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Orgía de cadenas en radio y TV

Las cadenas impuestas a la radio y la televisión, se salieron de toda mesura en lo que va del 2017 y a ese ritmo, lo que antes era “saturación”, puede convertirse en “exasperación”.

    En los primeros dos meses y medio del 2017 los venezolanos soportaron una orgía de cadenas.  Como se trata de algo que en cualquier país civilizado no existe, explicaré brevemente al lector foráneo, qué es en Venezuela “una cadena nacional de radio y TV”.  Desde el advenimiento del gobierno chavista en 1999, el ansia de obligar a los ciudadanos a escuchar la propaganda gubernamental revivió en Venezuela ese invento nazi, creado por el ministro de propaganda Joseph Goebbels e ideado por él para endiosar la figura de Adolfo Hitler. No me lo contaron, porque personalmente recuerdo como en esa época, durante una estancia de mis padres  en Alemania – yo era niña y ya me indignaba – cada vez que había un discurso de Hitler, era lo único que transmitía la radio en directo a toda la nación. El que quería escuchar otra cosa  tenía que sintonizar ondas cortas de otro país.

     En ese tiempo no existían sino la radio y el cine, de modo que lo del cine era también indignante, porque pasaban noticieros  de pura propaganda nazi antes de iniciar la película. Si alguien intentaba saltar ese bodrio llegando  a la función justo cuando empieza la película, encontraba que las puertas ya estaban cerradas y no lo dejaban entrar incluso si tenía comprada la entrada – o sea que para ver la película, había que soportar previa y obligatoriamente el tal “noticiero”.

         De que el invento de Goering fue el instrumento de una dictadura, la confirmación me llegó cuando caímos bajo el régimen soviético. Stalin, que era otro dictador, no hacía discursos, pero los medios soviéticos eran su  herramienta de sometimiento de la población. Por cierto, como no hay nada nuevo cuando del comunismo se trata, fue en ese aspecto que pude convencerme de que ciertas cosas de esos regímenes no han cambiado desde hace tres cuartos de siglo: la prueba es que nunca cambia  la manera de “mostrar el país”, filmar a los trabadores y ensalzar los logros del gobierno. En la Unión Soviética y en la Venezuela de Chávez-Maduro el estilo es asombrosamente idéntico. Aquí, los “Noticieros  de la Patria”, puestos en horario estelar para una duración de aproximadamente 15 minutos,  con el caballito del escudo cabalgando para identificar la cadena, me sorprendían siempre por lo idéntico del tenor allá y acá. La diferencia era que aquello, visto en los años 40, era “el noticiero del cine” en blanco y negro con imágenes a menudo  deficientes, mientras que ahora, ese mismo tenor aparece en televisión y en colores.  Apartando el progreso técnico, para todo lo demás no inventaron nada nuevo, por el contrario, para uno que ha visto lo de hace décadas, es “más de lo mismo”.

     De manera que el mero concepto de una cadena oficial de radio y TV, que lo quieran o no, es señal de dictadura o de aprendizaje a dictador.

     En ningún país democrático de verdad, existe la imposición oficial de cadenas de radio y TV, tanto así, que hasta a uno se le dificulta explicar afuera, de qué se trata. Recuerdo que cuando la reina Beatriz de Holanda, después de 32 años de reinado y gozando de gran popularidad,  informó en un breve programa de la TV estatal que abdicaba, no hubo cadena alguna. La reina apareció en la pantalla sentada frente a un sencillo escritorio y habló no más de cinco minutos. Sorprendió al país y de inmediato las demás emisoras por voluntad propia empezaron apresuradamente a encadenarse o repetir la señal. No tenían obligación de hacerlo, lo hicieron rivalizando entre ellas en velocidad para no perder la audiencia. Para cada canal, se trataba de difundir inmediatamente la más importante noticia nacional en más de tres décadas.

    Allí aparece el otro aspecto del problema: la importancia del mensaje y el tiempo que dura. En lo que va del 2017 que apenas está empezando, según el  Monitoreo Ciudadano, el 4 de enero una “Agenda Ofensiva Carabobo” duró 4 horas 41 minuto; el día 9 de ese mismo mes, fueron otras 2 horas de Maduro con “empresarios  del Consejo Nacional de Economía Productiva”; el 23  – un traslado de los restos de Fabricio Ojeda al Panteón ocupó más de 2 horas de cadena; el 26 un asunto de Barrio Tricolor tomó 1 hora y media; y el 31, más de 1 hora de cadena fue para un Consejo de Ministros.

    Pasemos a febrero: día 1º fueron 2 horas y cuarto para hablar de Zamora; día 2, lo del aniversario de toma de posesión de Chávez casi 2 horas; el 9, otra vez casi dos horas para vivienda y misiones sociales; e igual el día 23 para entrega de viviendas.

     En marzo, el día 1º la cadena duró más de 2 horas para mostrar cómo se empaquetan las bolsas Clap; y el 3, la inauguración de un hospital tomó 2 horas y 20 minutos de cadena; el 5 hubo 1 hora para hablar del ALBA… y así siguió, sobre todo en marzo,  cuando se acumularon la llegada de los miembros del ALBA, los recuerdos y recordatorios de Hugo Chávez,  el día de la mujer con ida al Panteón, hasta el día del médico donde un anuncio de aumento de sueldo mereció horas de explicaciones… todo en cadena nacional.

     Si verdaderamente la gente prestara atención a las cadenas y se ocupara de escucharlas, no les quedaría tiempo para las colas buscando conseguir comida, otra cola para el pan, otra frente al cajero automático que con eso de los billetes de 100 se volvió un albur,  una lucha para agarrar el transporte y finalmente las dos horas de carreras en la casa mientras llegó el agua y antes de que se acabe. Con eso,  nadie tiene tiempo de escuchar verborreas sobre asuntos que no son inmediatos,  así que al fin y al cabo, ya esas cadenas poco importan. Pues no, sí importan, porque cuestan mucho dinero.

    Por ejemplo, aquel “Encuentro con empresarios del Consejo Nacional de Economía Productiva”, fue una cadena que duró 2 horas y 5 minutos, el día 9 de enero. Según el ya citado Monitoreo Ciudadano, el costo de ese tiempo fue 447 ¡millones! de bolívares. Calculen todo lo demás.

    Mi conclusión personal, basada en haber vivido en la Alemania nazi y la Unión Soviética comunista, es que mientras más abusa el gobierno de “la cadena”, más se parece a una dictadura.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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