PEDRO

ANTONIO A. HERRERA-VAILLANT: Rojo y gualda

A juicio del autor, Pedro Sánchez no logrará su reelección sin capitular ante Puigdemont, comenzando con una “amnistía” o “desjudicialización” que no es más que la puntica de una violación total.

Por Antonio A. Herrera-Vaillant

España actualmente se debate entre seguir avanzando hacia la modernidad, la libertad y la prosperidad, con un sistema parlamentario y monarquía constitucional, o retroceder hacia sus memorias o más bien pesadillas históricas y una desintegración feudal.

En toda nación, por adelantada y progresista que sea, subsiste un sector ácrata, díscolo, resentido e irresponsable, que traduce rencores personales a la vida pública de manera disociadora y destructiva.

En los países más estables, la institucionalidad y las leyes son muro de contención para que esos elementos no se desborden. Y así ha sido en la vieja España desde que emprendió su ejemplar transición hacia la democracia.

Pero hace casi diez años allá irrumpió cual virus un PODEMOS, con financiamiento inyectado del régimen venezolano; y en paralelo el ruso Putin comenzó a alentar al independentismo catalán. A eso se suma la facción arribista del PSOE de Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez y su estofa de corruptos, que viene revirtiendo toda la evolución democrática auspiciada en ese partido por hombres como Felipe González, Alfonso Guerra y Nicolás Redondo.

No hay que llamarse a engaños, en España no se trata tan sólo de la ambición personal y cinismo de Pedro Sánchez: Es la arremetida de toda una banda que actúa coordinadamente para desintegrar a la nación y con ello desestabilizar el flanco occidental de Europa.

 El tema catalán es solo una parte de la gran receta desestabilizadora. Una Cataluña independiente es una quimera inviable dentro del mundo moderno: Jamás fue nación sino un pequeño condado aragonés, y su viejo dialecto es uno tantos localismos que subsisten en el mundo. Lo que buscan es acabar con una nación de más de quinientos años, consolidada desde los Reyes Católicos.

Pedro Sánchez no logrará su reelección sin capitular ante Puigdemont, comenzando con una “amnistía” o “desjudicialización” que no es más que la puntica de una violación total.

Hoy muchos esperan que la Corona frene un proyecto degenerativo y disolvente que también tiene a la monarquía en la mira. En Venezuela tenemos un viejo refrán que dice “se quedó sin el chivo ni el mecate”, para referir casos donde teniendo dos posibles opciones, por indecisión o mala decisión, se quedan sin ninguna.

Don Felipe debe convocar elecciones lo antes posible y que el pueblo español decida, porque si coloca la conveniencia política de la corona por encima de la nación se podría quedar sin la una ni la otra. O como dirían en la Madre Patria: Más vale ponerse rojo una vez que amarillo cien veces para terminar poniéndose rojo.

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