Chile, entre la derecha y la izquierda

Mientras la izquierda de la coalición que gobernó a Chile por casi un cuarto de siglo se ha partido, la derecha avanza sin convencer, creando dudas sobre el nombre del próximo presidente chileno.

Por ALFREDO MICHELENA

El domingo 19 de noviembre tuvieron lugar las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile. Una reñida contienda que no despejó la incógnita de quién será el presidente del país austral para el próximo período presidencial 2018-2022. Pero si mostró  cambios profundos en el mapa político de Chile.

Los candidatos

En las elecciones presidenciales compitieron ocho candidatos. Dos de ellos habían sido elegidos en julio en primarias: el expresidente y empresario Sebastián Piñera por la coalición “Chile Vamos” (CV)  y el periodista, sociólogo y masón, senador Alejandro Guillier  por la agrupación “La Fuerza de la Mayoría” (FM).  Esta última coalición proviene de otra, la “Nueva Mayoría”,  creada para las elecciones de 2013, con base a la famosa “Concertación de Partidos por la Democracia” fundada en 1990 y que gobernó a Chile por dos décadas luego de la salida del general Pinochet.  En realidad “Nueva Mayoría”  agrupó además de los tradicionales partidos de la Concertación, es decir, el Demócrata Cristiano, el Socialista, el Radical y el “por la Democracia”, al Partido Comunista, la Izquierda Ciudadana (IC) y el Movimiento Amplio Social (MAS). Para estas elecciones presidenciales aparece “La Fuerza de la Mayoría”  al deslastrarse de la Democracia Cristiana.

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Por otro lado compitió la periodista Beatriz Sánchez por el “Frente Amplio” (FA), una agrupación que se conforma para romper la polarización entre las fuerzas políticas que se agrupan en las coaliciones tradicionales:  CV de centro derecha y  FM de centro izquierda. El FA agrupa a una constelación de partidos y movimientos (cerca de 15), siendo los más representativos los partidos Revolución Democrática y el Humanista.

Adicionalmente participó la Democracia Cristiana con la economista Carolina Goic, su presidenta, como su candidata; el abogado y el diputado José Kast Rist, católico practicante y miembro del Movimiento Schoenstatt. Y por último el cineasta Marco Enríquez-Ominami, quien ya había quedado en tercer puesto en las elecciones de 2009.  Originalmente militante del partido socialista, se separa de él y lanza su candidatura a la presidencia en 2009 con una coalición de partidos logrando un tercer lugar. Luego funda en 2010 el Partido Progresista (PRO) y en 2013 se vuelve a lanzar con apoyo de otros pequeños partidos.  Otros dos candidatos fueron el comunista Eduardo Artés  por Unión Patriótica (UPA) y el senador Alejandro Navarro Brain, antiguo militante del MAS, por el partido País. Como vemos la “geografía de la política” de Chile es  bastante compleja.

El congreso

Hay tres características novedosas en estas elecciones presidenciales y parlamentarias, aparte de las primarias organizadas oficialmente en julio. Primero, los chilenos pudieron votar en el exterior por presidente; se aumenta el número de diputados y senadores a elegir y hay un cambio en los circuitos de votación; y se suspende el uso del método binomial para asignar los curules y se asume el método D’Hont. Este último cambio estaría orientado a  “asegurar la proporcionalidad del Congreso, en un esfuerzo que persigue que el poder legislativo sea más representativo de la realidad del país”, según el profesor Octavio Avendaño de la Universidad de Chile. Lo que sería preocupante para otros, pues implicaría la fragmentación del congreso.

El Congreso anterior estaba dividido en dos facciones: los diputados la “Alianza” que en la actualidad es “Chile Vamos” (CV)  con 49 diputados formado por cuatro partidos, y la “Nueva Mayoría” con 61 diputados con seis partidos. En el Senado los primeros tenían 15 senadores y 21 los segundos.  Sin embargo ahora, en esta oportunidad la variedad de las cámaras será alta. En Diputados los que dominaron el parlamento pasado obtuvieron 116 curules,  CV obtuvo 73 (47,1%) y  FM 43 (27,7%). Por su parte, el Frente Amplio (FA) logró 20 escaños (12,9%) y Convergencia Democrática (CD) 8 (8,39%). Luego vienen la Coalición Regionalista Verde  con cinco independientes (2,58%) y Chile por Todo (CPT) con un curul (0,65%).  Al partido CV  apenas le falta un curul para tener la mayoría simple.  Hay que aclarar que  CD formada por la Democracia Cristiana, la IC y el MAS postularon parlamentarios independientemente de FM. En el senado de 43 senadores CV obtuvo 19 escaños, FM 15,  CD 6, CPT 1, FA 1 y un independiente.

La distribución del Congreso está bien equilibrada con la pérdida de diputados por parte de la coalición del gobierno, ahora dominado por CV. Aunque a la izquierda le queda el control del Senado. Lo interesante es que esa izquierda está dividida y FM deberá pactar con el FA, la gran sorpresa de esta elección, así como con otros como CD.

La segunda vuelta

El 17 de diciembre deberán enfrentarse Piñera y Guillier en una elección que estará llena de incertidumbre y  dramatismo.  Piñera le sacó  casi un millón de votos de ventaja a Guillier. Pero se quedó corto en cerca de unos 600.000 votos que se esperaba sacara para ubicarse a unos pocos dígitos porcentuales del triunfo.  CV sacó el 37% de los votos mientras que FM el 22,7%.  Por debajo de ellos pero muy cerca del segundo, el FA con 20,3%, lo que es no solo un sorpresa sino que muestra el debilitamiento de la coalición en el poder. Con cerca de 8% y 6% se encuentran José Kast y Carolina Golc, respectivamente, lo que son buenas noticias para el primero pero muy malas para la democracia cristiana. Marco Enríquez-Ominami de PRO apenas sacó 5,7% de los votos y los demás no alcanzaron el dígito.

Si Guillier logra pactar con la izquierda del FA y PRO o al menos atraer esos votantes daría una buena pelea a Piñera quien no tiene ya asegurada su victoria pues su apuesta segura es solo con Kast. Al final el candidato del gobierno estuvo a punto de perder con la sorpresa electoral que convierte Beatriz Sánchez, una recién llegada a estos predios políticos, y al “Frente Amplio” en los grandes electores.

Sin embargo aquí la gran variable es la abstención que alcanzó más del 50%. Esto, por cierto, no es nada nuevo en Chile, país que no se caracteriza por altos niveles de participación electoral. Sin embargo, se avanzó frente a las elecciones de 2013 cuando no participaron un 59%.

Lo cierto es que aquel modelo ideado a partir de la necesidad de salir de la dictadura de Pinochet, con la creación de la Concertación que polarizó entre pinochetistas y demócratas, consolidó una centro izquierda que ahora  parece haber terminado con la fractura en la “Nueva Mayoría”, heredera de la Concertación y el evidente avance del FA, que algunos equiparan a la “Francia isumisa” o a los “indignados” en Europa.  La caída de CV en relación a las expectativas que se tenían con base a las encuestas muestra también la otra realidad, así como la aparición de una ultradecrecha con Kast.

Lo cierto es que la polarización que se manifiesta en  el crecimiento de la izquierda más radical medida en el crecimiento de la FA, así como del pinochetismo con Kast, pudiera terminar fortaleciendo el centro y movilizando a esos que se quedaron en casa. Pero quién ganará el 17 de diciembre, está por verse.

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