La formación del idioma catalán

*Se repite a petición de los lectores, el artículo destinado a la revista Zeta por publicarse en Semana Santa, cuando por errores de logística esas páginas sólo pudieron insertarse en la plataforma de El Nuevo País.

Sería bueno que los catalanes, en vez de considerarse ajenos a España, escucharan a sus propios historiadores. Por ejemplo a lo largo de los siglos, los españoles – todos, fuesen castellanos o catalanes -, sabían que su idioma les fue legado por una mezcla del latín con el hablar de los godos y esa  información se mantuvo vigente en España durante siglos.

Inicialmente,  en España se sabía de dónde partieron los godos, cuánto de su cultura e idioma aportaron a España y quiénes eran. Lo encontramos, mezclado con leyendas, pero detallado con hechos, en Yulian del Castillo, quien escribió en Madrid, en el año 1624 : «Nuestros Godos y sus Reyes fueron Godos, o Ostrogodos (sobre que ay diversas opiniones) no ay para q. definirlo aquí: pues según Pedro Mexia en la Silua (Silva) donde trata dellos, no huuo (hubo) ni ay mas diferencia de los unos a los otros, que ser los Ostrogodos mas Orientales en su provincia, y cercanos a los montes Ripheos (los montes Urales) y rio Thanais (el río Don) y la linea que los diuidie (divide) de Asia; como en España son mas Orientales los Catalanes, Aragoneses, y Navarros cercanos a Francia, que los Castellanos, Andaluzes y Portugueses, y todos son Españoles y comúnmente los mas autores, a los unos y  a los otros los llaman Godos y assi los llamare yo…».  (se mantiene la ortografía original).

Yulian del Castillo escribe en 1624 y la ubicación del punto de salida de los godos, próxima a los montes del Ural, coincide con la antigua extensión de los bálticos orientales, los ostrogodos, quienes efectivamente estaban desplegados en el noreste de Europa, hasta la cordillera del Ural que divide Europa de Asia. En esa aseveración, Yulian del Castillo cita, además, al letrado sevillano Pedro del Mejía (1497 -1551), quien escribió los primeros volúmenes de su Silva de Varia Lección en 1540.

Hablando de los hechos, me permito afirmar que la única diferencia entre el hablar de Cataluña y el castellano que se convirtió en el idioma oficial de España, corresponde a dos distintos dialectos godos aportados a España. También lo explicó un antiguo letrado de España, el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, quien vivió en el siglo XIII y agregó a su obra sobre la Historia de los Godos, un opúsculo donde explica que  ostrogodos y visigodos, pese a los períodos en que obedecieron a jefes distintos, eran una sola nación. A la postre, explica Jiménez de Rada, los ostrogodos se ubicaron en Mesia a las orillas del Danubio, mientras que los visigodos se asentaron en Panonia, en las Galias y en España, por lo cual el autor, quien escribía en latin, agrega que ese nombre de «occidentales» les resultó profético:  «unde et quasi prophetice dicti sunt Vesegothi, id est, Occidentales Gothi». Efectivamente, en la lengua original de los godos, «vese» significa crepúsculo y por ende, occidente, mientras que «ostro» es aurora, o sea el oriente.

Siglos antes del obispo, en el año 551, el historiador Jordanes desarrolla esa misma información citando a otro relator anterior a él, un tal Ablabio:  «El historiador Ablabio cuenta, en efecto, que cuando por arriba de las orillas del Ponto (junto al mar Negro), como ya dijimos, en Escitia, ellos vivían asentados, la parte que poseían en la extensión oriental y donde tenían por jefe a Ostrogoda, debido a su nombre o por la ubicación, que es oriental, eran llamados Ostrogodos, los otros ciertamente eran Visigodos, o sea los de la parte occidental».

Los godos que llegaron a Francia y España provenían de una amplia franja de Europa oriental, que los germanos, cuyo hábitat siempre fue en el centro de Europa, nunca pisaron. La milenaria cultura goda, fechada a partir del tercer milenio antes de Cristo, ya había desarrollado hacia la mitad del primer milenio antes de Cristo, dos ramales, el oriental (ostro) y el occidental (vese). Las diferencias entre los diversos  dialectos – el oriental y el occidental del hablar godo –  consistían principalmente en la pronunciación de las vocales a menudo transformadas en diptongos e incluso en triptongos. Eran palabras comunes a todos los godos, pero cada tribu desarrolló una pronunciación distinta de las vocales, usualmente transformándolas en diptongos.

Una labor que todavía mantengo en mi escritorio sin haberla acometido a fondo,  es la asombrosa geografía de los puntos de partida de cada nación goda y su ubicación en España, de acuerdo a los diptongos que cada grupo pronunciaba. Aquella jungla de diptongos que los romanos ya habían eliminado de su idioma y que reapareció con la llegada de los godos, con mucha razón dejó desconcertado al lingüista español Ramón Menéndez Pidal quien recopiló en la España de los siglos IX al XI los diptongos ai, au, uo y ou, oa y oe, ei y ie. De ellos, fue la pronunciación de los galindos – la tribu más numerosas en las naciones bálticas de Europa oriental en aquel momento – quienes instalados en Castilla La Vieja legaron sus diptongos ié y ué (tierra y bueno) al español moderno, a través de la influencia de un rey castellano, como lo fue Alfonso X El Sabio. Los demás diptongos todavía se recuerdan en dialectos de diversas provincias españolas, según las tribus bálticas que en cada región se asentaron.

El caso del idioma catalán posee además una característica adicional, en que «se come» la terminación de las palabras, lo que ubica geográficamente esta característica en los idiomas bálticos de Letonia y una franja del norte de Lituania. La presencia de godos en Cataluña también se caracteriza en que fue el primer lugar en España donde llegaron los godos, casi un medio siglo antes del resto de la invasión goda. Fue en el año 414 que el rey godo Athaulpho llegó a Barcelona, donde posteriormente fue asesinado. Si bien los godos, tras el asesinato de su rey y un convenio que les entregaba el sur de Francia, abandonaron en aquel momento Barcelona, sería interesante saber cuántos de ellos se quedaron tras esta primera entrada a España y quiénes fueron. La hipótesis más aceptable, sería que se quedó o posteriormente se ubicó en Barcelona el grupo godo procedente de los pueblos bálticos del noreste de los extensos territorios bálticos de Europa oriental, que serían tribus cercanas o pertenecientes a los ostrogodos, lo que ayudaría a explicar la formación del idioma catalán.

Hace unos años, el lingüista catalán Joao Corominas (1905-1997) creyó haber encontrado en el idioma catalán palabras de origen báltico. En su tiempo todavía no existía la hipótesis de que los godos no eran germanos sino bálticos y Corominas identificó varias palabras claramente bálticas en el vocabulario catalán sin saber a qué circunstancias históricas atribuirlas. Incluso creó una  teoría de la presencia en esa región  de un antiquísimo idioma prehistórico, sin saber que se trataba de un aporte muy posterior en fecha, traído por los godos en el siglo V.

 Hoy tengo claramente ubicadas las diversas tribus bálticas instaladas en el sur de Francia y España en conglomerados tribales, situación que quedó dispersada con la llegada de los árabes, que fue cuando definitivamente, por los obligados movimientos poblacionales, es que desaparecieron los últimos vestigios del hablar godo en aldeas godas de España.

Quedaron, sin embargo, los modos de pronunciar diversos sonidos, entre ellos la característica del -tion latino transformado en el ción español (rasgo báltico del que hay evidencias desde el siglo VI), las vocales largas convertidas en diptongos, la ausencia de la F al principio de muchas palabras (los godos no tenían en su idioma el sónico F y no podían pronunciarlo, así que transformaron el folia latín en hoja, el fumu en humo, además con la terminación -o del idioma godo). Están también otros rasgos fonéticos fáciles de ubicar por su coincidencia con los idiomas bálticos, como por ej. la voz garbo, que viene del báltico garbé – honra. La secuencia de estos cambios en España es fácil de seguir gracias a la invalorable labor del lingüista español Ramón Menéndez Pidal,  quien anotó cada cambio ocurrido entre los siglos VIII y XII, sin poder explicarlos, porque no existía en su época  la hipótesis de una presencia báltica en España.

En cuanto a Cataluña, si el argumento para separarla de España es su idioma – olvídense de esa falacia. Quizás existan otros argumentos, pero el del idioma cae de su propio peso – el catalán es parte intrínseca del legado godo incrustado en el latín hablado en España.

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