Boric hace énfasis en violaciones de Maduro a Derechos Humanos

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*** Infobae entrevistó al presidente chileno Gabriel Boric. Zeta reproduce extractos de la larga entrevista que tienen relevancia en Venezuela y en el mundo.

Con sólo 36 años, Gabriel Boric se transformó en la gran novedad política del continente al poner fin a la alternancia en el poder de las dos grandes coaliciones que gobernaron su país durante los últimos 30 años y convertirse en el presidente más joven de la historia de Chile. Su llegada a La Moneda, después de las masivas protestas sociales de 2019 y mientras se elabora una nueva Constitución, fue la última señal de que la dirigencia que sirvió para salir de la dictadura de Pinochet y crecer con estabilidad institucional, descenso de la pobreza y baja inflación hasta ubicar a su país en el escalón más alto de desarrollo en la región, ya no era capaz de dar respuestas a desafíos pendientes de larga data y nuevas demandas sociales.

En su país y en América Latina, el ex dirigente estudiantil y estrella naciente de la “nueva izquierda” genera entusiasmo y temores en dosis similares en diversos sectores. Antes de finalizar su primer viaje internacional en Buenos Aires, recibió a Infobae en la embajada chilena para una entrevista.

-Está cerca de cumplir su primer mes como el presidente más joven de la historia de su país, ¿Lo está disfrutando o lo está sufriendo?

-Es un proceso de aprendizaje permanente, de desafíos que no paran. Un presidente de una república amiga me dijo que ser presidente del siglo XXI es estar permanentemente administrando crisis. Y el problema es que si uno se dedica a administrar crisis, pierde el rumbo. Entonces es muy importante, a la vez que uno administra la coyuntura, tener muy claro hacia dónde quiere ir. Y yo he tratado de preocuparme de no ser un opinador de la coyuntura, sino más bien un presidente que esté pensando en cómo enfocar el barco hacia el puerto a donde vamos. Eso no es fácil. Seguramente traerá dificultades en términos de encuestas de opinión y cosas así, pero yo creo que es lo correcto pensar en el largo plazo más que solo en la próxima hora.

-¿Puede dormir bien o solo imaginar el trabajo que tiene por delante lo hace dormir poco?

-No, fíjate que tengo el don de poder quedarme dormido con facilidad a piacere. O sea, cuando quiero dormir, puedo acostarme y descansar. No todo lo que me gustaría, pero no tengo problemas de sueño. De hecho, sueño mucho. Tengo una imaginación muy fértil en esas horas.

-¿Y se acuerda los sueños?

-Me acuerdo los sueños y muchas veces los anoto. Que es una locura eso, porque ver el subconsciente a veces es extraño.

-Lamentablemente, en el último tiempo fueron noticia los capitales chilenos que se fueron de la Argentina…

-Pero, compañero, ¡no vea siempre la parte negativa! Eso es cierto hasta cierto período, pero en el último año el intercambio comercial entre Chile y Argentina aumentó un 30%. Entonces yo espero que logremos consolidar ese dato y que ambos países seamos capaces de darle seguridad jurídica a los inversionistas para que sea efectivamente atractivo invertir en cada uno de nuestros países.

-Usted dijo durante su campaña que Chile era reconocida como la cuna del neoliberalismo en América Latina y que se iba a encargar de que también sea la tumba del neoliberalismo. Quisiera que me precisara: ¿usted define como “neoliberalismo” a lo que hubo en Chile desde la dictadura de Pinochet hasta hoy?

-El neoliberalismo en Chile se instala a fines de la década de los 70, con el experimento que llevan adelante o la reconversión económica que llevan adelante los discípulos de Milton Friedman conocidos como Chicago Boys en el Plan laboral en el sistema de Seguridad Social, que es el sistema de AFP, en el incentivo a ciertas industrias como justamente la forestal, en la concepción subsidiaria del Estado que permea toda la Constitución actual y que después de tantos años de dictadura inevitablemente permeó la sociedad chilena. Estas no son cosas que se cambian por decreto, son cambios culturales que demoran mucho tiempo. No espero que en los cuatro años de nuestro mandato podamos cambiar todo lo que no nos gusta pero sí espero que logremos haber dado un giro de timón, no de manubrio de Fórmula 1, sino de timón de crucero gigante, de esos más lentos, que cuesta hacerlo porque hay que mantenerlo firme, y el neoliberalismo desde el punto de vista no solamente económico, sino también del individualismo o del sálvese quien pueda en materia de derechos sociales, que efectivamente nos interesa superarlo.

-Pero entonces el neoliberalismo también fue parte de los gobiernos de la Concertación de centroizquierda que gobernó Chile la mayor parte del tiempo desde el retorno de la democracia…

-¡Pero si todavía estamos con la misma Constitución! Y eso, tal como lo han dicho representantes importantes de lo que fueron los gobiernos democráticos post dictadura, la ingeniería con la que se armó el entramado institucional chileno estuvo hecha, en términos de sus mismos creadores, para que, aunque ganaran sus adversarios, no pudieran modificar sustantivamente las reglas del juego. Y es que en Chile no solamente nos privatizaron la salud, las pensiones, la educación, sino que privatizaron el concepto mismo del Estado y eso es algo que nosotros, adecuándonos a las discusiones que se han dado durante el último tiempo en el mundo, tenemos justamente que revertir. En Chile tenemos que crear un sistema de seguridad social, una educación pública mucho más fuerte, tenemos que crear un sistema de salud que no dependa de la cantidad de plata que tienes en el bolsillo la calidad de la salud a la que accedes y eso tiene que ver justamente con el entramado institucional.

-¿Usted cree que el modelo que aplicó Chile en los 30 años desde la recuperación democrática fue un fracaso?

-Creo que realizar juicios tan categóricos y palabras tan categóricas que son muy cuñeras, pero que no sirven para hacer políticas y no sirven para hacer análisis históricos complejos, sería un error de mi parte. Yo tengo una visión crítica del proceso de transición, pero también me parece evidente que tuvo éxitos innegables como por ejemplo en la fortaleza de sus instituciones o en la considerable reducción de la pobreza que se dio desde el gobierno de Aylwin en adelante. Incluso durante el gobierno del presidente Lagos, hubo una reducción bastante significativa de la desigualdad, no suficiente pero significativa para los términos de la desigualdad chilena. Entonces decir que estuvo todo mal, que fue un fracaso o, como decían otros, que esto era el paraíso de América Latina, que somos los jaguares de no sé qué… Ni lo uno ni lo otro. Tuvimos luces y sombras y tenemos que aprender de nuestra experiencia para poder mejorarla.

-Usted sabe que en comparación con la inestabilidad que viven la mayoría de los países de América Latina, Chile tuvo durante todo este período un importante aumento de su PBI, llegó al tener el Índice de Desarrollo Humano más alto de América Latina, baja pobreza, baja inflación…

-Pero mira lo que pasó en nuestro país en el año 2019…

-Por supuesto, también había demandas pendientes que estaban subterráneas, ¿no?

-Estaban totalmente subterráneas. Nosotros venimos de los movimientos sociales. Ahora, que yo venga de los movimientos sociales o que venga de quiénes hemos sido críticos justamente de los últimos gobiernos no significa que crea que se haya hecho todo mal. Si cada uno que llega al gobierno cree que se hizo todo mal antes, la verdad es que cuesta mucho avanzar porque los países no se construyen desde cero. Chile, efectivamente tuvo tasas de crecimiento importantes durante 20 años, pero hace 10 años que estamos con la economía estancada y eso no es culpa ni de Piñera ni de Bachelet, es responsabilidad de una sociedad entera, de la cual yo soy parte, que no ha sido capaz de actualizar su modelo de desarrollo en términos de mejorar la productividad, mejorar por ejemplo los encadenamientos productivos, mejorar por ejemplo las transferencias tecnológicas, mejorar por sobre todo la redistribución de la riqueza. Chile sigue siendo un país profundamente desigual. Entonces ¿está todo mal? No.¿Somos el paraíso en la tierra? Tampoco. ¿Podemos mejorar mucho? Sí. Y lo queremos hacer vía institucional. Haciendo reformas profundas y que sean estructurales y eso significa una redistribución de la riqueza para quienes la generan que son principalmente los trabajadores y trabajadoras.

-Una de las características de la democracia chilena de los últimos 30 años fue la alternancia entre dos coaliciones de centroizquierda y centroderecha. Esto se rompe con su llegada al poder junto a una coalición más a la izquierda que la anterior. ¿Cree que a su vez puede surgir una coalición más a la derecha como reacción y esto abrir una polarización o una grieta que ya existe en otros países pero de la que hasta ahora Chile parecía al margen?

-Pero si la derecha que hubo durante mucho tiempo en Chile defendía a rajatabla a Pinochet. Lo fue a ver a Londres, negaba las violación a los derechos humanos. Solo empezó a condenarlo cuando se le descubrieron los robos de plata. Entonces, ¿por qué me dice centroderecha? ¿Qué significa centroderecha? Eran partidarios de las privatizaciones más brutales… Pero es evidente que hoy hay una ultraderecha en el mundo, que tiene diferentes manifestaciones, desde Orban en Hungría, Trump en Estados Unidos, Bolsonaro, creo que Bukele tiene algo también de desviaciones autoritarias que son preocupantes… Y también en Chile existen. Nosotros le ganamos a un candidato en segunda vuelta que era claramente también de ultraderecha. Eso ya existe en Chile y ya ha formado un partido que se llama Republicanos y que tiene representación en el Congreso, lo que pasó con Vox en España. Entonces, no es una novedad, y toda acción contiene una reacción en sí misma. Y por lo tanto es importante que nosotros para poder hacer cambios que sean estructurales construyamos un mayorías que sean capaces de sostenerlas en el tiempo y no caigamos en un voluntarismo de decir: porque yo creo que es correcto, lo voy a impulsar a rajatabla como sea, aunque no sea mayoritario en la sociedad chilena. Lo importante es que logremos conectar o ser cómplices con el sentido común mayoritario de un pueblo. Si no, vamos a estar en un péndulo permanente y ese péndulo permanente genera grietas.

-Eso es lo que ha pasado en Argentina, en Brasil, en los últimos años…

-Nosotros vinimos a Argentina con una delegación que incluía a representantes de la gran mayoría de los partidos políticos, incluido las fuerzas de derecha que fueron gobierno con el presidente Sebastián Piñera, porque hay ciertas cuestiones que son políticas de Estado y yo esperaría que no solamente las relaciones internacionales se dieran en ese marco, sino también cuestiones como la política energética o que la nueva Constitución que estamos haciendo, el plebiscito de salida que tenemos, sea un punto de encuentro entre los chilenos y chilenas, no un punto de división. No le tengo miedo a los grandes consensos y a los consensos transversales, el punto es quienes participan de ellos. Durante mucho tiempo, los acuerdos se entendían como solamente parte de una élite. Hoy día, el pueblo movilizado y organizado es parte inherente de la transformación de las sociedades regionales

-Otra de las características de Chile durante las últimas décadas fue su gran apertura comercial. Debe ser el país de la región con más tratados de libre comercio firmados. Con Estados Unidos, con China, con la Unión Europea… ¿Cree que hay que revisar esta apertura y tener una política más proteccionista?

-Yo estoy muy a favor de la apertura del comercio entre los pueblos. Creo que es deseable que tengamos tratados con diferentes naciones y ningún país, más aún en estos días, se va a salvar de manera autárquica. O nos salvamos juntos o nos hundimos por separado. Y yo esperaría que Chile se ubique principalmente en América Latina y que recuperemos y potenciemos toda la cooperación que necesitamos en nuestros países de la región y desde ahí, por cierto, miremos al resto del mundo. El centro del mundo si alguna vez lo estuvo en el Mediterráneo, después en el Atlántico, hoy día está en el Pacífico y la tremenda costa de Chile nos da una una importancia que yo creo que va a ser clave en el comercio de América Latina hacia el Pacífico. Yo soy partidario de mantener tratados con la mayor cantidad de países del mundo pero, ojo, sin que esos tratados limiten nuestra forma de desarrollo. Significa eso revisar multilateralmente porque queremos ser capaces de decidir nuestro propio destino.

-El último fin de semana, el New York Times publicó un artículo que daba cuenta de que Madrid, como antes lo fue Miami, se está transformando en el refugio de muchos latinoamericanos de clase media, no multimillonarios, provenientes de países donde han triunfado fuerzas de izquierda, que tienen miedo de perder sus ahorros, de ser afectados por subas impositivas o por nuevas disposiciones que signifiquen trabas para sus negocios o sus profesiones. ¿Teme que en Chile pase algo parecido?

-Espero que no. Yo no quiero plantear la reforma tributaria que estamos trabajando como algo adversarial. Lo que me parece importante es que un país que no está cohesionado no puede crecer. Y Chile es un país que hace 10 años que no crece sustantivamente. Entonces, necesitamos distribuir de mejor manera la riqueza. Entonces, hay que ser cuidadosos para colocar los incentivos donde corresponden para no destruir la inversión. Hay que ser cuidadoso para que el objetivo, más que el crecimiento, sea el desarrollo, porque hay momentos donde unos crecen mucho y otros no crecen nada y los promedios esconden desigualdades muy grandes. Chile es un país muy desigual. Pero no le diría a nadie que le vamos a quitar su ahorros, no estamos en esa parada. Estamos en distribuir mejor, y los sectores más pudientes de la sociedad tienen que hacer una contribución mayor.

-Presidente, ha dicho respecto a su política internacional, que quiere volver a basarla en que Chile es parte de América Latina y fortalecer desde ahí el bloque regional. Durante su campaña fue muy claro, a diferencia de otros líderes de la izquierda latinoamericana, en tomar distancia de Nicolás Maduro, de Daniel Ortega, de Cuba… pero ayer en la conferencia de prensa en la Casa Rosada pareció dar un paso atrás cuando dijo que le preguntaban mucho sobre eso y no le preguntaban tanto por las violaciones a los derechos humanos que hay en su país o en Colombia. Esa suele ser la manera en la que se minimiza o se diluye lo que está pasando en Venezuela o Nicaragua comparándolo con violaciones a los derechos humanos que, evidentemente, existen en distintas parte del mundo. ¿A usted le parece que son del mismo nivel de gravedad?

-Obvio que no son del mismo nivel. O sea, ninguna es del mismo nivel que otra. Son realidades totalmente distintas.

-¿Pero cuáles son más graves para usted?

-¿Pero qué quieres? ¿Que te haga como un ranking de violaciones de los derechos humanos? Me parece que las de Sudán del Sur son terribles…

-No, bueno, en América Latina estamos hablando. Nuestro bloque regional es América Latina…

-…me parece que la ocupación del pueblo palestino por parte del Estado de Israel, vulnerando los tratados internacionales, es terrible. Me parece que la represión que hay en Nicaragua a los opositores al régimen de Ortega es absolutamente inaceptable. Me parece que el éxodo de 6 millones de venezolanos es una tragedia a nivel continental y mundial, ¿pero cuál es la lógica de decir “esta es más grave que otra”? ¿Para ver cuán de izquierda soy? Yo creo que eso le hace muy mal a la causa de los derechos humanos, que parte de su gracia es que es universal y por lo tanto no puede avanzarse según los colores del gobierno que los vulnera. Y es una cuestión que veo con irritación como en cada país se trata de utilizar las crisis de derechos humanos en otros países para hacer política interna y, finalmente, pareciera que le importa un carajo el compañero dirigente estudiantil que está sufriendo en una cárcel en Nicaragua, lo que les importa es tratar de hacer un punto en la política interna para tratar de pegarle al gobierno de turno. Ese no es mi tema. Yo voy a defender los derechos humanos en todo lugar, en todo país y sin importar el color del Gobierno que los vulnere.

-Está perfecto. Pero, tanto en el caso de Chile como el de Colombia, nadie dudaría de que son democracias, donde hay estado derecho y donde pueden ocurrir violaciones a los derechos humanos que deben ser repudiadas e investigadas. Ahora, ¿usted cree que en Venezuela o en Nicaragua hay una democracia, hay estado de derecho?

-Es que lo he dicho muchas veces, no sé hacia dónde apunta tu pregunta. Me parece que las últimas elecciones en Nicaragua no cumplen ningún estándar democrático…

-¿Y en Venezuela?

– Y me parece que lo que estamos haciendo hoy día en el Grupo Internacional de Contacto, en Venezuela, en el cual Chile está colaborando, que se está llevando adelante en México para que las próximas elecciones en Venezuela sean reconocidas, sean legítimas para toda la gente que vive en Venezuela y también para toda la comunidad en el exterior, es un trabajo tremendamente importante. Mira lo que pasó en Barinas recién. ¿Qué pasó en Barinas?

-Finalmente la familia Chávez perdió el poder…

-¿Y eso fue reconocido?

-Sí

-¿Y fue un avance?

-Primero fue peleado. Dos veces tuvo que hacerse la elección

-Bueno, lo sé y fue reconocido. O sea, me parece que nuestro rol hoy día tiene que ser colaborar en todas las instancias, por ejemplo en el caso de Venezuela, en el Grupo Internacional de Contacto, para que la democracia y la voluntad del pueblo venezolano triunfe. Y además, ojalá que los venezolanos que han tenido que partir por diferentes motivos y han abandonado su país también puedan ser parte de las elecciones. Creo que también debiera ser un hito importante, pero por supuesto que ese no es nuestro camino.

-¿Pueden hacer algo más los líderes latinoamericanos para que se recupere la democracia en estos países?

-Yo veo que lo del Grupo Internacional de Contacto en el caso de Venezuela es lo que más avance ha dado en el último tiempo. Porque es mucho trabajo que es silencioso y menos estridente. Cuando un grupo de mandatarios decidió viajar a la frontera con Colombia, casi haciendo como una cuenta regresiva de Año Nuevo en Cúcuta para tratar de generar un cambio en la situación venezolana, la verdad es que ¿colaboró eso? ¿tú crees que eso colaboró en algo a mejorar la situación? Yo diría que no, entonces acá no se trata de quién se pone la capa y se vuelve el superhéroe y trata de tener mayor liderazgo. No, estos trabajos se hacen más silenciosos y sin tener doble estándar. Yo creo que es lo principal en materia de derechos humanos. En Chile se violaron brutalmente los derechos humanos durante la dictadura cívico militar del 73 al 90 y nosotros recibimos mucho apoyo, por ejemplo, del pueblo venezolano. Entonces nosotros estar como «Ah, no, si lo hace Maduro, mejor miro pal’ lado porque se supone que es de izquierda». No, yo no voy a caer en eso.

-Muchos líderes progresistas latinoamericanos que llegaron al gobierno después fueron investigados por corrupción, en algunos casos con pruebas muy contundentes. Pero ellos se han defendido enarbolando la teoría del “lawfare” que afirma que son perseguidos por el establishment y las élites económicas que junto a la justicia les inventa causas falsas para perseguirlos por sus ideas políticas. ¿Usted está de acuerdo con esto?

-Creo que cada caso tiene que ser analizado en su mérito. No conozco los detalles judiciales de cada uno de ellos. He visto por ejemplo el caso de Dilma, en el que me parece que evidentemente hubo una operación de sectores políticos corruptos para tratar de deshacerse de su liderazgo. Pero no conozco el caso específico de cada uno. Es evidente que han habido situaciones de corrupción que son inaceptables y que es irrelevante si la persona que realiza acciones de corrupción se llama de la manera que se llame y por lo tanto en cualquiera de esos casos se tiene que investigar y por eso es importante también mantener la independencia de los tribunales que es algo que también en ciertos lugares de América Latina se ha visto fuertemente cuestionado. Y, de nuevo, da lo mismo si es de izquierda o derecha, la corrupción y la prevalencia de los intereses privados por sobre los intereses comunes de un país no puede ser legitimada según el color de quien lo realiza y eso yo lo voy a defender a rajatabla en mi país que es donde me corresponde y este es mi declaración de principios hacia el mundo también.

-¿Cuál es su dirigente latinoamericano favorito de las últimas décadas?

-Tengo un profundo respeto por Álvaro García Linera. Creo que su elaboración intelectual y su desempeño en la vicepresidencia de Bolivia ha sido muy interesante. El problema de esas preguntas es que te obligan a hacer juicios muy categóricos respecto de personas que tienen luces y sombras…

-Muchas veces como presidente hay que tomar juicios categóricos…

-Bueno, yo he tomado varios en esta entrevista. Pero sé también por experiencia de las polémicas a las que se prestan.

-Bien. Le voy a dar tres nombres, de líderes mundiales en este caso, y deme la definición más concreta que usted pueda: Joe Biden

-Me parece tremendamente interesante lo que está haciendo en materia de impuestos globales. Esa es una agenda en la que desde América Latina debiéramos concordar una posición común. Tuve la oportunidad de conversar con él… Una de las cosas que yo tengo absolutamente claro es que Chile no se puede subordinar a ninguna potencia y por lo tanto vamos a llevar adelante una política de autonomía en materia de alianzas internacionales que vamos a defender. Ahora, es evidente que ha tenido un montón de problemas y cuando uno ve el carácter de lo que ha devenido el Partido Republicano de Trump, me imagino que debe ser muy difícil.

-Xi Jinping

-Yo tuve una polémica cuando era diputado con el embajador de China en Chile a propósito del caso de Hong Kong porque cuestionó el viaje de algunos diputados chilenos. Y yo, por ningún motivo me parece aceptable que un embajador de otro país cuestione las opiniones de parlamentarios nacionales. Ahora, yo creo que a China tenemos… no conozco a Xi Jinping personalmente…hemos tenido un intercambio solamente epistolar por ahora, pero a China la tenemos que tratar de leer en una dimensión histórica que es mucho más larga que la nuestra. Nosotros hemos sido criados en un decálogo occidental que omite completamente el oriente. A China le empezamos a conocer desde la invasión de Manchuria en 1930 y antes no sabíamos casi nada. Entonces, me faltan antecedentes para poder darte una opinión más profunda todavía.

-Vladimir Putin

-Me parece que es un autócrata, creo que es evidente que está realizando una guerra de agresión. He podido estudiar un poco más de la cultura rusa, panrusa, principalmente desde 1917 en adelante, también algo de antes, y creo que lo que está haciendo Putin hoy día es inadmisible y tiene que ser inadmisible para la comunidad internacional. Sin embargo, me parece que la lógica de las sanciones internacionales está muy bien cuando se utilizan para presionar, por ejemplo, en este caso para terminar la guerra, pero cuando se termina perjudicando a todo un pueblo por las decisiones de unos pocos gobernantes, creo que también tenemos que ser capaces de revisarlas y que no son el mejor camino.

-Justamente le iba a preguntar sobre varios países que ya están pidiendo que se juzgue a Putin por crímenes de guerra…¿Ha visto las imágenes de Bucha?

-Las imágenes de Bucha, los bombardeos en Mariupol… son absolutamente inaceptables y esos antecedentes por cierto que se tienen que presentar en su momento frente a la Corte Penal Internacional y ahí serán los tribunales internacionales los que tendrán que decir. Yo no soy juez, pero no tengo ninguna duda de que eso se tiene que investigar.

-Tres encuestas de los últimos días en Chile, de Cadem, Pulso Ciudadano y Feedback marcan un importante salto en el rechazo a su gestión de unos 15 puntos en apenas sus primeras semanas de gobierno. ¿Como lee estas encuestas y qué siente ante esto?

-Me imagino que cuando uno empieza a tomar posicionamiento respecto de ciertos temas, uno no puede ser monedita de oro y gustarle a todo el mundo y yo no voy a gobernar pensando en la encuesta de la semana siguiente. Creo que es muy importante que como Presidente de la República pueda ver más allá de la coyuntura y discutir con todos y conversar con todos los sectores, cuál es el bien común, incluso aunque eso sea impopular en un momento determinado. Claro que uno siempre preferiría que las encuestas le den los mejores resultados posibles, pero no es algo que me genere particular angustia el tema de las encuestas de popularidad de una foto determinada. Habrá que ver las tendencias y finalmente esto se valora en el largo plazo.

-Y lo que también mostraron estas encuestas por primera vez es que ahora una mayoría de los chilenos podría rechazar la nueva Constitución en el plebiscito de salida que es obligatorio para su entrada en vigencia.

-El plebiscito de salida va a ser el 4 de septiembre. A nuestra gestión, en cambio, le quedan cuatro años. Entonces tenemos un plebiscito que está mucho más cerca y por supuesto que creo que tenemos que tomar nota quienes apoyamos el proceso constituyente y que queremos tener una nueva Constitución por primera vez democrática, paritaria, con participación de los pueblos originarios… porque finalmente, yo creo que ya en la práctica caducó la Constitución de la dictadura, tenemos que tomarlo con preocupación. Vamos a colaborar en el sentido de que el plebiscito de salida sea un punto de encuentro, no de división.

-¿Qué pasaría si fuera rechazada?

-Hay una discusión en curso. Pero creo que sería una muy mala noticia para Chile. Y por lo tanto prefiero no ponerme en ese escenario sino hacer todo lo posible para generar el consenso suficiente para que se apruebe y, ojalá, con una amplia mayoría.

-Dicen que todos los presidentes son recordados por una o dos cosas, no más. ¿Por cuáles una o dos cosas quisiera ser recordado?

-Es muy pronto para decirlo. Esa obsesión de cómo uno va a pasar a la historia, llevando tres semanas… Creo que pregúntamelo mejor en el tercer año, lo hablamos en una nueva entrevista ahí. Pero ahora hay que calmar esa ansiedad de carne de estatuas.

-El mandato en Chile hoy es de 4 años sin posibilidad de reelección. ¿Le parece que es suficiente? ¿Le gustaría que esto se reforme en la Constitución?

-Mira, en ciencia política esto es muy discutido. El caso de Chile es bien particular siendo un sistema presidencialista de sólo cuatro años. Yo tiendo a pensar de que es deseable aumentar ese plazo, ya sea con una reelección o aumentando el mandato un par de años.

-Era más largo en Chile antes…

-Si, fue de 6 años durante el siglo XX en general. Los de Lagos y Frei fueron de 6 años. Bachelet y Piñera gobernaron por 4 años. Yo creo que hay que buscar un punto intermedio, pero en cualquier caso, tengo muy claro que fui electo por un mandato de cuatro años y creo que eso es lo que se tiene que aplicar para mí.

-La última y fundamental: por quién va hinchar en el Mundial de Qatar

-(Ríe) Mira, todavía estoy en duelo. Es esa terrible adicción a la esperanza que tenemos los chilenos que hasta el último partido pensé que podíamos clasificar. Pero le deseo lo mejor a Argentina. No solamente por estar acá. Yo no sé por qué hay un grupo de gente que es muy Anti-Messi. Yo tengo el mayor respeto por Lionel y me encantaría que un jugador del calibre que él tiene, y además con los tremendos jugadores que tiene el equipo de Argentina, hoy día pudiera tener una copa. Creo que sería un motivo de alegría continental.

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