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¿En qué creen realmente en la MUD?

La tristeza con que se cerró el año 2016 tenía varias explicaciones, pero uno de los ingredientes de tamaña desilusión ciudadana lo constituye la vacuidad del liderazgo opositor.

Es evidente que el estado de destrucción -la hecatombe de Estado que asfixia a Venezuela- tiene en el chavismo y sus sultanes a sus perversamente geniales autores y ejecutores. Pero hacer la crónica de lo obvio no es mi pasatiempo favorito.

Sigue faltando la presencia, el aporte, el vigor y la fuerza que impulse y le dé todo su interés, y lo más importante, que le otorgue sentido a la imperiosa confrontación entre democracia y dictadura.

Pero nada, ninguna novedad, ni de fondo ni de forma. Ninguna sorpresa ha producido la MUD versión 2017. La pasión más que nunca ausente y los desacuerdos fueron amortiguados. ¿En qué creen realmente en la MUD?

El elector -no el ciudadano- el más simple, el menos exigente, el más complaciente no podría encontrar en esta confusión elementos que determinen su decisión, su escogencia.

El único objetivo, para la MUD, es la sacrosanta “unidad”. ¿Pero en torno a qué y a quién? Una vez que su principal vocero reconoció que no tenían estrategia. Yo que tímidamente y desde la distancia pensé que el problema era táctico. Mientras un acuerdo en torno a la estrategia se hace esperar han decidido seguir adelante con el tráfico de esperanzas.

¿Henri Falcón? Un político que en su vida no ha hecho otra cosa que cantar alabanzas a la revolución “bonita”.

¿Julio Borges? Llevamos años tratando de entender en qué consiste ese nuevo socialismo de acompañamiento.

¿Ramos Allup? Desconocemos cuál es su proyecto político. Solo se escucha su estéril lirismo legislativo.

¿María Corina Machado? Una política híbrida, pero de momento eso no es considerado como una fortaleza.

¿Henrique Capriles? Si al menos tuviera el coraje de reconocer aunque sea uno de sus múltiples errores.

El hecho es que todos son perdedores, y lo saben. Ninguno prefigura el sobresalto ni la ruptura necesaria. Todos están comprometidos y engañados por el fantasma de la “unidad”.

Todos entrampados y narcotizados por la mejor arma -después del dinero- del chavismo y la Constitución bolivariana.

Una paralizante nostalgia democrática de tiempos y estructuras institucionales desaparecidas. María Corina Machado lo previó, pero igual luce hoy inmovilizada por la ciénaga de la “unidad”.

Dicho esto, hará falta un milagro para corregir el curso del destino.

@ldelion

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