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HERRERA-VAILLANT: La Marabunta

*** El autor habla de «la marabunta que arrastra a países como Venezuela al abismo que alguna vez se llamó comunismo».

Por Antonio A. Herrera-Vaillant

Venezuela es un paraíso natural, dotado de recursos que para el resto de la humanidad representan una bonanza permanente. Fuimos la envidia del vecindario por la riqueza, el progreso humano y también por un sistema democrático lleno de defectos pero también de libertades. 

Hoy solo nos queda la naturaleza, aun depauperada por las salvajes depredaciones mineras en las regiones más prístinas. Y la pregunta que se hace el resto del mundo es: ¿Qué le pasó a Venezuela?

La respuesta es muy sencilla: Le cayó la marabunta. Y no se trata propiamente de una ideología o un sistema, aunque esta canalla se disfrace de ello, sino de una combinación de los siete pecados capitales, que podemos repasar en esta Semana Santa.

En primer término está la envidia, que es la verdadera inspiración de casi todos los sistemas que se denominan socialistas. Se trata de un resentimiento profundo, muy asociado al complejo, por todo lo más destacado que puedan tener otros; y que no se limita a la riqueza material, sino que se extiende a la cultura, la inteligencia, la elegancia, las buenas maneras, el saber estar, y hasta el aspecto físico de los demás. 

Por eso la degradación que se palpa en Venezuela no solo se extiende a lo material sino que viene asociada a la más basta vulgaridad, y al empeño en reducir todo al mínimo común denominador de la humanidad.

En paralelo corre la codicia, que se traduce en apoderarse de todo lo material posible para beneficio particular, sacrificando para ello el bienestar y aún el futuro de los demás, creando una descarada camarilla que rapiña todo cuanto puede – público y privado – para su propio disfrute.

Muy cerca corren la lujuria y la gula que se asocian al desenfrenado despliegue y vulgar ostentación de bienes mal habidos; no tanto, quizás, para la satisfacción propia como para la insolencia de restregarlos en las caras a los demás – en la errada creencia de que así logran demostrar alguna superioridad.

También destaca la pereza, que se traduce en descuidar toda responsabilidad de gobierno salvo aquellas indispensables para la continuidad del sistema, y se extiende al abandono y la mediocridad en todo lo que sea servicio público.

Y finalmente tenemos la soberbia de creerse dueños absolutos de la verdad y la razón; y la ira expresada en la cruel represión contra todo lo que contradiga sus mentiras, asociándose para ello con los regímenes más desalmados del planeta. 

Esa es la marabunta que arrastra a países como Venezuela al abismo que alguna vez se llamó comunismo, pero que en realidad no es nada más que una profunda barbarie.

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