El problema Venezuela

La crisis venezolana medida en un aumento de la migración tiene preocupado al continente. Pudiera acelerarse aún más con la caída en default y su impacto regional sería tal, que podría ameritar una intervención internacional para restituir la paz y la seguridad en la región. El país más expuesto a la llegada de las oleadas migratorias provenientes de Venezuela, es Colombia.

Por ALFREDO MICHELENA

Cada vez más el efecto sobre el vecindario de la crisis venezolana es motivo de preocupación de  muchos gobiernos.  Esa preocupación ha permitido una cierta unidad continental a fin de promover una salida a algo que comienza a afectarlos por la masiva inmigración de venezolanos.

Migraciones

A comienzos de los años ochenta cuando comenzamos a realizar investigaciones sobre migración, la preocupación era cuántos extranjeros viven en Venezuela y especialmente cuántos colombianos.  Era el momento en que mucha gente del cono sur huyendo de dictaduras militares encontraba refugio en una Venezuela que se había acostumbrado a recibir migrantes, como lo había hecho en los años cincuenta cuando casi un 20% de sus habitantes habían nacido en el extranjero y especialmente en Europa. Pero ese país receptor de inmigrantes se trastoca a país de emigración, cambio que comienza tímidamente a fines del siglo XX, pero se dispara exponencialmente con el chavismo en el poder.

Los datos que nos aportan la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Banco Mundial nos hablan de 606.281 y 655.400 venezolanos que se habían ido del país para 2015.  Según las investigaciones del sociólogo Tomás Páez podemos hablar de unos dos millones. Si bien el destino inicial de los venezolanos eran los EE.UU. y Europa, esto último por las facilidades que les daba tener doble nacionalidad, desde la agudización de la crisis económica con Maduro, la gente ha comenzado a salir por tierra hacia Suramérica principalmente.

Los vecinos

Venezuela realmente tiene un solo vecino en términos de alto intercambio de personas y mercancías por la frontera. Y ese es Colombia, con la cual además nos unen lazos históricos y familiares.  Para los años ochenta y noventa se hablaba de que en Venezuela habría al menos dos millones de colombianos, que representaban cerca de un 10% de la población.  Ellos habían venido por temas de seguridad y mejores condiciones de vida.  Ahora se estima que al menos un millón de venezolanos estaría viviendo en Colombia.  Colombia no es un país acostumbrado a recibir migrantes sino a producirlos. Sin embargo, como reporta el diario El Tiempo: “según un estudio, son 900.000 los venezolanos (incluyendo los de doble nacionalidad) los que han llegado a Colombia en los últimos 20 años”.

El impacto en Brasil es menor. La población importante más cercana a Venezuela, Boa Vista, está 220 km de la frontera. Allí también llegan los venezolanos por tierra.  En el primer semestre del año 2017, casi 8.000 venezolanos pidieron refugio en Brasil, más del doble del año anterior. Dada esa presión, el gobierno carioca aprobó otorgar residencia temporal por dos años a estos venezolanos que ingresan por tierra y les eliminó el costo de este procedimiento.

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Por tierra entran 2.000 venezolanos diarios a Ecuador según reportó la jefa de la Unidad de Control Migratorio de Rumichaca en la frontera con Colombia. Unos 140 mil venezolanos han cruzado este año esa frontera según la Canciller colombiana. De allí muchos siguen a Perú y luego a Chile.

Las FARC

Como vimos, el mayor impacto regional es en Colombia. Del medio millón  de venezolanos que habitan en Colombia solo unos 200.000 están en situación regular según Migración Colombia. Colombia  ha creado la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF), con la cual se puede pasar a ese país sin pasaporte. Solo hasta el 5 de julio pasado, casi medio millón de compatriotas habían sacado esa Tarjeta y la mitad habían cruzado la frontera para comprar “medicinas o alimentos”.

Pero lo que más le preocupa al gobierno del presidente Santos, es que la crisis humanitaria de Venezuela está comprometiendo los acuerdos de paz con las FARC.   El argumento de la Canciller María Ángela Holguín es que “…. en la medida en que a los recursos que tiene el Estado colombiano para responder a los compromisos que se hicieron en el acuerdo (de paz) -en salud, educación, vías, proyectos productivos- se le suma el costo adicional grande de recibir a una cantidad de venezolanos”.

Puede que Colombia esté buscando un apoyo económico de EE.UU., país que aprobó una partida para ayuda humanitaria a Venezuela, ya que esta aseveración la hizo justo después de reunirse la canciller con su homólogo estadounidenses Rex Tillerson. Pero lo cierto es que la preocupación por el efecto de la crisis en Venezuela debe ir más allá.

Peligro en Colombia

La penetración del castrochavismo en Colombia no puede ser considerada un hecho trivial. Y así lo han comprendido muchos importantes políticos que una y otra vez han alertado contra esta posibilidad.

No se trata de las 10 curules que tiene asignada la FARC (o los que pueda ganar en las próximas elecciones, ni siquiera que Timochenko sea candidato presidencial. Se trata de que el afianzamiento del castrochavismo y el narcotráfico en Venezuela pone en peligro la estabilidad política de Colombia. No es nada exagerado lo dicho por la embajadora norteamericana Nikki Haley, cuando en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y más recientemente aplicando la formula Arria,  sentenciaba que Venezuela era un narco-estado violento y una amenaza a la paz y la seguridad en la región y el mundo.

En esta amenaza están la existencia de una retaguardia bien armada de recursos y material bélico de las narcoguerrillas de las FARC y la expansión de la FARC como partido político en Venezuela.

Mientras se mantenga la alianza FARC- régimen chavista, la estabilidad de Colombia estará en peligro y esto puede correr como un efecto dominó en otros países de la región.

Por ahora muchos gobiernos del continente están preocupados por el efecto de la crisis humanitaria en Venezuela y creen que unas elecciones libres y justas acordadas a partir de un diálogo es la mejor solución. Sin embargo, los continuos errores económicos del régimen siguen acelerando esa crisis.  El punto de quiebre pudiera ser el default de una deuda de US$ 160 millardos, para no hablar de mayores sanciones económicas incluyendo petroleras. Si esto sucede las probabilidades de una intervención humanitaria en una acción colectiva internacional no serían despreciables.

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