Los dos equipos se disputarán la Copa, que no podría tener un final de fiesta más apasionante. En Sevilla. El 26 de abril.
El Barcelona sufrió pero no falló en el Metropolitano, se impuso al Atlético de Madrid en la vuelta de la semifinal de Copa del Rey y sacó billete para la final de Sevilla, donde se reencontrará con el Real Madrid, dos meses y medio después del Clásico en que le bailó en la final de la Supercopa Española y al cabo de once años de su último enfrentamiento en la final del torneo del KO.
¿El Atlético? Desconsolado y triste, el equipo del Cholo Simeone quiso pero no pudo. Superado y afortunado en una primera mitad en la que el Barcelona pudo sentenciar, los cambios de Simeone en el descanso le dieron brío y recuperó el ánimo en un segundo tiempo en que sí le plantó batalla, insuficiente para igualar el gol que antes de la media hora había marcado Ferran Torres.
Lamine Yamal apareció poco, lo justo para regalar una asistencia soberbia que Ferran convirtió en el 0-1 antes de llegarse a la media hora y que se clavó en el alma de un Atlético que no dio una a derechas en todo ese primer tiempo en que solo a base de dureza se permitió mantener viva la esperanza.
Pero el Barcelona llegaba al Metropolitano con un bagaje de 20 partidos sin perder, desde que un Atlético muy distinto al de ahora le ganase el 21 de diciembre el Montjuïc. Desde entonces, hace más de tres meses, las cosas han cambiado y no poco en el fútbol español porque el equipo de Flick, a saber cómo, convirtió aquella crisis en un espectáculo futbolístico y el Atlético del Cholo ha ido de capa caída…
Hasta cerrar un mes de marzo terrible en que primero fue expulsado, con polémica, de la Champions por el Real Madrid, después se cayó en la Liga enlazando tres jornadas terribles (un punto de nueve) para despedirse de la pelea por el título. Y al fin, la despedida. Con la cabeza alta frente al mismo Barça, sí, pero diciendo adiós a la Copa y encarando un final de curso entre depresivo y dramático.
Sufrió el Barcelona? Pues claro que sufrió. El 0-1, corto, muy ajustado, le daba esperanzas y ánimo a un Atlético al límite de sus fuerzas mientras el equipo de Flick intentaba contemporizar, defender con el balón lo más lejos de su área posible y mirar más el reloj que la portería contraria.
Hasta el último suspiro lo intentó el Atlético, hasta el último instante sufrió el Barça… Y así se acabó todo, lamentando unos y celebrando los otros…
Así habrá Clásico el 26 de abril en la que será la octava final entre Barcelona y Real Madrid en la Copa, una historia que comenzó en 1968 y que de sus seis precedentes sonrió en tres ocasiones a cada equipo, imponiéndose el equipo merengue en las dos últimas: 2011 con protagonismo de Cristiano Ronaldo y 2014 personalizado en el golazo de Gareth Bale.
Un nuevo capítulo esta temporada, en que el equipo de Carlo Ancelotti deberá demostrar, o al menos pretenderlo, que el Barcelona de Flick no es tan superior como desde algunas tribunas periodísticas se afirma.
Con información de espndeportes.com