro

Juan Manuel Muñoz y Milagros Mata Gil al momento de ser liberados. Foto cortesía Tal Cual.

Por FRANCISCO POLEO

Los esbirros de Maduro se llevaron detenidos a dos escritores por exponer, en un texto satírico, la parranda en la que estuvo Tarek William Saab, fiscal general del régimen, en febrero. La «coronaboda» terminó siendo un evento súper esparcidor del virus que tiene a Venezuela contra las cuerdas.

El poeta Juan Manuel Muñoz, conocido como «Moriche», y la novelista Milagros Mata Gil fueron detenidos en El Tigre, estado Anzoátegui, el pasado 31 de marzo. El 01 de abril fueron liberados, pero con régimen de presentación y con prohibición de referirse al caso. Por supuesto, a Saab y al resto de los asistentes a la boda, ni con el pétalo de una rosa. Mientras en todos los países se persiguen a quienes montan zaraos en la mitad de la pandemia, en Venezuela los protegen. Curiosamente, el fiscal de Maduro es un poeta frustrado. A continuación, el texto de la polémica.

I. El asunto es que el afán de figuración social de los recién vestidos resulta tan grande como lo es su narcisismo, variante de la estupidez. Entonces, enviaron y recibieron 800 invitaciones. Contrataron 200 personas para el manejo del catering, el bar y el servicio, ujieres, vigilancia, guardaespaldas, acomodadores, decoradores. Y eso sin mencionar el personal externo relacionado con los invitados al pantagruélico evento.

II. Dicen que la planner de bodas, empresaria ultraconocida, tenía síntomas de COVID, pero no estaba dispuesta a perder un contrato de seis cifras altas en dólares. Era acondicionar el Club Sirio en Lechería para la fiesta celebratoria de un matrimonio doble. Por ahí circulan las fotos. Novias de impoluto blanco y amplias faldas. Muy clásico todo. Damas enjoyadas a las que casi se les huele el perfume y otras, de cerradas túnicas con visos dorados y burkas, a las que casi se les siente el olor. Y todos sin tapaboca. Y todos abrazados. Nada de aislamiento social. Torres de pasapalos y dulces de la rica y exquisita variedad árabe. Comamos y bebamos, que luego moriremos. Carpe diem y todo el epicureismo de esa raza. La fiesta fue un éxito. Y más que las novias, las estrellas fueron, dicen, Tarek Saab y su madre Alía.

III. De El Tigre fueron en caravana alegre. Musulmanes y cristianos bien avenida. Por supuesto, nada de jamón. Nada que oloriera siquiera a cerdo. Ante todo, la higiene alimentaria según el Profeta.
Una o dos semanas después, comenzó la epidemia que ha hecho colapsar las clínicas y hospitales tanto de Barcelona y Puerto La Cruz como de las poblaciones circunvecinas. 600 contagiados y sumando. Algunos muertos. Los invitados a la boda y sus familiares y después sus empleados y los familiares de los empleados. La planner, el marido y todo el personal contratado para el servicio y la familia y los amigos. Decían que el propio Fiscal estaba infectado, pero vistas sus pesquisas faranduleras, quizá no.

IV. Hubo un tiempo en que la colonia árabe era modesta. Disfrutaban de sus ganancias, eso sí. Pero sin ostentación. Sus nuevas y desmadradas riquezas, insertados en el turbio y voraginoso cauce de los negocios con este desgobierno, los han hecho resbalar hacia la superficialidad del lujo mostrable y demostrable. Hacia la obscenidad y las secretas búsquedas de placer. No olvidemos el asunto de los suicidios acordados. La decadencia. La decadencia. Y aún falta. Pero de ésta, pagaron alguna consecuencia.