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La selva de El Darién es considerada la zona más peligrosa de Latinoamérica. Foto cortesía.

«Taponearán» el Darién: Panamá llegó al limité y cerrará el paso

«Taponearán» el Darién: Panamá llegó al limité y cerrará el paso

Panamá ha llegado a su límite. La situación en el Tapón del Darién, esa densa y peligrosa selva que separa a Panamá y Colombia, ha pasado de ser complicada a insostenible. Con un flujo de migrantes que supera los registros anteriores, el gobierno panameño considera cerrar su frontera con Colombia. Y no es para menos: en 2023, más de 307.000 almas cruzaron este corredor natural, superando a las 248.000 del año anterior.

Si hablamos de números, los venezolanos encabezan la lista con 171.043 migrantes. Les siguen los ecuatorianos con 40.000, los haitianos con cerca de 35.000 y un número cada vez mayor de ciudadanos chinos. En palabras de Samira Gozaine, directora del Servicio Nacional de Migración de Panamá, los traficantes de seres humanos han encontrado en la nacionalidad china a personas dispuestas a pagar grandes sumas para ser llevadas a su destino.

Juan Manuel Pino, ministro de Seguridad Pública de Panamá, no se guardó nada al decir: “Nosotros tratamos de buscar la cooperación internacional con los países de origen y de tránsito (de migrantes) pero ha sido difícil… El enfoque no es Panamá”. Y añadió: “Nosotros tenemos el apoyo de algunas oenegés, pero no ha sido suficiente y hemos agotado todas las instancias ante una movilidad humana muy grande porque estamos recibiendo cerca de 2.000 a 3.000 personas diariamente”.

El costo no solo ha sido humano. Más de 60 millones de dólares han sido desembolsados por el gobierno panameño en atender a los migrantes. A eso hay que sumarle un costo ecológico insospechado: daños en los ecosistemas fluviales y más de 60.000 toneladas de basura en los ríos. Jorge Gobea, director del Servicio nacional de Fronteras de Panamá, comentó acerca de la grave afectación en «la seguridad ambiental del Darién y de sus comarcas».

Por ahora, la situación sigue en aumento y la comunidad internacional observa. Los países involucrados deben encontrar soluciones sostenibles para este desafío migratorio que, sin duda, no respeta fronteras ni barreras naturales.