Opinión

Los niños y jóvenes son las víctimas del régimen de Maduro

Aumenta en 11.4% la desnutrición infantil. Es un efecto de la contumacia en sostener políticas equivocadas que producen escasez de alimentos y medicamentos y una inflación devoradora que ya cruza los linderos de la hiperinflación. Mueren decenas de jóvenes a causa de la violenta represión de las protestas que generan más violencia en un odioso espiral, en la crisis política agravada por el intento de imposición de una “Constituyente” inútil, fraudulenta e inconstitucional.

Miles de venezolanos, sobre todo jóvenes, emigran del país en busca de las oportunidades que aquí ven cerrarse. La esperanza de empleo digno, de desarrollarse y realizarse, de progresar, se siente frustrada y prefieren volar a tierra ajena, lejos de su familia, sus costumbres, sus amigos, a procurarse afuera, lejos, un futuro. Venezuela encabeza la lista mundial de fuga de talentos. Es otra cara de la misma crisis.

Lo que nos está ocurriendo no es poca cosa. Mientras se cierran las vías de cambio democrático al impedirse a los ciudadanos ejercer sus derechos según la pauta constitucional, a los venezolanos se les niega votar, sea para revocar o para elegir y, si votan, se anulan los efectos de su decisión. Además, se les prohíbe protestar para reclamar lo anterior, y jóvenes mueren en las manifestaciones reprimidas. ¿Por qué?

Porque un pequeño grupo se ha alzado con el poder y lo ejerce sin escrúpulos en su exclusivo interés, sin reconocer límites constitucionales y amoldando la ley a sus propósitos, con la ayuda de una administración de justicia complaciente hasta la complicidad.

La Fiscal General de la República lo ha declarado el pasado martes 20 de junio: “Venezuela corre el mayor peligro de su historia republicana”. No exagera. La pauta constitucional y el ejercicio de los derechos democráticos, son los cauces para la preservación de la paz en la solución de los conflictos que en toda sociedad se presentan y que en Venezuela se agravan minuto a minuto por las causas cuyos síntomas he resumido arriba.

No son problemas menores ni tampoco de esos pasajeros que “se arreglan solos”. Revelan heridas muy graves y profundas en la sociedad venezolana. No son las únicas. La violencia entronizada en nuestra vida social podría decirse que metabolizada. La del hampa variopinta y la del narcotráfico, ese veneno insidioso y el papel que en ella juega la corrupción, también impunes. No es cosa de unos políticos, es de todos.

Nadie cree que los que están lo solucionarán. Ni siquiera que les importe. Su prioridad es otra. Por eso, cambiar es la nuestra. La del país entero.

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Ramón Guillermo Aveledo

Ciudadano libre. Abogado, político, profesor e intelectual venezolano. Miembro y dirigente del partido COPEI. Exsecretario general de la Mesa de la Unidad Democrática. Coordinador Internacional de la MUD.

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