Opinión

La valentía de los jóvenes que protestan condena la salvaje represión de la GN 

Me siento una mujer privilegiada por haber nacido en Venezuela y por haber podido construir una familia junto a Leopoldo. Pero también me siento privilegiada por haber podido ser testigo de estos tiempos de heroicidad, dignidad y valentía. He tenido el privilegio, y todos lo tenemos, de ver con mis propios ojos cómo se escribe la historia libertadora de nuestro país. He tenido el privilegio de escuchar, de sus propias voces, el inspirador sentimiento que alimenta el coraje de sus jóvenes protagonistas. He abrazado a las familias que han dado nacimiento a los sentimientos que alimentan el coraje de nuestros jóvenes escuderos.

Cuando conocí a mi esposo Leopoldo, uno de los rasgos que más me atrajo fue el de esa pasión, ese fuego interno, esa determinación implacable por entregar sus años, su juventud, sus fuerzas y hasta su vida por una Venezuela mejor. Cuando converso con los escuderos no puedo evitar admirarlos como admiro a Leopoldo. En sus miradas decididas, agudas y penetrantes veo la mirada de Leo. En sus gestos, en su determinación y en su amor desmesurado que no saca cálculos, reencuentro la pasión de Leopoldo por nuestra Venezuela. Cuando veo a nuestros escuderos resistir la injusticia, el abuso de poder y la cobardía -colocándose delante de todos en primera fila- me vienen a la memoria, como si fuera ayer, las imágenes de aquel 18 de febrero del 2014 cuando Leopoldo dio la cara en primera fila a la “justicia injusta” de esta Dictadura.

Hoy, tres años después, Leopoldo sigue resistiendo con su escudo de dignidad, con su casco de amor por Venezuela, con su máscara de firmeza para evitar ser manipulado por las mentiras de una Dictadura cruel que lo mantiene incomunicado sin poder ver a sus abogados, sin poder celebrar el día del padre con sus hijos, sin poder recorrer en libertad las calles y veredas de su patria.

No hay razón que justifique la pérdida de una vida por violencia. No la hay. Pero no puedo dejar de recordarle a nuestros hermanos y al mundo que la violencia la genera la Dictadura. Hemos marchado en paz miles de veces y hemos demostrado que somos gente de bien que solo desea aquello que le pertenece por nacimiento: la libertad. Cuando las fuerzas del Estado que controla la Dictadura de Maduro no disparan y no reprimen, nadie muere y nadie es herido.

La vida sin libertad no es vida; es esclavitud. Por tanto, quien da la vida por la libertad de todos no pierde su vida sino que gana una vida que trasciende este mundo; y construye con su sacrificio el camino de libertad para que otros puedan tener una vida.

A mis escuderos de la libertad, Leopoldo y todos los valientes jóvenes de la resistencia, les digo que no están solos. No los abandonaremos y jamás olvidaremos el sacrificio, el coraje, la dignidad y el amor con el que iluminan todos los días nuestros corazones en medio de esta oscura etapa de injusticia que venceremos más temprano que tarde.

¡Fuerza y fe! ¡Lo lograremos!

 

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