Opinión

El colapso que padecemos tiene un efecto devastador en la salud de las nuevas generaciones

El colapso que padecemos tiene un efecto devastador sobre la salud de la población en general, no solo por el incremento de enfermedades y muertes por falta de medicinas sino por las deficiencias de las nuevas generaciones por la precaria alimentación.

El 31 de mayo de 2017 la Academia Nacional de Ciencias Económicas presentó, en cumplimiento de su función de analizar y emitir opiniones y orientaciones razonadas al Gobierno y a la nación sobre el comportamiento económico y social, su informe al Gobierno y a la Nación con el cual alertó sobre los graves signos de deterioro que presentaba la economía venezolana y sus efectos desfavorables sobre las condiciones socioeconómicas de la población. Allí se advierte que ello se debe a la falta de propósito del Gobierno de revertir las políticas que ha venido aplicando.

Frente a este profundo y exhaustivo análisis, el Régimen no solo ha hecho oídos sordos sino que, en lugar de rectificar, ha profundizado sus nefastas decisiones tanto en lo político con restricciones y manipulaciones a los procesos electorales, como en lo económico profundizando sus decisiones devastadoras de las actividades privadas y en lo social con las denominadas “misiones” tratando de paliar críticas situaciones, preferentemente para sus adictos, que por la magnitud de los problemas no puede llegar a todos los necesitados.

Este cuadro de calamidades nos ha llevado a una situación de crisis humanitaria por los evidentes efectos de la desnutrición (en promedio se estima que la pérdida de peso es de once kilogramos por persona). Esto de por sí dramático, aunado al incremento de las enfermedades y decesos por deficiencias de medicamentos y equipamiento médico asistencial, lleva a una creciente precariedad que afecta más a menores y ancianos y debilita al extremo a la población en general. Todo ello conduce a un progresivo agravamiento que no se detiene. Es una tendencia que causará daños de dimensiones inmedibles, tanto en las estructuras físicas e institucionales y de los servicios básicos que están colapsando -el Metro, el transporte público, el transporte terrestre interregional aéreo y pare de contar.

Miseria, hambre, incompetencia, desesperación y fábrica de pobres son expresiones que no se oían en el país, hasta que llegó el chavismo a quienes debemos desterrar o nos llevarán a la ruina. ¿Cómo hacerlo? Pues devolviéndoles a los venezolanos, independientemente de su afiliación o no afiliación política, raza, credo o proveniencia, que se acojan a la ley y al gentilicio venezolano como existió antes de que llegaran estos destructores revolucionarios para que el país recupere su vitalidad, la cual ha venido perdiendo bajo este nefasto régimen rojo rojito. Para hacerlo hay que rejuvenecer las fuerzas de la auténtica oposición democrática, deslastrarla de la vieja y desgastada forma de un liderazgo débil para que salgan nuevos líderes con capacidad de aglutinar las energías necesarias para el rescate de los auténticos valores éticos y morales.

Las instituciones más representativas de la sociedad -entre las cuales se hallan las de los empresarios y de todas las actividades productivas, si pretenden volver a tener empresas productivas al servicio del país deben ser los abanderados del rescate del sistema democrático. En lo político hay que abandonar cualquier forma dudosa de compromiso que se convierta en complicidades. Debatir abiertamente que el tema central es la unificación para recuperar la libertar y restituir el Estado de Derecho para todos los ciudadanos.

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